A veces el amor no es una solución mágica, sino un refugio temporal: un lugar donde caer sin tener que explicar por qué estamos rotos. No se trata de que nos salven, sino de que nos sostengan mientras aprendemos a salvarnos. Ese “mientras” puede ser largo, incómodo o incierto, pero tener a alguien que no se vaya en medio del proceso lo cambia todo. Al final, el mayor arreglo siempre viene de dentro… pero el cariño sincero hace que el taller suene menos solo.












