Yásnaya Elena Aguilar Gil
Quisiera comenzar esta presentación con mis propias asociaciones a la palabra humo y a la que ahora se asocia también el presente número de Yagular. Viviendo en un contexto, la sierra norte de Oaxaca, en el que el fogón forma parte fundamental de la vida cotidiana, el olor del humo se impregna en la piel y forma parte de los olores fundamentales de “ser” humano, especialmente de la piel de los seres humanos que nos alimentan, pero también de todos los que en días de lluvias, que son las más del año, tenemos que secar la ropa en el fogón. Después de salir del pueblo, el humo de la piel tarda mucho en desaparecer, pasa mucho tiempo antes de dejar de estar impregnado, antes de dejar de potenciarse con la lluvia. Es ese olor que se percibe cuando un “campesino”, como alguien me dijo despectivamente una vez, sube al transporte público. Es el humo de la leña. A ese tipo de humo es el que inevitablemente asocio la palabra y el presente número de Yagular. Entiendo que existen casi tantos tipos de humo como material flamable orgánico, casi todo puede expedir humo, casi todo deprende un olor a humo al quemarse.
En este número, se desprende humo de diversos textos.
Encontramos, como es de esperarse, una serie de textos que echan humo de diferentes materias, como el texto de Nadia Cortés que habla de una escritura y lectura incendiaria, que al final aguarda la ceniza.
Juan Pablo Anaya visita de nuevo Fahrenheit 451 para hablar de los libros que se queman y proponer que al final se plantea una utopía posible entre tanta distopía. Uno de los planteamientos más interesantes radica en que Anaya plantea que en este libro Bradbury retoma el mito de la vida en frontera pues los que quedan al margen, los que son víctimas de la distopía de este libro de trama conocida pueden recrear una vida en común, fuera de. El texto de Anaya pone al descubierto una utopía final que casi siempre pasa desapercibida y es el humo que desprende este ensayo que invito a leer, antes de que comienze la fogata de libros.
En otro texto, Roberto Cruz Arzábal presenta un ensayo sobre el libro Humo de la poeta Uruguaya Marosa de Giorgio, Cruz Arzábal sostiene que la “liviandad del humo sostiene los límites de la narración” en el que una niña que vive en provincia y que no repara en lo extraño de las apariciones que habitan su mundo.
Un texto protagónico dentro de este número de Yagular es del de Georges Lamark que habla de la obra fotográfica de su padre Jean Lamark. Mediante la traducción de Giorgio Lavezzaro, el autor del texto nos habla de los intentos que hizo para publicar su texto ante el descontento de su padre que estaba convencido de que, como el humo, una vez que se disipa, no debería quedar rastros de su obra. Un texto obligado que nos acerca y al mismo tiempo disipa algunas de las dificultades para enfrentarse a la siempre velada obra de Lamark.
En otro hilo de humo, Jezreel Salazar nos habla sobre el diario del cuentista latinoamericano Julio Ramón Ribeyro que se describe a sí mismo como alguien de “voluntad enferma” que le impide aprovechar las múltiples ocasiones de triunfo que le ofrece la vida. Salazar plantea de inicio el eterno dilema de los escritores: vivir la escritura como placer o como padecimiento y explora ambas en los diarios de Ribeyro. Esa doble cara de cuya interacción surge la creación del escritor por un lado y por el otro de los cigarrillos que Ribeyro fuma, el humo asociado a la creación. Salazar concluye: “Si el diario otorga a Ribeyro la salida a sus dilemas existenciales, el cigarro le ofrece una solución a su dificultad de escribir”. A continuación presenta una selección de las entradas del diario en el que los cigarrillos y el humo son tema principal.
En “Poesía, subversión y mercado”, Mónica Nepote explora la escritura como resistencia y presenta a Franco Berardi, mejor conocido como Bifo y su libro más reciente Uprising. On poetry and Finance que desde el título anticipa sus planteamientos y desmenuza las distintas maneras en las que el lengua y la creación poética, pueden, aún en estos días, ser revolucionarios.
Antonio Calera-Grobet aborda desde oraciones cortas, como tercios de leña, reflexiones en torno al humo, muchas posibles maneras de aspirarlo. Una enumeración, creación y recreación imperdible en este número de Yagular. A manera de invitación cito dos: “Humo: tirabuzón negro de la muerte” “Los humos se alimentan de los ojos de los cocineros”
Además de estos textos, podemos encontrar en este número una lista de cosas sospechosas que invita a hacer la propia, un poema que dibuja a una madre naturaleza que prefiere prefiere ser un cyborg, cuestionamientos sobre lo que significa ser humano (¿la hija de Madonna es humana?) y un intercambio epistolar entre Rodrigo Flores y Dolores Dorantes en el que el tiempo se mide en nacimientos
Casi al final podemos encontrar también la charla que Saúl Hernádez Vargas establece con Eugenio Tisselli sobre el proyecto Los ojos de la milpa: la creación de una memoria colectiva sobre la siembra en Tlahuitoltepec Mixe mediante el uso y la apropiación que hacen los campesinos con teléfonos celulares .
Agradezco a Yagular la invitación a presentar este número pues obliga al deleite (enfatizando la contradicción que eso implica): una lectura atenta de los textos. Agradezco también el hecho de que los editores elijan UN tema al que llegar desde diversos caminos pues crean en el lector nuevos sugerencias, conexiones novedosas entre ideas y que al realizarse, lo confieso, dan placer mental.
¿Qué es lo mejor que se puede hacer con este número de Yagular? Leerlo, anotarlo, leerlo de nuevo, brincar sobre las palabras y despues, obligadamente, quemarlo. Observar el humo que hacen sus palabras hechas imágenes, quememos este número de Yagular, convirtámoslo en lo que dicta su encabezado: veremos a qué huelen tantas ideas alrededor del humo echando humo. Y que el olor se impregne en la piel y en la memoria. Eso haría yo de estar aquí con ustedes ahora mismo. Exijo mis cerillos.
Texto leído el 5 de junio de 2014 durante la presentación de Yagular en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (Oaxaca, México).