“No le pedimos al clima que cambie, nos adaptamos a él”. Lo mismo sucede con el dolor, no queda más que adaptarse, saber que será temporal; comprender que como el clima cambia de manera tan repentina, los sentimientos y emociones también. No queda más que adaptarse y esperar que pase la tormenta qué hay en nuestro interior. O bien, aprender a estar bajo la lluvia sin necesidad de un paraguas.
Misteriosa como el mar.



















