La estación orbital del Cinturón Vanallyn nunca dormía. Giraba lentamente alrededor de una estrella moribunda, bañada en una luz rojiza que convertía todo en sombras largas y sospechosas. Era el tipo de lugar donde los acuerdos se sellaban con sangre y los nombres importaban menos que la reputación. Y si había un nombre que se susurraba con una mezcla de respeto y miedo, era el de Kayla Drageni. Aunque casi nadie la llamaba así. Para la mayoría, era simplemente “la Fiera”...
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