SALSA BECHAMEL
Hola peregrinos sibaritas, bienvenidos a una nota más de su servilleta.
Esperando que todos sigan a salvo siguiendo las recomendaciones de nuestros flamantes gobernantes y esperando no os este afectando la economía esta situación actual.
Vengo a compartirles una receta super fácil, que jamás de los jamases volverán a fracasar en el intento de elaborar.
Estamos hablando por su puestaa de la salsa bechamel, besciamella (en italiano), besamel, besamela o salsa blanca. Esta es considerada una de las tres salsas madres de la gastronomía moderna.
Esta salsa afirman que nació en Florencia, Italia. Y después fue llevada a Francia debido al rey Kike dos, (Enrique II, pa los compas)
Por otro lado la receta se le atribuye a un tio francés de nombre Louis de Béchameil.
Lo que es cierto, pese a su gran pasado, esta receta se compone de dos partes. Leche y un Roux Blanco. (Ay weeeey)
Este segundo no es más que harina sofrita en grasa. Normalmente mantequilla o margarina. Hay tres tipos de roux; blanco, rubio y oscuro. Esto al igual que el caramelo es al tueste de la harina y el roux.
La salsa bechamel es una de las más deliciosas salsas que podemos utilizar en la cocina. Unas exquisitas croquetas, los canelones, la lasaña o las espinacas a la crema cuentan con esta salsa como uno de sus ingredientes básicos. Hoy voy a enseñaros a hacer salsa bechamel con la receta definitiva para que siempre te quede perfecta, sedosa y por supuesto sin un solo grumo, mis peregrinos.
¡Comenzamos!
Es mucho más sencillo de lo que parece, y siguiendo mis instrucciones, siempre te va a salir estupenda.
Para 6 personas
Mantequilla
50 g
Harina de trigo
50 g
Leche entera
600 ml
Sal al gusto
Nuez moscada molida una cucharadita.
Para hacer salsa bechamel, comenzamos poniendo una sartén al fuego y añadiendo 50 g de mantequilla. En cuanto se funde, agregamos la misma cantidad de harina y removemos formando un roux o una pasta. Si vamos a querer una bechamel más fina o más espesa, podemos alterar un poco esta proporción, aunque yo suelo mantenerla siempre, y con lo que juego es con la cantidad de leche y con el tiempo de cocción / evaporación.
Una vez bien mezclada la harina y la mantequilla, vamos agregando la leche sin dejar de remover. Es el momento de cambiar la cuchara de palo por las varillas y así evitaremos que se nos formen grumos. Clave: ir añadiendo la leche poco a poco, para que no haya cambios de temperatura.
Puedes conseguir mejores resultados si tienes la leche muy caliente en un cazo y vas agregando cacito a cacito, sin añadir más leche hasta que la anterior ha sido absorbida por la masa. Y eso sí, siempre removiendo sin parar, haciendo movientos circulares o dibujando ochos en la sartén, para que la salsa bechamel siempre esté en movimiento. Remuevan tíos, pongan a adelgazar esos brazos pozoleros.
Cuando hayas agregado toda la leche, es el momento de probar y añadir sal y el clásico toque de nuez moscada, tan característico de la bechamel. Si quieres una bechamel más espesa, dedica más tiempo y deja que el líquido se vaya evaporando poco a poco mientras la sartén se llena de burbujas.
Si en la bechamel salen grumos, esto suele suceder al principio del proceso y si con las varillas no los consigues disolver en la leche, puedes recurrir a la batidora y después retornar la salsa ya triturada a la sartén. Trata de que no en el estudio esto es considerado un crimen que se paga reprobando y cárcel.
Está listo pa para usarla en unos chilitos. Agregando algo de color o sabor en la leche. En una lasagna, unos pollos fritos en pan molido. Su imaginación es su limite.
Os espero que disfruten y aprendan esta técnica y receta ancestral.
No se olviden de dar like y compartir.
Hasta la próxima peregrinos.
















