Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality✓ Free Actions
Free to watch • No registration required • HD streaming
Could swear that we've been here before
'Cause in your arms I feel so sure
As if you knew me well
Must have been a reason for this feeling 'cause it rings a bell
Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality✓ Free Actions
Free to watch • No registration required • HD streaming
Levanta la cabeza de golpe al notar como la puerta corredera se abre. Se relaja de inmediato al ver uno de los pocos rostros que de verdad agradece tener en su presencia.
Nana obedece a su abuela en silencio, quedando una vez más frente al espejo. La mujer toma un cepillo de la bandeja que se extiende frente a ellas y comienza a peinar con cuidado pero con pulso firme la larga melena de su nieta. Durante un rato ninguna de las dos dice nada; sólo se oye el barullo del servicio trabajando a pleno ritmo en la lejanÃa y algunos pájaros en el patio.
La mujer deja un beso en la mejilla de la joven y abandona la habitación. Nana la observa marcharse, pensando que ojalá se quedase junto a ella para guiarla, ahora y durante el resto de su vida. Se pone en pie lentamente, avanzando hasta el exterior que da al patio. Se detiene junto a la figura que espera a la vuelta del pasillo, sin mostrar sorpresa alguna.
Con la risa cantarina de Nana todavÃa resonando por el patio, Ren se encamina en dirección contraria. Dos puertas más allá, el cuarto que comparte con su hermano lo espera. Al susodicho lo encuentra, a pesar de estar vestido y arreglado, completamente tirado sobre el futón con la mirada clavada en el techo.
Ignorando lo mucho que le parte el corazón oÃr eso, Ren lo acompaña lo más sigilosamente posible al cuarto de baño. Allà lo ayuda a lavarse la cara y arreglarse de nuevo, hasta que apenas queda rastro de su tambaleo y la rojez de sus ojos. No es la primera vez; Ren estaba preparado. Puede notar que Eiji aún sigue algo adormilado, pero es lo mejor que va a conseguir en tan poco tiempo.
—Eiji, escúchame. Es el cumpleaños de Nana. Tenemos que irnos, ya.
—¿Nana? ¿Dónde está Nana? —la palabra consigue hacerlo reaccionar, moviendo la cabeza de un lado a otro, buscando por el cuarto vacÃo.
—Ahora la vemos. Pero primero tenemos que ir al salón, ¿vale?
—Vale —responde Eiji en un hilo de voz—. Pero ven conmigo, Ren. No te separes.
—No me separo. Estoy aquà —dice, dispuesto a encaminarse de una vez al salón. Se lo impide su hermano una vez más cuando las lágrimas comienzan a desbordarse en sus ojos y lo abraza sin previo aviso.
Sosteniendo el cuerpo tembloroso de Eiji, Ren se plantea durante un segundo el pedirle ayuda a la única persona de toda la casa que se la prestarÃa sin pedir nada a cambio, o sin juzgarlo. Lo descarta rápidamente. No está tan desesperado como para pedir la ayuda de Nana Ayanami.
Hace ya varias horas que el sol ha caÃdo al oeste de la finca Ayanami. Las pagodas y estructuras que la conforman parecen aislarla del resto de casas casi más que el impresionante muro que la limita. Algunas personas todavÃa caminan entre las callejuelas, todas ellas a paso veloz para ahuyentar el frÃo. El cielo parece súbitamente vacÃo tras el espectáculo de color de los fuegos artificiales, ahora terminado. La mayorÃa duermen ya o se dirigen a ello: el personal de la familia, sus invitados, e incluso sus lÃderes.
En uno de los edificios más alejados de la pagoda principal, seis puntos de luz son visibles sólo para ojos expertos. Ojos que, por suerte, ya están descansando. Pisando descalzos sobre el suelo de madera, sin imitir el más mÃnimo sonido, la rama más joven de la familia Ayanami se reúne en el interior del monumento. Con un suave giro de muñeca y las palabras adecuadas, Akira enciende unas velas que pronto levitan por la habitación: la luz los obliga a mirarse los unos a los otros. Mei y Nana son las únicas que sonrÃen.
Mei toma la iniciativa y se sienta en el centro de la habitación, con cuidado de plegar el kimono con sus rodillas antes de juntar las piernas contra el tatami. La confección de su vestido es toda una obra de arte: las telas de seda pintadas a mano exclusivamente para ella evocan a los cerezos en flor y combinan a la perfección con los accesorios blancos y rosados que tintinean en su cabeza.
—Yo creo que es buena idea —Mei puede sentir la mirada de odio de Akira sobre ella, como cada vez que abre la boca—. DeberÃamos honrar a nuestros antepasados por el año nuevo.
—Por fin algo que suena lógico —Takumi sigue el liderazgo de Mei y se sienta junto a ella. Nana los observa detenidamente por unos instantes, antes de despegar los labios para mostrarse categórica.
—Sois un aburrimiento.
La conversación cesa de golpe cuando Ren avanza hasta ellos, con paso tranquilo. Se celebra un nuevo festival de miradas incómodas al que sólo Nana parece ser inmune; su sonrisa sigue intacta. Parece considerar la idea de decir algo, pero finalmente Ren se dirige únicamente a su hermano.