Me tiré la noche mirando la bóveda celeste, el cielo totalmente estrellado, viendo estrellas fugaces, las nebulosas, mis ojos fundiéndose con la inmensidad del cosmos… la oscuridad es tan perfecta y la Vía Láctea es un gigantesco río de luz, polvo cósmico y estrellas flotando en la nada… en el todo… hay algo más mágico que poder mirar así a la noche a la cara? Observando la luz del pasado, miles de años viajando por el espacio
Y entonces llega la aurora, dando paso al amanecer…
Después de haber transitado la hora más oscura, en esta noche tan luminosa sin luna, de haber mirado al infinito de frente y haber procesado el pasado, la aurora representa un renacimiento… ama nacer una y otra vez, una y otra vez
Cuando navego siempre es un viaje profundo, tanto marino como interno. El mar me sirve de alquimia…
Cuando te muestras te conviertes en un espejo para el mundo, y entonces pueden ver sus propias realidades a través de mí. Es toda una experiencia encontrar el lugar psicológico de las diferentes miradas por la forma en la que uno se muestra.
El interior del barco se convierte en una casita flotante sobre el mar… la zona del dormitorio donde vivo con intensidad sueños profundos, la cocina y el comedor, lugar de reuniones, confidencias y risas, la oficina y el panel de control, y el baño, donde puedo mírame a los ojos y ver el reflejo de lo que observo allá fuera…
Esta alegría interna que siento al conectar conmigo es la que me devuelve la fuerza para seguir adelante. Navegar me enciende el alma y me recuerda que mi motor es mi propia superación de tantos momentos y mi capacidad de quedarme con el agradecimiento independientemente de todo aquello que haya tenido que pasar.














