La presunción de inocencia es un hilo tan fino que puede romperse con el susurro de una mentira infantil, dejando al individuo completamente desnudo ante una comunidad que, en su afán por proteger su propia pureza y la de sus hijos, prefiere sacrificar a un justo antes que cuestionar su propia capacidad de juzgar; es, en última instancia, un recordatorio perturbador de que el perdón social no existe, pues incluso cuando la verdad sale a la luz, el estigma permanece como una cicatriz invisible, demostrando que en el juicio de la opinión pública, una sospecha es suficiente para desterrar a un hombre para siempre de la calidez del hogar y la confianza del prójimo."










