«De esta manera, la pregunta: ¿por qué la ciencia? retrotrae al problema moral: ¿para qué, en general, la moral, si la vida, la naturaleza, la historia son “inmorales”? No hay duda, el que es veraz, en aquel audaz y ultimo sentido, tal como lo da por supuesto la creencia en la ciencia, afirma con ello otro mundo que el de la vida, de la naturaleza y de la historia; y en la medida en que el afirma este “otro mundo”, ¿cómo?, ¿no tiene que —negar, precisamente por eso, su contrapartida, este mundo, nuestro mundo?... En efecto, ya se habrá comprendido hacia donde quiero ir, es decir, que continua siendo una creencia metafísica aquella sobre la que reposa nuestra creencia en la ciencia —que también nosotros los que conocemos, hoy en día, nosotros ateos y antimetafísicos, aun tomamos nuestro fuego también de aquel incendio encendido por una creencia de milenios, aquella fe de Cristo, que era también la creencia de Platón, de que Dios es la verdad, de que la verdad es divina... ¿Pero que sucedería si precisamente esto se volviese cada vez más increíble, si ya nada más se mostrase como divino, a menos que lo sea el error, la ceguera, la mentira —si Dios mismo se mostrase como nuestra más larga mentira?»
Friedrich Nietzsche: La ciencia jovial. Monte Ávila Editores, pág. 206. Caracas, 1985
TGO
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