«Los hombres se han emancipado, pero del individuo depende demasiado poco para que las palabras que él habla, en cuanto esta persona singular determinada, puedan valerle para expresarse: sirven como instrumento, contraseña, arma. El nivel -tan frecuentemente debatido- de la industria del tiempo libre no caracteriza la situación: es discutible si una película detectivesca o Rigoletto, en la pantalla de la televisión, ejercen un efecto beneficioso, y es de temer que pronto se requieran estimulantes más fuertes; lo que la caracteriza es el mutismo de los individuos singulares.»
Max Horkheimer: «La filosofía como crítica de la cultura», en La función de las ideologías. Taurus Ediciones, pág. 50. Madrid, 1966.
TGO
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