Espero que a mi historia le alcance tan solo un cartucho o de lo contrario, nunca podría concluir el cometido de este escrito. Si hay algo de lo que puedo estar segura, es que estos enraizados rieles estacionando en la misma afluente que son los acontecimientos, han hecho hoy de mí un cuerpo exánime culpable de su propio asedio.
El portón del garage está chistando, lo que significa que son las ocho de la mañana. Ya el sol ha segregado su bilis por todos los pasajes y entubados urbanísticos de cemento, lo cual vuelve aún más insoportable mi existir.
Hace varios días que me encuentro algo extraña. Me repugna como si fueran cucarachas esta estirpe gemebunda que ríe sin motivo y anda por andar. Admito que antes no me pasaba.
Por el contrario, adoraba el sol como a un vetusto tótem, buscaba los haces y las diversiones genuina de la vida. Pero hoy, una especie al parecer en extinción, se ha apoderado de mí y me extralimita a verbalizar lo que incumbe en mi sótano, un lugar en el que todos somos sombras y en el que nos hechizamos del mismo cometido insustancial que segrega la vida en su más íntimo y vulnerable canto. Un lugar mata salvaje, negruzca y desgreñada como la angustia misma que, ni siquiera una vela encendida la podrá templar.
Una guarida que había sido desarrollada hace algún tiempo atrás por mí, otro yo rodeada de experiencias por hacer y debo decir además, metida en un magnetismo atípico que me ha dotado de un furioso y elaborado escepticismo, con el cual durante años escribí sin saber a dónde quería llegar. He podido ver en la oscuridad haciendo ESTO, he visto en la oscuridad haciéndolo y desgarrándome, manchaba hojas blancas con mi sangre. He llorado sabiéndome no viva. Y sin embargo, otra vez y siempre, despertaba en una oscura habitación en el abismo entre vivos y muertos, un ángel de alas cansadas ya pasado o un demonio que ebulle la vacuidad del propio mundo. Y es cierto, éstos dualícos símbolos de la mediocridad humana, no me habían llamado la atención antes nunca. Luego comprendí que son tan solo siluetas filosóficas de lo que queremos o no ser. Vivimos como con esa opción.
Pero la historia parece cambiar cuando se es consciente. Quiero decir, cuando una entiende que está allí, ocurriendo debajo de su piel, mimetizada con sus huesos y su rostro, enganchada al corazón como a una cápsula de agua en un apocalíptico desierto. Algo crece como cigoto silente. Algo araña desde el útero. Una yo azarosa queriendo rugir desde las catacumbas. Una momia de pronto animada que ha esperado 5000 años para poder decir.
Ya los pájaros han salido a fisgonear la mañana, tristes migajas de realidad les esperan. Y así también a los humanos, despiertan para sucumbir en comercios y oficinas y no distinguen los ríos de mis venas, porque son igual de profundos y fríos. Y sin saberlo, ellos se bañan en mí y yo los controlo en mi desvelo y yo los enveneno cada noche para que puedan soportar que han perdido para siempre la batalla.
Soy todas las poetas suicidas y las descuartizadas y acuchilladas por decir un no y durante mil noches, que son también mil días, despierto aterrada de mis pesadillas con miedo a olvidar quién realmente soy y qué es lo que vengo a hacer aquí.