Como olvidar cuando lo vio la primera vez, lo recuerda pero ese recuerdo parece un sueño. Un chico menor, jugando fútbol, se veía más lejano de lo que realmente estaba. El destino los volvió a juntar, sin darse cuenta, cruzaron miradas, intercambiaron sonrisas, no parecía nada especial, solo era casualidad. Parecía haberse fijado en el chico equivocado, no, el mayor no es, estoy segura que es el menor, susurre, pero no fui escuchada. Los celos lo invadían y ella no lo podía notar por que su mirada estaba puesta en alguien más. Al poco tiempo, ese gusto pasó, su vida continuó. Su corazón rompieron, aplastaron, su mundo se vino abajo, no sabia quien era, ni a donde quería ir, no sabia lo que había pasado pero le hicieron creer que en el amor había fallado, que no valía la pena, le llamaban “la hombreriega”, sin darse cuenta se lo creyó y destrozada quedó. El chico menor, su oportunidad no desaprovechó y a ella se le declaró, pero una respuesta no recibió, ella pensó que jugando estaba y que en verdad no le interesaba. Encontró a alguien más y al chico menor, lo dejó a la deriva, la tristeza y la desilusión lo invadió, de ella no quería saber más. A ella, el corazón le volvieron a romper, destrozada junto sus pedazos y los remendó, esta vez, nadie más podría dañarla, se reconoció y prometió cuidarse sin importar lo que pasara, al final de todo, cuando ellos se iban, lo único que le quedaba, era ella misma. Más fuerte, más bella, más confiada... alzó la mirada y lo vio, era el chico menor, al verlo su corazón saltó, no entendía porque, al estar con él, los nervios la invadían no sabia que hacer, una semana le tomo pensar lo que quería, acomodar sus emociones y saber, que lo único que quería, era tenerlo a él, había estado tan ciega, no había visto que la persona que la haría feliz siempre había estado allí. Intento acercarse a él y aunque la indiferencia sintió ella no se rindió. El día más feliz fue cuando el se le declaró, cuando le dijo que era su todo, cuando le mencionó que su felicidad era ella. Los colores parecían pintar los días de la hermosa pareja, hasta que el cielo se torno de un gris muy oscuro, comenzó a llover y aunque intentaron cubrirse de la lluvia, el no quiso compartir su paraguas con ella, se alejó, sin importarle que después de la tormenta, salia el sol. Como si ella no valiera nada, como si nunca la hubiese querido de verdad, todas las palabras y acciones la tormenta se las llevó, no quedó nada, ni una pisca de amor. Una vez más, le rompieron el corazón.