Ella llevaba la poesía enraizada
Aunque no se reconocería a si misma por la mañana
Ella podía volver loco al escritor más fanfarrón y cuerdo
No sé quién es, ya no la conozco
No sabe quién soy, ni yo me reconozco
Ya no espero ansioso por la calidez de entre sus pechos.
Ahora estrecho extrañas manos cada nueva luna
Me preguntó si es que a caso lo sabrá
Ella era como caminar bajo la lluvia con el alma inundada de tristeza
Se sentía bien estar entre sus esbeltas espinas
Tan bella frágil y peligrosa cómo lo es una rosa
Ella no era magia, era poesía; sin temor a idealizarla
Ella llevaba la poesía enraizada,
Aunque no la reconocería por la mañana
Ella era lluvia, era mi amor, era mi dama.
No la reconocería si la encontrará mañana.
La tuve entre mis brazos no sé cuántas lunas
La queme entre mis llamas y ahora no llama más.
Pero ojalá lo reconozca, ojalá se de cuenta algún día.
Que se mire al espejo y lo noté sin dramas
Ella lleva la poesía enraizada en cada lunar,
En cada sonrisa, en ese par de clavículas
Ella era poesía y yo disfrutaba entre sus brazos, y piernas
Y ella entre mis brazas y llamas
Perdido en su lluvia, perdido en sus pupilas.
Ella tenía la poesía enraizada, la tenía en ese par de ojos; en esa dulce mirada.
-Germán Miranda















