Salté y estaba alta la marea; sabÃas que se acercaba una tormenta y no me alertaste. Nadé en contra de todas las adversidades que acontecieron hasta perderme por completo. Estuve solo, en lugares muy sombrÃos llenos de tinieblas hasta que un dÃa sin querer encontré razones para seguir con esto; sin querer cree mis propios amaneceres y atardeceres en consecuencia un dÃa me sentà feliz conmigo mismo, con lo que soy, con lo que tengo para dar, aprendà que podemos encontrar calma en las tormentas y tormentas en calma y que hace falta muy poco para encontrar alguito de eso a lo que le llamamos felicidad.

















