Otra vez caigo en el trance intuitivo como una mujer común. Una vieja pesadilla quiere hablarme. Tiene sobre mí pretensiones monárquicas. Aprovecha cada oportunidad para amplificar el sonido de mi desposesión. Pero esta vez cuido mi casa con uñas y dientes, me entrego a un nuevo ángulo sobre la misma ciudad con la fe de las alimañas. No soy la única.
¿Quién es ese que osa venir a nuestros aposentos a decirnos que no fuimos suficientes? ¿O que fuimos demasiado? Nadie nuevo. Pero la ventaja es que también nosotras dejamos de ser la novedad sobre la tierra. Al menos yo, que ya no soy joven o no quiero serlo. No quiero que haya ya dádivas que negarme. Puedo dormir sin un abrazo. Tengo sobre la piel una colección de tela que me ciñe pero me protege. Y una vieja amiga para las horas de vigilia total.
Me toco para no decir que estos no son mis pensamientos. Me toco para que no me toques vos. Una damsel en pleno decay, yo que era damaged goods porque de chica me explicaron que traicionarme era demasiado irresistible. Me toco igual. Y si un dron me mira desde el techo, que sea innegable que sigo teniendo lo mío.
He decidido clasificar mi dolor para que crezca un ritmo nuevo, más bailable que su primer impacto. Si desde arriba se nos quiere imponer una cartografía que borra el rastro de nuestro territorio intuitivo ancestral, bailaremos alrededor de los detectores de metales.
Las mujeres de mi pueblo saben arar territorios en otra dirección. Hablan sin permiso. Hacen artesanías para confesar los secretos. Son locutoras sin título, carroceras contra los agrotóxicos por pura vivencia, socorristas de amistad y compasión, bailarinas de samba. Gordas, faroleras o noctámbulas. Tocan los tambores en batucadas disidentes. Crían perros intrépidos. Son campeonas de tenis.
Bailemos fuera de la lógica mortal kombat de la psicología de feed. Narcisista. BPD. Síndrome de buena hija. Tipos de apego. Déficit de atención. Hokusai y lo demás. Bailemos en todas las direcciones. No te dejes simplificar. En lo sistemático no hay personalidad. Y antes de preguntarle a Reddit qué pasa sí, you tell me. Bailá. Y que pase lo que quieras que pase.
Nos quieren nombrar para vernos venir, ¿a quién le sirve que pensemos que el territorio es un rastro? ¿Que el mapa es tan solo la simulación inevitable de la tos? Le digo a mi gato que sabe perfectamente que son las siete, que se calle, que a veces es importante cerrar un poco el orto. Que no es necesario que sea todas las veces, y esto se lo aclaro para que no venga con contra argumentos sobre mi despotismo. Por suerte me comprende y maúlla de nuevo a las ocho. Es una noche fría y en nuestra casa pequeña tenemos las mejores intenciones. Queremos ser un sueño suave y salvaje. Como el velorio del indio.
La misa ricotera, el presentimiento en el aire de recuperación de un trayecto. El sonido de un órgano perdido, un tránsito de la mirada que vuelve a llenarte los ojos y que puede hacerte de nuevo. Esto no lo dije yo, lo dijo un ricotero. "El indio me cambió la vida, me hizo todo de nuevo". Y yo, que dije que no podría, que la espalda sería esta vez memoriosa por demás, me vuelvo a sentir tiernamente esperanzada.


















