LI
Mis miedos y yo; nos sentÃamos a salvo. Te los confesé a todos, no me deje ninguno guardado, te hable de la oscuridad, de las puertas abiertas, de los laberintos, de las tazas y de las ventanas. Te conté lo mucho que me daba miedo el agua; y en más de una ocasión me obligaste a nadar para ahogarme, tragar en cantidad, y luego salvarme.
Reanimaste mi corazón en más de una oportunidad, conocÃas cada uno de mis puntos de debilidad, y no te importo perforarme en cada uno de ellos.









