(...) Por más que irascible te presentes, ello sólo es debido a nuestra ignorancia; tu voluntad siempre es clemente, el mal que muestras es bien inestimable. Perdóname, Señor, si de algo te culpé, pues me confieso ser el único culpable; con ojos humanos juzgué tus hechos: ¡quieras darle luz a la vista del alma! Mi voluntad a la tuya es contraria, y enemigo tuyo soy queriendo ser amigo. ¡Ayúdame, Señor, pues me ves en tal aprieto! Me desespero si mis méritos mides; me enoja el que mi vida se prolongue, y mucho dudo de que tenga término; en dolor vivo, pues mi deseo no es firme, y alterado en mí está el equilibrio.
Canto espiritual | Ausiàs March

















