CONFIESO QUE ASI HE LLEGADO A SER EN MI ANCIANIDAD:
Veo todo el tiempo a los otros como mis Maestros. Cada ser me aporta una lección, pues con sus cualidades me muestra lo que se debe hacer y con sus defectos me enseña lo que no se debe hacer.
Cuando me encuentro frente a un prisionero de su EGO, vampiro de energía obsesionado en someter a su capricho a los demás, pienso que es un tirano útil porque me da la oportunidad de luchar contra mis reacciones de antipatía y vencerlas. Aprender a amar a los enemigos, aunque éstos nunca me correspondan, es el mejor ejercicio para mi corazón.
No vivo en un tiempo que la gran mayoría llama «normal». Aceptando que pronto me sumergirá en la muerte, veo al tiempo función de la eternidad. Comparados con la unidad infinita, mis problemas personales dejan de amargarlme. Son sólo obstáculos momentáneos, dificultades soportables, no forman parte de mi Ser Esencial.
Si tengo deudas, injustas o merecidas, las pago como puedo, sin perder la calma. Creo que todo sucede en una escala más vasta que la que percibe mi Yo personal.











