Es un sueño a medias este que nos alimenta, que nos mantiene unidos.
Papittafritta
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Es un sueño a medias este que nos alimenta, que nos mantiene unidos.
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“Sus pinturas retrataban un profundo dolor, como pétalos de rebelión entre el cuerpo y el alma.”
Te busco en lugares en los que sé que nunca caminarías. Quizás eso es esperanza.
— Anevoir
La distancia parece un chiste, cuando dos corazones de verdad se atraen.
Nostalgic_boy🍷
¿Qué se hace con el dolor?
¿Qué se hace con el dolor cuando ya no lloras? Cuando piensas en ello y ya no te da rabia, cuando ya te deja dormir por las noches, ¿a dónde va ese dolor?
Creo firmemente que el dolor se convierte en decepción, y la decepción, en desapego.
Solía creer que era una persona que perdonaba muy fácil, pero, francamente, nunca he perdonado a nadie, y nunca lo haré. No he perdonado a ningún ex, a ningún amigo, a ningún padre o familiar, ni a ningún conocido que especule cosas sobre mí. Mi odio siempre ha sido más grande que mi amor.
¿Por qué llegué a creer que el perdón es mejor que el rencor? Yo no soy Jesús. No tengo que perdonar a nadie. Tampoco tengo que poner la otra mejilla.
Cuando era una niña de 12 años tenía más respeto por mi misma y mis principios que ahora que tengo 28.
Había un grupo de niños que solía gritarme “emo”, entre otros insultos, cuando pasaba de la tienda a mi casa. No me dolía que me llamaran así; no me avergonzaban mi individualidad ni mis gustos. Me molestaba que creyeran que podían dirigirme la palabra desde la distancia y la seguridad que les brindaba estar del otro lado de la calle.
Siempre evitaba la confrontación. Caminaba por mi vereda, evitando la de ellos, que siempre estaba llena de niños idiotas que no me conocían, pero creían que tenían derecho a llamarme nombres.
Un día me prometí que, si volvían a molestarme al pasar, les rompería la piscina en la que se estaban bañando. Lo hicieron. De regreso de la tienda, compré una navaja y les corté la piscina.
Sus padres fueron a mi casa y hablaron con mi mamá. Lo obligaron a disculparse y me hicieron estrecharle la mano. Nunca más volvieron a molestarme ni a dirigirme la palabra.
Entonces… ¿por qué he decidido callar mi dolor? Nadie me dijo que debía hacerlo. Nadie me dijo que era lo más maduro o lo más sabio.
No es justo.
Hoy quiero volver a romper la piscina. Quiero dejar que el rencor vuelva a hacerme más valiente, más grosera, más segura.
Mi sufrimiento no debería ser silenciado ni disfrutado por otros desde la comodidad de sus veredas. Y a quienes leen, que sepan: nunca he sentido miedo de cruzar la calle y sacar una navaja para recuperar mi respeto.

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El que no cambia por amor es porque nunca ha amado...♡☠ზ
CARTA DE UNA LECTORA
Tenía treinta años, un corazón hecho trizas y una maleta llena de excusas para no irme. Pero una noche, entre insomnio y llanto, leí Instructivo para irse. No fue un libro: fue una sacudida. Me recordó que irse no siempre es huir, a veces es regresar a ti.
Un mes después, estaba en Francia, con una mochila más liviana que mi culpa, y los pies listos para el Camino de Santiago. No iba buscando nada, o eso decía. Pero en el fondo, anhelaba que el viento me despeinara las ideas y que la tierra me enseñara a pisar sin miedo.
Los primeros días dolieron. Me dolían los hombros, las rodillas y el silencio. Pero luego pasó algo raro: empecé a mirar. A mirar de verdad. El sonido del agua en las fuentes, los acentos mezclados en los albergues, los pies ampollados que no dejaban de avanzar. Yo, que venía rota, empecé a ver belleza en lo simple. Y ahí se encendió algo.
Un día, en un bosque cerca de O Cebreiro, me senté a escribir. Salió un poema. Después, dibujé a una peregrina que parecía yo, pero feliz. Desde entonces, cada etapa fue una página más de un diario que no planeé. No sabía que tenía dentro esa necesidad de nombrar lo que sentía. Ahora lo sé: hay cosas que solo se dicen caminando.
Lo de mi ex ya no dolía igual. Ya no era una herida abierta, era un lugar por el que había pasado. Lo perdoné, me perdoné. Y seguí caminando. Caminé por las decisiones que no tomé, por las veces que me apagué por amor. Caminé para volver a prenderme.
Hoy, en mi departamento lleno de plantas y luz, estoy armando un libro. No sé si será bueno, pero será mío. Llevará poemas, dibujos, mapas torcidos y frases que se me pegaron en el camino. Se llamará Cosas que aprendí con ampollas. Y será mi forma de decirle al mundo que a veces hay que irse muy lejos para encontrarte tan cerca.
La vida, esa que creía que me había dado la espalda, me guiñó el ojo desde un atardecer en Galicia. Y yo le devolví la sonrisa.
Atentamente: Irene, Murcia
¿Te acordarás de mí?... ¿de nosotros?