Libro: Romántico Viajero
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Libro: Romántico Viajero
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Una vez visité Sudamérica, aunque en realidad debieron ser varios planetas distintos dentro de la misma masa lo digo sobre todo por el Salar de Uyuni en Bolivia digno lugar para hacer contacto con otra civilización o también para rodar una escena de Matrix. Una vez visité Sudamérica y en las playas de Montañita, Ecuador bebía una cerveza a las dos de la tarde en el malecón cuando un hombre se acercó a decirme que el planeta iba a acabar pronto que hacía tiempo fue secuestrado por una civilización de otra galaxia y que le extirparon un cáncer. Una vez visité Sudamérica y a media noche en Máncora, Perú me encontraba en una plaza frente a la estación de policía, y de pronto de una calle salieron un grupo de chicos argentinos, uruguayos, peruanos y ecuatorianos cantando y yo saqué la guitarra cantamos La Bamba y ellos me invitaron pisco. Una vez visité Sudamérica y bajo los cielos nostálgicos y nublados de Valparaíso me encontré en una estación de metro a una chica que vestía de negro sentada, esperando a alguien y dimos un paseo por sus cerritos los cuales me recordaron a Guanajuato. Una vez visité Sudamérica y caminando en el Perú rumbo a las ruinas de Machu Pichu platicaba con una mujer china que había huido del régimen de Mao. Una vez visité Sudamérica y llegué a la Bariloche en la Patagonia, Argentina sobre sus picos nevados y sus inmensos lagos me sentí satisfecho de tener el sentido de la vista y canté en los bondies canciones rancheras y corridos mexicanos y bajaba contento porque los argentinos aplaudían mi concierto de cinco minutos. Un día visité Sudamérica y en Cali no se podía ir solo a ninguna parte porque apenas y uno preguntaba una dirección y ya lo estaba acompañando la calurosa gente de sus barrios. Un día visité Sudamérica y los argentinos me preguntaban por capítulos del Chavo del ocho y en Neuquén los vi bailar chacareras y tangos también escuché en vivo un bandoneón. Un día visité Sudamérica, me faltó mucho por conocer, pero tengo memoria lúcida para desgracia de mi melancolía y aquel viaje me costó menos que mi último iphone.
"Curarse con poemas", Quetzal Noah
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De las estrellas a Sofía
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Algunas personas de barrios populares visitan barrios ricos para recoger sus migajas y uno que otro corazón conformista se acostumbra a mendigar las palabras sin hechos de quien no le corresponde. Muchos se acostumbran a sobrevivir con menos de lo que merecen.
¿Cómo volverse mochilero? , Quetzal Noah
La verdad es que no importa lo que leas. Si te gustan los libros de autoayuda, los de poesía de autores del internet, las novelas de fantasía, etc. Lo que importa es que disfrutes tus propias elecciones sin dejarte influenciar por la opinión y darte a ti el tiempo para descubrir los libros que te gustan y te hacen feliz.
#Escritos
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“Pues nos gustan las chelas que el amanecer nos roce cada palabra que por la mañana no habremos de recordar nos gustan las chela el machismo nos enseñó a desquitar nuestra pena con chelas y canciones rancheras nos gustan las chelas tal vez a veces más la pena porque nos quita el aburrimiento de la rutina tal vez la borrahera es el instinto donde recordamos lo salvaje la felicidad se puede parecer a no saber la razón de despertar como cuando es el domingo de cruda el deprimente solitario que te avisa que la vida no tiene sentido en algún lugar del mundo hay un tarro esperando por nosotros ¿Por qué no sales a buscarlo? Tal vez agarres la borrachera de tu vida y entonces justificarás con tus amigos a la soledad que te persigue al miedo al compromiso y dirás de un modo menos diplomático quisiera ser lo que me dijeron que sería pero mira carnal a ti a y a mí nos gustan las chelas”
— La alegría es un roadtrip, Quetzal Noah
Desde hace unos días le invitó un café a la tristeza para que platiquemos de sus problemas. Le gusta mucho quedarse y llegar de forma repentina a mi casa. A veces hablamos de lo rápido que pasa el tiempo y de los que se nos están yendo. También le cuento que últimamente siento que algo me fue arrebatado y me resulta más fácil encontrarme y saber lo que busco.
Hoy ya no busco mucho, porque en teoría, todo lo tengo, pero que mi espíritu alberga la derrota de la ilusión. Tal vez estoy equivocado, tal vez hice todo mal desde un principio pero no me quedaba de otra más que avanzar. Esperé mucho tiempo para no darme por vencido y ahora mis ojos incrédulos no calcan el más mínimo ánimo por las utopías.
Extraño no saber quién soy, desvelarme en búsqueda de alguna respuesta, escribir seduciendo al infinito y que las canciones tengan una frase que me reviva.
La poesía nunca me ha abandona, aún siento estar en una gran deuda con ella. No sé si ya escribí mi mejor poema pero se fuga mi época, me convenzo que mi momento ya fue y debo dejar de aferrarme a éste lugar y no ser como Memo Ochoa en la selección, tener honor y alentar bajo la experiencia que me abrió el camino. Hay que darle la bienvenida a las nuevas mentes inquietas, a los corazones confundidos, a los intensos que no han encontrado el amor propio y a los que aman a la menor provocación.
Últimamente escribir es un constante viaje al pasado, buscando detalles inconclusos, partes de mis historias que me ayuden a pegar otras. Como un collage de vivencias y viajes que va cubriendo mis cicatrices. Y en el intento por conocerme, me doy cuenta que sigo sin saber lo que quiero y a dónde voy. Todo el tiempo marchita y renace un capullo del universo dentro de nosotros.
Cuadernos viejos, Quetzal Noah
Yeik me habló de Puerto Viejo en Costa Rica. Un pueblo donde según él, yo podía casarme por la gran cantidad de mujeres bonitas que estaban ahí descubriéndose a sí mismas. ¿Casarme yo? Para ser sincero no era una de mis aspiraciones. Apenas comenzaba mi aventura. En el poco tiempo que tenía viajando, México me pareció una enorme avenida para recorrer tranquilamente, y cada uno de sus estados se volvía un barrio que iría conociendo poco a poco. La vida y los pensamientos te pueden cambiar muy rápido en dos semanas fuera de casa. A los veintitantos años ya no anhelaba el éxito ni la fama o la fortuna, tampoco hijos, un crédito hipotecario o un coche; lo único que quería era tocar la guitarra, conocer mi país de mochilazo y mandar a la verga a todos los que no le aportaban nada bueno a mi vida. Ese era yo, un espíritu libre, un alma vieja que apenas recordó que la felicidad está en el viaje y no en el destino. Tenía una guitarra, un telescopio, una mochila, un par de libros en el celular y una carrera que no ejercía ¿A dónde podía ir con eso? ¿Cuál sería mi destino? ¿Cómo podía decirle al mundo que compuse una canción que estaba seguro que todos podían cantar y con ello por un rato de sus problemas? Tal vez mi propósito en este camino era descubrir esa manera de conectar con oídos entusiastas. Tal vez no era más bueno ni inteligente que los demás. Dejar de comparar mis anhelos más profundos con los deseos más superficiales de otros fue mi primer coqueteo con la sabiduría.
¿Cómo volverse mochilero? Quetzal Noah
Libro Mágico y ebrio
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Extraño aquellos días en los que me decías que fuera a tu casa. Platicábamos un rato en tu cochera. Podíamos quedarnos fumando hasta la medianoche y tú me contabas que querías cantar tus canciones y salvar el mundo. Llevabas tu guitarra a todos lados, era como tu caparazón. Yo era tu más grande admirador. Y sabías que estaba enamorado de ti. Me contabas de tus tragedias amorosas mientras nos tomábamos una cerveza entre semana hasta y nos acabábamos una caja de cigarros. Luego me decías que era el mejor amigo que podías tener. Éramos eso, amigos inseparables. De esos que no se pueden caer mal y siempre se terminan perdonando todo. Una vez me contaste que atrapaste una estrella entre tus manos y que si tocabas mi corazón con una de ellas siempre me acompañaría su brillo y su luz. Yo te creía todo porque tu boca hablando de sueños me derretía por completo. Y extraño esos días. Cuando era de tarde y no estaban mis papás en casa y venías y me decías que estabas triste y yo te decía que si te hacía falta verga y me decías que sí. Y cogíamos en el cuarto todo el día. Te desestresabas y yo que siempre estaba caliente por ti también me relajaba. Me abrazabas y me decías: qué bueno tener un amigo con quien puedes coger sin pedos y sin enamorarte porque se acabaría todo. Y luego encendías un cigarro. Yo te preparaba un café y luego te acompañaba a tu casa. Y cuando te ibas, dejabas un gran vacío en mí que se parecía mucho a la tristeza. Y ahora te extraño. Y sólo sé que siempre viviré en un eterno retorno a esta nostalgia, porque no he conocido nada más hermoso que el arte del suspiro con el que tú aprendiste a comunicarte conmigo.
Acuarela Mexicana, Quetzal Noah

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Últimamente me pregunto si la gente lee poesía. Ya son varios años de que vivo de esto pero de un tiempo para acá, noto que ya no leen tanto. Quizás ya no les emociona. Quizás los jóvenes sólo quieren bailar y escuchar canciones que los pongan cachondos. Quizás unos ya no creen en el poder de las palabras. O quizás solamente nos estamos haciendo viejos. Y ahora los bares nos aburren y en lugar de comprar un libro preferimos comprar huevos, pan, café y tortillas. Han de pensar algunos: Qué va, no necesito un libro, un libro no me va a quitar las deudas o este constante temor al futuro y al tiempo que nos marchita. Pero yo sigo escribiendo para ti. Por si un día me olvidas yo quiero que sepas algo: estoy agradecido de que al menos una vez en tu vida tan apresurada y llena de responsabilidades le diste la oportunidad a mis letras de acariciarte la nostalgia y besarte las cicatrices.
Divagaciones, Quetzal Noah
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“A veces regresaba a tomar el camión por ahí para ir a la universidad con la esperanza de encontrarla, le escribí un poema y se lo traduje al francés, el sábado la vi de nuevo y le dije “Ten, me dijeron que te lo diera” me miró y me preguntó ¿qué es? Mi corazón, le respondí.”
— El hombre del telescopio que apuntaba a las lunas de Júpiter, Quetzal Noah
“Yo tampoco entiendo lo que me pasa de pronto no puedo concentrarme en nada hay veces que estoy desayunando y leo la caja de cereal y de repente´ tengo una sensación de tristeza tengo pánico de crecer de no hacer una familia de morir lejos del amor de mi vida de no encontrar al amor de mi vida de despertar un día sabiendo que la felicidad no era lo que yo pensaba y no entiendo lo que me pasa una profunda tristeza está enterrada en mí trato de buscar sus razones y sólo alcanzo pinceladas de un arte que no se explica veo que la gente con una existencia simplista es la que alcanza un mayor grado de satisfacción pero yo estoy siendo sincero como que todo desmadrado mi alma se decepciona día a día con todo el propósito no quiero morir todavía pero estoy triste y trato de arrancarme los recuerdos de la piel”
— La alegría es un roadtrip, Quetzal Noah

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“He venido a decirte que no me rajo a quedarme esos días en los que no te soportes, en los que sientas que te odias, en los que de pronto caes en esa inexplicable tristeza. He venido a decirte que mis deseos por ti son verdaderamente elevados, hay un placer en lo nuestro más allá de los afectos corporales que nutre todos mis sentidos. Tengo que admitirlo, hay días en los que no me siento valiente, me derrumba la idea de creer que no tiene caso seguir, si es que me equivoco al menos dame sin capricho una señal de que te importo o ten honor de no tratarme indiferente.”
— La frontera del olvido, Quetzal Noah
Subí por una loma, fui buscando hostales, me cansé y me senté un rato. Y de tanto perderme terminé encontrando lo que buscaba aunque no como lo quería, pero estaba bien ¿Quién es en verdad uno para exigir tanto al destino?
Poeta mochilero, Quetzal Noah