Yeik me hablĂł de Puerto Viejo en Costa Rica. Un pueblo donde segĂşn Ă©l, yo podĂa casarme por la gran cantidad de mujeres bonitas que estaban ahĂ descubriĂ©ndose a sĂ mismas. ÂżCasarme yo? Para ser sincero no era una de mis aspiraciones. Apenas comenzaba mi aventura. En el poco tiempo que tenĂa viajando, MĂ©xico me pareciĂł una enorme avenida para recorrer tranquilamente, y cada uno de sus estados se volvĂa un barrio que irĂa conociendo poco a poco. La vida y los pensamientos te pueden cambiar muy rápido en dos semanas fuera de casa. A los veintitantos años ya no anhelaba el Ă©xito ni la fama o la fortuna, tampoco hijos, un crĂ©dito hipotecario o un coche; lo Ăşnico que querĂa era tocar la guitarra, conocer mi paĂs de mochilazo y mandar a la verga a todos los que no le aportaban nada bueno a mi vida. Ese era yo, un espĂritu libre, un alma vieja que apenas recordĂł que la felicidad está en el viaje y no en el destino. TenĂa una guitarra, un telescopio, una mochila, un par de libros en el celular y una carrera que no ejercĂa ÂżA dĂłnde podĂa ir con eso? ÂżCuál serĂa mi destino? ÂżCĂłmo podĂa decirle al mundo que compuse una canciĂłn que estaba seguro que todos podĂan cantar y con ello por un rato de sus problemas? Tal vez mi propĂłsito en este camino era descubrir esa manera de conectar con oĂdos entusiastas. Tal vez no era más bueno ni inteligente que los demás. Dejar de comparar mis anhelos más profundos con los deseos más superficiales de otros fue mi primer coqueteo con la sabidurĂa.
ÂżCĂłmo volverse mochilero? Quetzal Noah














