✩ ݁ baco — investiga !
﹙잘... · 𝑓#*%!﹚
ACT. 6, G11
Después de una generosa semana en el refugio ya era hora de aportar algo al grupo al que ahora pertenecía. Él, Elodie y Rune habían acordado encontrarse en el laboratorio del tercer piso para empezar a discutir ideas, pero al verse Rune acorralado por sus deberes, quedaba en manos de Elodie y Baco plantear una hipótesis inicial.
— Será difícil coordinarnos los tres, Rune dijo que estará ocupado esta semana así que vayamos a pachas, avancemos tú y yo, que somos los sesos y luego le hacemos presentar a él el proyecto — saludó el teñido, directo al grano.
— Vienes con todo, pero sí — respondió Elodie, a lo que Baco bufó una risa.
— Eso quería escuchar. — De un brinco tomó asiento, cruzando las piernas sobre el maltratado tapiz del mueble, aún así, lo más fino en toda la sala. — Dicho esto, ¿te gustan los videojuegos? — soltó la pregunta, en primera instancia ociosa, pero la mirada atenta del hombre le daba una profundidad a la pregunta casi profesional.
— ¿A quién no?
— Perfecto, conocerás TLOU. A parte de que es un juego espectacular, tiene una teoría muy sólida. Según el lore, hay un hongo capaz de controlar la mente de las hormigas que no sobrevive por encima de los 34°. El Ophiocordyceps unilateralis. De todas formas, no es posible aún. Las temperaturas internas del cuerpo humano, como bien sabrás, oscilan entre los 36° y 36,9°, normalmente, en TLOU proponían un escenario en el que el hongo se veía obligado a evolucionar debido al calentamiento global, pero realmente y a día de hoy el calentamiento global no ha escalado lo suficiente como para requerir una evolución. Pongo en la mesa la teoría, para empezar — formuló en forma de introducción.
— Vale, está muy buena, eh, ya tenemos algo de que sostenernos — Baco tomó aquella como una señal para continuar divagando.
— Hay que descartar también factores bacteriológicos y víricos, de todas formas, yo, personalmente, apuntaría más a priones. Si lo piensas bien, los priones están estrechamente relacionados con enfermedades neurodegenerativas, como la de Creutzfeldt-Jakob o el insomnio mortal, son bastante hardcore.
— Claro, claro — ante esta afirmativa, la mirada del chico se estrechó, tentativa.
— Me alegra ver que nos entendemos, hará la siguiente propuesta mucho más fácil de digerir... Necesitamos un zombie — soltó la propuesta sin delicadeza alguna, solo esa chispa de emoción que se encendía en sus pupilas, cuando estaba a punto de hacer algo que le merecería un tiempo en arresto domiciliario.
— Estaría bueno que uno de nosotros se arriesgara a salir y traer uno, esto en secreto porque dudo que a los demás les guste lo del zombie en el edificio... Qué dura la vida.
— Esa es la cosa, hay que convencer al grupo de líderes de que consideren hacer una celda de acceso restringido mediante la cual mantener un contacto seguro con uno de esos bicchos, pero visto lo visto y que hace nada nos dieron por culo, creo que no estarán muy dispuestos. La opción B es, y puede que no te guste, sé que lo nuestro es darle al seso y no es esto a lo que te inscribiste, pero escucha, la vida es dura, tú lo dijiste... podríamos preparar una habitación, salir de paseíto y colarlo sin armar un escándalo, ¿hm? Con un buen chute de morfina no se levanta ni el tato, y aquí tenemos bastante.
— Tienes que bailarles, saliste — le sacrificó su compañera, la expresión de Baco cambió casi inmediatamente.
— Y yo por qué, ¿tengo cara de gogo dancer o qué? Báilales tú, tienes buena figura, úsala.
— De un baby-doll.
— WOW. Gracias, estuve ejercitando.
— Con traje de conejito — Elodie siguió maquinando la distracción.
— Nunca sabes lo que vendrá.
— Ya si no acceden, sirve de distracción, y yo por detrás jalando el cuerpo — carcajeaba la chica.
— Te joderás la espalda, mejor yo me lo echo al hombro y tú les das un recital — argumentó Baco con tal de librarse del show.
— Pierdes tu oportunidad de debutar, pero esta bien... Hay que hacerlo a escondidas. ¿Dónde te guardas la morfina? — Baco levantó las cejas.
— En las tetas del traje de conejito si te parece. Pues en los bolsillos.
— Nos van a echar...
— Dad lore insano — la consoló.
— Imagínate que se nos escape.
— Imagínate que encontramos la cura, 50-50, hay que echarle llave y tirando.
— Qué más da, yo te sigo — Baco brincó de su asiento rumbo a la salida — ... Siento que eres de los que se ponen pista rápido y me cuenta el proceso de su parto.
— ¿Pista?
— Como... chispita.
— Puede ser, pero no quiero entretenerte con mi parto, aunque fue muy interesante y sobre todo probablemente una experiencia superior al promedio — continuó, liderando la marcha a la sala de suministros.
— ¿Seguro que no fue cesárea? Está bien no saber nacer.
— ¿Es lo que te dices a ti misma todas las noches? — poco después se detuvo, forcejeando el cerrojo que protegía las provisiones de personas como... ellos. — Realmente, el nacimiento natural es biológicamente superior. Los bebés nacidos por cesárea no son expuestos al ecosistema vaginal de la madre, que es fundamental para el desarrollo del sistema inmune del niño — un "click" detuvo su discurso naturalista, dibujándole una victoriosa mueca de satisfacción. — Y yo tengo un gran sistema inmune, gracias por preocuparte.
— No es nada, me sale natural ser amable.
— Coge una botella de agua y una cuerda, yo iré por la morfina, cinta americana y una bolsa de basura.
— ¿Para qué la botella?
— Por si nos da sed.
— Ja, ja. Qué chistoso.
Baco se deslizó por los pasillos con agilidad hasta encontrar lo que buscaba. En una de las estanterías cinta americana, próxima pero más arriba la bolsa, y un par de pasillos más a la derecha, farmacia, de donde sacó diez ampollas de morfina y una jeringuilla con aguja intramuscular. No era creyente, pero sí rezaba por que aquello surtiese efecto. Subió a buscar una linterna y, de camino, se dió un paseo por la cuarta planta, esperando cruzarse con Rune por alguna de las habitaciones. Allí, visiblemente ocupado, pudo localizarlo.
— Hey, Rune, ya hemos empezado a teorizar, ya que somos mayoría investigadores, lo haremos sobre esa tarea. ¡Ya tenemos algunas teorías...! Incluso peticiones — saludó Baco.
— Me das miedo.
— No me digas eso que me sonrojo.
— Está bien, yo ya hablaré... — postergó el líder.
— Sé que estás ocupado, no te preocupes, pero sí hemos pensado que tú presentes el proyecto, a ti te conocen y tú puedes resultarles más... persuasivo. Será más familiar, ¿me entiendes?
— No te preocupes, déjame eso a mí.
— Genial, contamos contigo... Elodie y yo saldremos un par de horitas, volvemos y discutimos teorías.
— Está bien, con cuidado. Cualquier cosa me dicen.
— Claro. Y ahora que lo dices, necesitamos un pequeño favor — Baco propuso con el mismo tono que un adolescente a punto de pedirle a su madre, distraída, medios para un plan cantosamente ilícito.
— Dime.
— Te avisaré cuando lleguemos, solo distrae un poco a la primera planta.
— Ay no...
— ¡Deseanos suerte!
— ¿¡Qué harán!? Ay no, ¡no se metan en problemas!
— Descuida, solo es ilegal si te pillan, así que, que no nos pillen, ¡y ese es tu trabajo! — se despidió el rubio teñido con la mano, luego partió escaleras abajo a reunirse con su compañera de crimen. Inmediatamente tras localizarla analizó sus alrededores en busca de otros miembros, asegurándose de estar solos antes de hablar en voz alta. — Hablé con Rune, nos cubrirá cuando lleguemos.
— Bien, entonces sin miedo, ya nadie tuvo que ponerse el traje de conejito — respondió la chica. Baco, ya cargado con las cosas, la miró con una ceja en alto y media sonrisa, imaginando, junto al botiquín, el traje.
— Cualquier cosa sirve para tapar, pensé — y el chico soltó una risa, reanudando su trayectoria hacia la salida durante poco tiempo. Pocos pasos antes de cruzar la puerta se detuvo, la voz de Oasis acercándose lo congeló. Estaban lo suficientemente lejos como para que cruzar la puerta fuese imposible sin alertar al otro en el proceso. No les quedaba de otra que disimular.
— Oasis, ¿cómo tú por aquí? — preguntó Baco con las cuerdas a la espalda. No sabía si era paranoia suya o realmente los ojos ajenos viajaban entre los dos intentos de prófugos para concretar un análisis, y se preguntaba si su pequeña expedición terminaba antes de siquiera pisar tierra fértil. Inmediatamente se dio respuesta, y es que aquello no podía ser así, no permitiría que fuese así.
— Buscando un poco de hidratación para seguir con mis tareas — alzó la petaca en su dirección, que rezumaba un aroma a alcohol casi entrañable — ¿Quieren? Que se ven listos para la guerra.
— Vamos... con un poquito de prisa, haremos ejercicio y eso... — miró en todas posibles direcciones en busca de más compañía imprevista y al no ver a nadie ponderó sus posibilidades. Iban contrarreloj, Oasis podía, también, desaparecer un par de horas. Le pasó un brazo sobre los hombros y atajó su marcha hacia la puerta. — ¿Por qué no vienes también? Así socializamos un poco y tal, nos conocemos, ¿sabes?
— Ya, claro, conocernos. — guardó la petaca en su bolsillo, los miró a ambos e hizo un rápido saludo militar. — Vamos, que Elodie también tiene pinta de que hay cosas por hacer.
— Sí, Elodie tiene muchas ganas... ¿a que sí, Elo? — respondió el teñido, dándole un codazo a la chica, que estaba notablemente abstraída.
— Convivir, socializar, pláticar, atrapar un zom-... Ya sabes que nosotros los artistas pobres debemos dejarnos ver de vez en cuando ante la sociedad.— Mientras Elodie sonreía, Baco se volvió ligeramente hacia el lado opuesto a la interacción, simultáneamente se llevó la mano que no abrazaba por los hombros a Oasis a la cara, al principio cubriéndose los ojos, luego arrastrándola sin delicadeza pero sí con lentitud hacia abajo en un gesto de silenciosa desesperación. Definitivamente toda la operación sería un fracaso. — Extraño ver las estrellas, qué tal si ya nos adentramos a nuestra travesía — sugirió, empujándolos hasta finalmente salir.
***
Su paseíto duró de inocente lo que tardó en aparecer a un zombie. Baco se aseguró de mantenerse cerca de Oasis, al principio por si intentaba irse, al final por cuestiones de defensa, pues sospechaba que Oasis había captado el concepto de la idea que habían tenido Elo y él al salir, por lo menos sobre la parte en la que requerían encontrarse con un espécimen. Los requisitos eran tan específicos que eran más un obstáculo, pues no había manera humana, entre ellos tres, de encontrar a alguien recientemente convertido y salir victoriosos... los tres. Teniendo en cuenta la hora, lo más prudente para un proyecto inicial era tener un sujeto de muestra aleatorio, probablemente viejo, quizás incluso estudiar la enfermedad desde su final. En otras palabras: a tomar por culo los criterios, solo querían un zombie.
Un rugido gutural erizó la piel del investigador, que se congeló en su lugar antes de escuchar el siguiente. Rápidamente tomó del brazo a Oasis para detenerlo y buscó a Elodie con los ojos para vocalizar una pregunta: "¿lo has escuchado?". La postura en guardia de la chica le dió la respuesta que necesitaba, quizás ella había detectado el peligro antes. Baco sabía que, si podían escucharlo, es que el zombie sabía que estaban allí, los habría olido, por lo que no entendía por qué no atacaba. Miró a su alrededor agudizando los sentidos, mas los grillos saboteaban su oído y la poca luz su vista. Pero el olor era infalible, porque apestaba a podrido. Los zombies no eran conocidos por su sigilo, así que pronto los grillos dejaron de ser un problema y pudieron localizar al muerto. Enseguida Baco preparó las jeringas con morfina y le extendió la punta de la cuerda a Oasis, mirándolo a los ojos.
— Hay que atraparlo vivo — le susurró con un tono contundente. En seguida el sonido alteró al bicho, que cargó contra ellos con el desespero de un muerto de hambre. Entre Oasis y Baco, manteniendo a Elodie en medio como carnada, tensaron la cuerda para hacer tropezar al bicho, y cuando su treta barata surtió efecto, Elodie le pisó la garganta para inmovilizarlo. Con una velocidad que podría parecer practicada, ambos hombres soltaron la cuerda e inmovilizaron sus manos, Baco aprovechando la oportunidad para desencapuchar la jeringa con los dientes y clavarle la morfina directamente en el pecho. — Ahora... — jadeó — esperemos que no esté caducada y haga efecto — bromeó, el infectado perdiendo fuerza poco a poco hasta quedar sedado en poco más de quince segundos. No perdieron el tiempo: lo ataron y, turnándose los tres, llegaron de regreso a la base, donde Rune debía esperarlos para iniciar la segunda y más importante parte del plan, la infiltración. El mal teñido barrió el edificio con la mirada hasta encontrarlo en una de las ventanas, lanzando un par de piedras para llamar su atención y escondiéndose detrás del zombie para alzar el brazo medio podrido y saludarlo con él. La sonrisa amplia de Baco asomaba por encima del hombro del muerto, que sacaba lo máximo de su pequeña expedición antes de que terminase, luego, entraron.
Antes de cruzar el portón, Elodie le dió un codazo a Oasis para que entrase primero. Rune fingiría problemas y era deber de Oasis asegurarse de que los que guardaban la puerta de los muertos vivientes (y de idiotas como ellos) subiesen a auxiliar al líder, así que esperaron una señal. Cuando hubo silencio absoluto, Baco se asomó, cruzando al no ver a nadie e invitando a Elodie, que cargaba con la parte posterior del cuerpo, a segurle hacia el sótano. Fue tan ridículo intentar bajar las escaleras, y estaba Baco tan cansado del trabajo de fuerza, que tuvieron la brillante idea de dejar rodar al infectado escaleras abajo durante el último y oscuro tramo, generando una cantidad de ruido brutal, pero como no había nadie cerca para escucharlos y la subida amortiguaba la mayoría del ruido, solo pudieron reirse. En una habitación pobremente confeccionada para la tarea metieron a su presa, su nueva víctima.
— Esto es como navidad — comentó Baco, satisfecho y orgulloso en la misma medida al mismo tiempo que cogía de los cajones unos guantes y un serrucho. — Hay que atarlo a la mesa.
Para más información sobre los estudios realizados, véase el informe.

















