Hay una sombra que aprendió tu nombre antes que yo pudiera olvidarlo.
Ahora duerme del lado donde antes descansaba mi respiración. Bebe de la taza que todavía recuerda mis labios, y tú le entregas la versión de ti que a mí siempre me prometiste para después.
No quiero saber quién es.
Hay preguntas que nacen con el único propósito de cavar una tumba.
Prefiero imaginar que nunca existió, que fuiste tú quien decidió borrarme con tus propias manos.
Porque duele menos pensar que el amor se cansa,
que aceptar que alguien desconocido llegó al mismo sitio, abrió la puerta sin esfuerzo y encontró un hogar donde yo deseaba permanecer toda la vida.


















