Donde no haga falta reparar el techo
No sé si debería estar feliz o no de que pueda escribir de nuevo. Han pasado muchas cosas desde la última vez que realmente me senté a escribir algo interno por así decirlo.
Es que últimamente ni para monólogos personales he tenido ganas, no diré tiempo ya que sería una excusa vil. Algo que habituamos muchas veces, es tener siempre una excusa para todo. Pero a veces todo se resume en cuántas ganas deberíamos de tener para las cosas.
Justamente este mes y parte de los otros dos he estado constantemente bombardeado por interacciones y novedades. Entre ellas el tratar más con unas personas que han estado últimamente en mi entorno. Y eso es lo que ha causado que quiera escribir. Al principio de mi incertidumbre como escritor estuve bastante perdido, asfixiado en gran parte a la hora de pensar escribir. Es que aunque quería escribir, aunque fuera una idea loca, por alguna razón me sentía inmensamente miserable. Me rehusaba a escribir cualquier cosa si tuviera que hacerlo en ese estado, porque primero que nada no tenía razones buenas para ser miserable, tristeza o deprimente. En realidad estoy bastante bien en general como llevo un tiempo narrando en mi vida, el problema es que ir bien no significa ir donde uno quiere.
Es como estar en piloto automático con la asistencia de un juego, aunque esté yendo todo como la seda en dificultad “Fácil” por así decirlo, o ya te has adaptado tanto al modo infierno, que cuando toca la dificultad “Normal”, parece que pierde algo de sabor. El desánimo de lo cotidiano, la sensación de habitualidad que se vuelve cada vez más simple y asquearte a cierto punto hace que pierda emoción las cosas que son buenas y termina dando esa sensación de depresión, letargo o insatisfacción. Ahí es cuando recuerdo la letra de una canción muy hermosa;
Remember when our songs were just like prayers Like gospel hymns that you called in the air Come down come down sweet reverence Unto my simple house and ring And ring
Ring like silver, ring like gold Ring out those ghosts on the Ohio Ring like clear day wedding bells Were we the belly of the beast or the sword that fell We'll never tell
Una parte de mí se llena de cierta calma con esta melodía, ya que me hace recordar algo que siempre olvido. No es los lujos, no es la comida, no es las cosas realmente que aspiro en todo este trayecto. Es más el hecho de recordar ese hogar, esa sensación de que aún vaya a un sitio en ruinas, mientras sea ese lugar que pueda llamar hogar… podré sentirme bien.
Lo que me impulsó a escribir creo que si fuera preciso decirlo hoy. Sería no solo lo vivido recientemente sino también el hecho de que tuve una conversación bastante nutritiva con uno de mis mejores amigos, pero os pondré en contexto. Últimamente he estado compartiendo mucho con una amiga llamada “María”, es una chica maja de 28 años que vive un poco agobiada por el mundo en general por tener un carácter bastante potente, es para concepto general ese tipo de mujer que puede bien beberse una caña (Cerveza) sin titubeos, y terminar a su vez fumando un piti (Cigarro) sin ninguna pizca de toque femenino en la escalera de cualquier portal, mientras tiene las piernas abierta a la par. Tiene una pareja que le lleva unos 20 años aunque aún no viven juntos, es una chica con estilo bastante marcado y un carácter que si soy sincero hace que muchas veces olvide que es mujer y piensa que es más mi compañero de bebidas. Esta muchacha ha sido una inclusión bastante peculiar en mi rutina, más que todo porque siempre tengo algo que hacer ella mayormente llegamos a un acuerdo silencioso donde a veces yo preparo comida para dos personas y le guardo ya que ella trabaja en un hotel, y yo cuando estoy trabajando o ocupado suele ser ella quien cocina o tiene todo listo para mí persona.
Fue un trato sin hablarlo que surgió ya que vivimos una convivencia diaria por la rutina, siendo solo los días libre de esta o mío, donde sencillamente nos perdemos del panorama del otro por nuestras vidas privadas. Ella con su pareja haciendo sus cosas y yo muchas veces o de fiesta como también de sencillo colegeo como sino de alguna aventura nueva.
Esto pareciera algo sencillo y bueno a escala media, sino fuera porque se unió a la fórmula una tercera rueda. Una chica llamada Ana Carolina, esta muchacha… madre mía nunca en mi vida había conocido una persona que pudiera tener tanto problemás con los seres humanos y lo peor sin siquiera buscarlos.
Ella cuando se unió al círculo la cosa fue peculiar, ya que ella ya tenía unos gestos y ademanes bastante peculiares. Cuando la conocí y me presenté, al segundo día fuimos al gimnasio juntos, luego fuimos a “DIA”, a comprar cosas para cocinar juntos en el departamento, justamente para los tres. Me acuerdo que fue muy gracioso todo el asunto ya que mi amiga maría estaba con su psicosis natural y estaba en modo queriendo dar una privacidad imaginaria ya desde inicios en whatsapp:
Esto en resumidas cuentas sería más o menos lo que estuvimos escribiéndonos a la vez que le convencía para que viniera a comer. Logré con algunas artimañas lograr convencerla que compartiera con nosotros.
Lo siguiente fue ese típico momento de compartir juntos y hacer la de Sitcom natural que pareciera ocurrir con cierta frecuencia en el día a día.
Pasadas las semanas estuve compartiendo a cada par con cada cual, también supe que esta chica llamada Ana, tenía algunos temás con su familia y independencia, además de que tomaba algunas pastillas para TDAH para enfocarse y que mayormente parecía tener un estilo de vida bastante simplista o podría de decir aislado.
El caso de esto es que era dos paralelos muy diferentes en cada uno. Con maría tenía algo que busqué hace tiempo y era un ambiente familiar que se sintiera natural, no quería amor, tampoco quería nada y tampoco quiero en la actualidad y seguro a futuro un romance o algo similar con esta mujer, pero es bonito tener esa sensación de hogar con alguien como una hermana, lo digo yo que soy hijo único. El problema es que María y Ana no es que se lleven realmente bien, y sobre todo el problema es que Ana suele mantener una actitud social bastante complicada. No sabe lo que es tener idea sobre el sarcasmo, es una persona con herramientas sociales reducidas a grandes escalas.
Al principio esto me estuvo agotando de sobre manera, ya que aunque compartía con una en momentos puntuales como una vivencia de hermanastros, era algo breve y efímero que me dejaba otra vez esa sensación de querer pertenencia en un lugar. Es cierto que estaba Ana en la continuidad de esta ecuación, pero no me sentía tranquilo… es una persona que quizás solo su físico podría admitir que me atrae sexualmente, pero queda muy atrás con el hecho de tener una personalidad desordenada. Dicho por ella tiene apego desordenado, y quizás para otras personas fuera algo sin más…
Pero a mí me encanta estar al pendiente de los míos, me encanta dar un abrazo y recibirlo, me gusta la constancia y estar ahí… mirar el cielo, quejarme sin estar enojado, alegrarme sin más y a la vez tener picos de euforias por tonterías con mis cercanos.
Ella representaba algo muy opuesto a mí, le daba cosa el contacto en general, es una persona que no sabe mantener conversaciones y se desconcentra si te mira a los ojos, tiene que estar moviendo las manos o haciendo algo para que pueda enfocarse en lo que hablas, es una persona que una palabra mal dicha en broma puede quizás tomarla como literal. Quiere sentir cariño, quiere tener amigos y ser querida, pero sus acciones aparta involuntariamente a casi todos los que han interactuado con ella en el círculo, no sabe mantener conversaciones y si le escribes, da gracias a los cielos si te responde más de tres mensajes. El problema es que en persona, ella intentara aún con sus pocas habilidades, el querer estar cerca, participar aunque sea toscamente en las interacciones, y estar ahí.
Esta combinación de interacciones me ha estado agotando al punto que decidí irme a Vigo una semana y desconectarme de todo. Estuve en la playa, museos y vida un poco al estilo turisteo. Me separé plenamente de todo asunto del pueblo hasta que decidí volver…. Estaba entonces este panorama… obviamente ella no hablaba con maría y la otra viceversa.
Lo gracioso es que al llegar, me acordé que quería jugar a la tercera entrega de Little Nightmares 3, y me había dicho Ana que le interesaba jugarlo, aunque no era buena en los videojuegos. Preferí elegir uno más sencillo en vez de uno de dos, para verla jugar a ella y tomar el control solo cuando le dificultara las cosas muy ágiles, llamado Bramble the Mountain King, en ello le dije a maría que se pasara y al estar y vernos jugar intentó tratarla aunque superficialmente.
Estuve compartiendo los siguientes días con estas muchachas en este bucle de interacciones… hasta que un día sencillamente hablando con Ana, nos quedamos en charla hasta las 11 p. m. y luego decidimos ir al cuarto al hablar y nos quedamos abrazados hasta las 3 o 4 a. m. aproximadamente, ella me dijo que era fácil hablar conmigo y contarme las cosas… y yo sencillamente intenté darle un lugar seguro.
Al terminar todo, y ella volver a su aposentos, yo quedé más cansado de lo habitual… y ahí salió la charla con mi mejor amigo contándole todo esto.
En ello salió una verdad que ignoraba es que “No te sientas responsable de ayudar a alguien sencillamente porque no le trata bien la vida, si tratar con una persona que su personalidad te agota porque tienes que estar sobreanaliando, tienes que esperar señales que en alguien normal sería común pero en este caso debes interpretarlo de otra forma, te terminarás quemando y cada tanto querrás huir lejos, porque… no es tu responsabilidad ayudarle”, escuchar eso… y tener ya un tiempo para mí mismo, sumándole la letra de aquella canción me recordó algo.
Quizás solo estaba era buscando ese sonar, esa familiaridad de un hogar, entonces sin darme cuenta me forcé a aceptar tratos con estas dos personas por querer mantener esa sensación.
Justo al escribir esto, estoy buscando apartamento, pienso mudarme a un sitio más tranquilo y espacioso, no negaré que seguramente pierda el contacto con estas dos personas. Pero la verdad, se que mi hogar y mi paz está en la experiencia, el movimiento, el constante anhelo de una sensación a la que pueda expresarme y desbordarme. Porque al final soy un nómada sin hogar que pocas veces se ha sentido a gusto, y se que en algún lugar o momento tendré que detenerme, pero lo haré cuando no sea forzado ese hogar, cuando no tenga que estar constantemente tapando las goteras de ese hogar… sino que sea ese sitio que aún sin techo, aún empapándome de la lluvia. Sea feliz solo por estar ahí, tanto que aún mojado hasta los pies, pueda escribir…. Vivir y morir, felizmente.













