Como Whitman —mi querido y elevado Whitman;
Alma sofisticada, democrática y advenidera si las hay—,
mi propósito es expansivo:
me acometo, anacrónico, al Tiempo
(Al Tiempo de los míos,
que son todos los Tiempos).
Él, verbo afluente y esencialmente raudal,
que llegó a la realización y decidió ser,
formando un río con su cuerpo y extendiéndose
por la palabra que recorre su espíritu;
de su verso hidrográfico fluye meditabundo,
mi pretensión es el ardor cosmogónico:
despertar un sincronismo entre los Hombres,
de tal desenvolvimiento, que dé poder al ALMA
de revelarse e instrumentalizar a la Rebelión.
Ser el Leufü espiritual, derramarme en el Pilcomayo,
desembocar en el Ysyry Paraguái,
seguir por el Ysyry Parana y de allí al Paranaíba;
volveré a ser carne y caminaré por Minas,
libertas quæ sera tamen, el eterno retorno me hará volar
y me salpicaré danubiano de pronto, como divina sangre
quizá, desembocaré en el Mar Negro, donde tanta Leyenda fue bautizada,
y luego de perderme en Nuevos Paraísos y perderlos para que así existan,
retornaré a las Cuencas patagónicas, andinas, rioplatenses
y las haré fulgir, solemnemente.