Palabras que burbujean como refresco (サイダーのように言葉が湧き上がる) (2021) Director: Kyōhei Ishiguro, Actores: Ichikawa Somegorō VIII, Hana Sugisaki, Megumi Han, Natsuki Hanae, Yuichiro Umehara, Koichi Yamadera.
Estrenada en el Festival Internacional de Cine de Shanghái, Palabras que burbujean como refresco es el proyecto por el décimo aniversario de Flying Dog, su estudio productor.
En una ciudad rural de Japón vive Cherry, un joven que trabaja como cuidador en una casa de día de ancianos; su afición es hacer haikus, lleva consigo un diccionario de palabras para cada estación y, cada que puede los publica en internet sin que nadie le haga mucho caso. Por toda la ciudad, sin embargo, están grafiteados los haikus que escribe, obra de un amigo suyo llamado Beaver que intenta aprender a escribir en japonés, nieto de uno de los ancianos a los que cuida. Un día, por accidente, se tropieza con una streamer famosa llamada Smile que lleva una mascarilla que la ayuda a ocultar sus dientes. Tras levantarse enojada, Smile recoge su teléfono y se va, sin darse cuenta de que lo ha cambiado con Cherry. Es el retorno se este teléfono, la declamación de un pequeño haiku en público y la búsqueda del disco extraviado del abuelo de Beaver lo que llevará a Cherry y a Smile a acercarse poco a poco el uno al otro, a ir descubriendo sus inseguridades y a, finalmente crear un vínculo que se siente como poesía, que nace de una canción perdida y, como su título dice, es efervescente, enervante, tierno e, inevitablemente, duce.
Con una animación preciosa y sumamente rica en colores, Palabras que burbujean como refresco es una historia de amor que se escapa de las convenciones normales del género en el sentido de que siempre parece que hay algo más grande o más urgente que la atracción que los personajes se tienen: es en pequeños momentos, en intercambios sutiles, que podemos ver lo que sienten el uno por el otro, y eso, junto con un enfoque muy realista en lo que ser inseguro de sí mismo se refiere, hacen de esta película una particularmente tierna que me dejó pensando en cuántas veces, cuando somos más jóvenes, no llegamos a sentir que nuestra mayor cualidad es una farsa, o que es inexistente, cuando a los ojos de otra persona eso que vemos nosotros mismos como imperfección es, más bien, lo que nos hace destacar.
Cherry, en una parte, compone un haiku que lo describe: Yamazakura / me gustan las hojas / que tú escondes.
El haiku es una parte central de esta película, y es una de las clases de poesía que más aprecio por lo que ha significado para mí personalmente.
Mi historia con el haiku es atropellada, lo conocí a los catorce años por una lección en un libro de español de la secundaria, eso fue en un tiempo en el que la poesía no me gustaba, quizá por eso el haiku, tan simple y complicado a la vez (una paradoja) se me hizo tan interesante, desde entonces buscaba consumirlos aunque, francamente, no estaba seguro de dónde buscar. Leí lo que Octavio Paz dijo de ellos, sus haikus, junto con los de Elena Poniatowska y José Emilio Pacheco, que realizó también hermosas traducciones de varias poetas japonesas. Sin embargo no fue hasta que leí a Kawabata hace unos meses que me di cuenta de que el haiku, con sus 17 sílabas y sus 3 versos, es una de las evocaciones más hermosas de la naturaleza, con sus partes aparentemente inconexas (más que nada las primeras dos líneas de la tercera), sus palabras temporales que deben cambiar con la estación, y el hermoso acompañamiento visual que debe tener la caligrafía con la acuarela del paisaje, que se cambia cada temporada junto con el té, con la decoración de la sala, con lo que alcanza a verse desde la ventana: las flores de cerezo y su caída hipnótica en primavera, el movimiento de los sauces en la brisa húmeda del verano, el suelo revestido de las hojas naranjas durante el otoño, y la nieve resplandeciente en el invierno.
Me permito dejar para ustedes cuatro haikus que me gustan mucho:
«En el cielo del Año Nuevo
mil grullas vuelan,
o así me parece».
Yasunari Kawabata.
«La vida no te dolería
si pensaras en que todo se asemeja
al cerezo silvestre
que en un día florece y se marchita».
Murasaki Shikibu.
«No distingo entre sueño y realidad
pero ¿en qué mundo voy a despertar
de este sueño terrible que es la vida?».
Akazome Emon.
«Por siempre verdes,
los pinos, sin embargo,
son más verdes en primavera».
Minamoto Muneyuki.
















