‘ lo sé, lo sé ’ apenas murmuró sin hallar un hueco en discurso opuesto, entre sacudidas de cabeza en negativa. quiso que esa respiración pesada encontrara liviandad y falló en su búsqueda ; mientras él más hablaba, su pulso reaccionaba con más ímpetu, alterando cada uno de sus nervios, desembocando una urgencia por vomitarlo todo. porque que finalmente aquello que era sinónimo de tempestad — expresarse, ser sincera, volverse herida abierta para él — resultó inevitable. no soportaba su propia vulnerabilidad, el exponer todo eso que era incómodo debido a la cantidad de certeza que enfrascaba y en consecuencia, aparecían las ansias por desaparecer, o que la tierra la tragase. era más sencillo hacerse transparente cuando reflectores caían sobre ella, pero entonces únicos fuegos que la observaban eran aquellos que rizzo tenía, en su mirada, la que parecía querer escapar de ella entre explosión y explosión. acción que, por supuesto, se tornó igual de insufrible. ‘ pero es que — dios. ese no es el puto punto, luciano ’ manos se movieron en el aire, agitándose de manera casi frenética. ‘ sé que te has disculpado, pero es que a veces hasta parece que me atacas a propósito ’ ahí no estuvo segura de lo que dijo, pero tampoco se trató de una idea distante a lo que alguna vez pensó de él. ‘ y sé que ese día estabas de pésimo humor, ya lo entendí y que — ’ él la interrumpió, tuvo que respirar hondo por lo tanto. lo dejó continuar y cada oración que le dedicó sirvió como combustible. ‘ ¡dije que no porque quería que me insistieras! ’ le devolvió, abandonó el reposo de la puerta y recuperó cada paso que había dado, sus pisadas fueron fuertes, el tacón de sus sandalias pareció también gritarle al italiano y aunque cierto tambaleo existió, no fue impedimento para avanzar. ‘ no me gusta tu maldito hermano, solo — ¿por qué te pediría su número, luciano? me habías hecho sentir que no existía, solo... solo quise jugar contigo y que me insistieras. porque te hubiera dicho que sí. hubiera ido si me insistías, ¡porque eso quería que hicieras! ’ continuó, prosas no fueron para nada cuidadas rasgaron su garganta, estallando una tras otra sobre lengua. calidez tiñó de carmín sus mejillas, su cuello, tradujo de pronto aquella frustración pinchosa y áspera, mientras extendió uno de sus brazos y señaló un punto a su costado que entonces fue ocupado por aquel balcón que jamás compartieron, a unos cuantos pasos de ella, tan estúpidamente asequible, y aún así, imposible de alcanzar. ‘ ¡y eso es a lo que me refiero! eras malditamente consciente de todo, de... — de — dios. eras consciente de que sí te interesaba y que yo no me estaba inventando nada, y aún así fuiste, y le mostraste nuestras conversaciones a ella ¿para analizarme? ¿para entenderme? ’ extremos hicieron alusión de caer sobre pecho opuesto al mismo tiempo que dobló mínimamente sus rodillas, no obstante, el ademán de sus manos se deformó hasta que índices se alzaron y lo señalaron a él en un vaivén contenido, rabioso. la humillación de antaño había regresado, dañando en consecuencia su último gramo de entereza. ‘ tú me pasabas y lo sabías muy bien ’ reprochó, porque aquello todavía era una espina en corazón y lo que siguió después no hizo más que enterrarla más hondo. sacudió su cabeza otra vez. cerró sus párpados cuando rizzo habló sobre lealtad y sobre cuidados, sobre cosas que supuestamente jamás le había entregado a él, negó porque italiano sencillamente estaba equivocado.
‘ luciano, ’ anheló su mirada, avanzó un paso más y ambas palmas cayeron sobre propio pecho, presionando paulatinamente, acariciando dermis expuesta. ‘ es que no me entiendes yo — yo...’ tragó saliva, mordisqueó sus labio, jugó a sosegarse solo para volver a descarrilarse segundos más tarde. fue angustia y desespero : ‘ yo soñaba con que me llamaras así. o como tú quisieras. lo hacía porque ya eras parte de eso ’ « de mí » ‘ — he tenido infinitas oportunidades para decirle a riven que tú me coqueteaste y generarte un problema enorme, pero no lo hice. siempre me hice cargo de toda esta mierda y cuándo river te golpeó, fui la primera en decirle que tú tenías razón ; ¡river no te hubiera dado una oportunidad si yo le hubiera dicho lo contrario! es que —... dios. eres tan frustrante ’ necesitó una pausita breve para ordenarse, lograr despejar algo de esa bruma que pareció abrazarla. ‘ te he sido leal desde que escuché por primera vez una de tus canciones, desde entonces solo te pensaba, te soñaba... ¿sabes cuántas veces te pensé cuando lo hacía con mi ex? ’ no supo si suelo comenzó a dar vueltas debido a un mecanismo oculto o si fueron las promesas que él volvió a quitarle lo que repentinamente impulsaron cada uno de esos giros. ‘ mierda. ’ murmullo entre dientes como un manifiesto de lo que fue un oprobio hacía sí misma, había pretendido que lo dicho fuera defensa a lo que entendió como un puñal, no otra de esas declaraciones mortíferas que él había comenzado a extirparle. y continuó poco después, escarbando, pidiendo más de lo que parecía tornarse pluma para músico. ‘ es que no — es que no entiendes nada de lo que estoy diciendo : tenía una página sobre ti, luciano. publicaba tus putas fotos y seguía cada movimiento de echoes. por ti. lo hacía por ti. ’ soltó aire por su nariz, apenas comprendió las promesas enredadas a lo que fueron certezas férreas. ‘ entiendo que yo solo soy una chica insignificante que te interesó un momento y no importó más en cuanto el amor de tu vida te hizo caso, pero tú no eres eso para mí — no, no lo eres. ’ una vez más acudió a sus cafés, creando apenitas una pausa de segundos mientras tomó una gran bocanada de aire. ‘ y ser yo la que no te elije es todo lo que puedo tolerar contigo... de verdad entiendo que para ti que seamos amigos es suficiente, pero no lo es para mí ’ lo vio callarse, fruncir su ceño y expresar aquello último con una decadencia que la descolocó por completo. ‘ ¡¿y qué quieres?! ’ exclamó dando un último paso hacía él, casi soltando cada palabra sobre su mentón. manos se elevaron a la altura de sus oídos entre tanto y por un momento quisieron ir hacia ¿mejillas? ¿cabeza? ¿cuello? opuesto, pero resultó ser una alusión. en su lugar, se desarmó. ‘ ¿no te escuchaste? ¡dijiste que no sería justo que hubiéramos ido por ese camino porque tú siempre estuviste enamorado de riven! ¿pero el que seamos amigos lo es? ¿en serio lo crees? ’ sus interrogantes se dispararon una a una, el blanco pretendido fue el entrecejo del castaño. ‘ ¿quieres que seamos amigos y yo haga a un lado todo esto y te vea a ti con ella y los aplauda? ¿qué los vea juntos y los odie y te odie muchísimo, pero que no me importe? ¿que pretenda como ahora? ¿eso es lo que me estás pidiendo? ¿lo que sería justo? ’ diestra ascendió añorando mandíbula masculina, apretarla, clavar sus uñas ahí mismo sobre mejillas, demandar su atención. ‘ porque me estás pidiendo que te odie por no elegirme y que te odie por hacerme sentir insuficiente. porque lo odiaría, luciano, como ya lo odio. odio verte feliz. odio verte feliz con ella. lo odio, lo odio, lo odio ’