Colectiva
En la hora que precedÃa al caos, emergió la construcción de conocimiento colectivo. Una incipiente sabidurÃa que dio vida a fantásticas soluciones para innumerables problemas.Â
Hombres y mujeres hicieron conciencia de sus ignorancias, de esa ilusión de profundidad explicativa. Vaciaron sus mentes de todo prejuicio, ideológia, sesgo de confirmación, interés egoÃstas o reverencia de séquito.
El recorrido del camino no empezó con propuestas o soluciones. Los deliberantes, se sumergieron con los que piensan diferente en la comprensión profunda de cada problemas. Concretaban el asunto a resolver, no subjetivas interpretaciones. Estudiaban sus causas raÃces, entornos, impactos, escenarios futuros, dimensiones, incentivos, desincentivos, propósito, y conexión con otros problemas.Â
Era un acto de humildad y empatÃa, donde cada individuo reflexionaba porque el otro piensa lo que piensa, siente lo siente, dice lo dice y hace lo que hace. Ingredientes necesarios para la agregación de conocimiento de calidad. Â
Activaron sus redes externas de procesamiento de conocimiento con expertos, inexpertos, dolientes, creativos, con locales o foráneos. Infinitos saberes en millones de mentes invisibles para antiguas estructuras sociales. Las universidades, con sus doctorados, profesores y alumnos se convirtieron en guardianes de la validación.  Â
La pregunta ¿Quieres tener razón o encontrar la mejor solución? fue atornillada en cada cabeza de los deliberantes. Un antÃdoto contra el ego, virus que habita en ocultos lugares del consciente, inconsciente y subconsciente.Â
 En ese proceso de discernimiento colaborativo, de reflexivos silencios, sin votaciones, se fueron entrelazando de forma natural, no una, sino varias soluciones superiores a las que nunca se imaginaron los deliberantes llegar.












