Sí esa relación con lo regional se conserva al tratar los fenómenos vitales del ambiente inmediato, entonces esos temas y hechos hallan tanto eco e interés espontáneo en nuestros niños, que causan un efecto de suspenso. Entonces se verifica la “apercepción emocional”. Si esa relación no se conserva el mundo emocional que acompaña a la intuición auténtica, si, pues, a la manera del “saber riguroso que no se preocupa por esa gravitación en el propio yo”, se niega toda relación emocional y significativa, entonces suprimimos precisamente ese “mundo propio” que, solo él, hace completa la intuición. Dice Kühnel: “Intuición es la suma de las percepciones posibles en una cosa, junto con los sentimientos acompañantes”. Y en forma similar se expresa Hildebrand: “El mero saber, el intelecto puro nos da sólo los contornos y la superficie de un objeto, nos lo da sólo como espectáculo exterior; el color, empero, y el aroma y el alma, o sea, la vida toda, la profundidad, nos son dados únicamente por la propia participación, vale decir, por el sentimiento, el corazón”.