Que les jodan.
Chascó los dedos a modo de broma, esperando que se abalanzara a ella o cualquier cosa por el estilo típica de Mickey. —Lilio es un apodo horrible, pareces un chino vendiendo flores. —se quejó. —¿Quiele lilio? Tle elos.—prosiguió, imitando al chino de las rosas. No pagaría a nadie para que lo dijera, pero quejarse por quejarse era uno de los hobbies favoritos de Lilith, sobre todo con la gente con la que tenía más confianza. Le daba rabia, ella lo sabía, lo estaba cabreando porque no tenía dinero pero, ¿qué iba a hacer? ¿Darle lo poco que tenía ahorrado? Tenía escasos 300 dólares que ya tenía con qué utilizarlos, no podía darle 250 al gilipollas de Mickey por hacer el gilipollas. 300 dólares que estaba ahorrando para comprar una nevera nueva, porque la que tenía la comida que conseguía la echaba a perder y no tenía arreglo, y él le iba a quitar lo poco que tenía para cualquier gilipollez. Y ahora se cagaba en a saber qué, seguramente en ella. Y claro que ella quería darle el dinero que pedía, pero no podía tirarlo, no tenía apenas para ella como para dárselo a él. —Mickey no puedo. —volvió a negarse mientras este, por fin, buscaba una alternativa. Y le dolió, la estaba tratando como una puta. Uno de sus mejores amigos, una de las personas a las que apreciaba más que a su madre la trataba como la puta cualquiera que con ellos se esforzaba en olvidar que era. Los ojos se le aguaron un poco, destrozándole parte de la autoestima, y estalló. —¡Eres un gilipollas! ¿Quieres tu puto dinero? Vamos a mi casa. ¡Pero como termine en el hospital por intoxicación ni se te ocurra visitarme! —gritó, pensando en que tendría que alimentarse de comida pasada si se lo terminaba dando.
Estaba empezando a notar un fresquito agradable. Uy, quizá eso era debido a estar completamente en bolas. ¿Por qué las ciudades no podían ser nudistas, al igual que las playas? Total, no es como si la mayoría de los habitantes del mundo no viesen porno y se la metieran por todos los huecos posibles que encontrasen. Algún día, cuando fuera un ciudadano modelo, firmaría un acta para que se permitiera el derecho de ir desnudo a cualquier parte. Hombre ya.--Ya le gustaría al chino decir eso.--repuso, riendo con agrado. Pero la risa se evaporó como el vaho de la sopa recién servida cuando Lilith le comentó sobre que no había dinero alguno para pagarle. Pues nada, todo perfecto. Cosa que hacía, y que le prometían, cosa que al final quedaba en una jodida mierda. ¿Qué de malo había que los cinco se juntaran y le pagasen? Si iban cortos de dinero, no era su culpa. Él estaba a dos velas. Y porque el señor Wong, el tipo del asiático, ya se había resistido en intentar prohibirle que le robara la mercancía a los repartidores que tenía contratados. Tenía que haber intentado ser comprensivo, puesto que sabía que Lilith vivía sola y aún era más duro apañárselas por sí misma. Pero él estaba cegado por su infantil rabieta, y no controlaba bien ni su propia lengua. Ya era tarde cuando se quiso dar cuenta de lo jodió, pero bien.--Lili...--pero su voz se apagó en un simple susurro al ver a la muchacha dañada por sus impertinencias. Cabizbajó, tuvo la decencia de taparse las pelotas después de hallarse todo el rato de esa forma--Lo siento. No quería... hacerte daño. Perdona, Lilio. Sabes que yo no soy así. Bueno, sí, soy gilipollas; pero no tanto para querer hacerte daño.--afirmó, mirándola con verdadera arrepentimiento.--Sólo quería el dinero porque dentro de poco Pau se gradúa y... no quiero que vaya con un vestido de la recolecta de la Iglesia, vale.











