Aquello le parecía una terrible idea, pero parecía tan empeñado en llevar a cabo su plan que tratar de convencerlo de lo contrario sería prácticamente imposible. En ese momento, quizá, era mejor idea dejarlo que se desahogara y evitar que algún comentario parecido llegara a oídos del Rey.
Tuvo que contener la respiración por un momento. No porque no tuviera razón, ese era el problema. Pero darle cualquier clase de confirmación podía llevarlo a tomar decisiones equivocadas.
— Creo que nuestras responsabilidades son más grandes que nuestros deseos personales.— Le costaba trabajo encontrar las palabras adecuadas en ese momento.— Hay cosas que se esperan de nosotros. Cosas que deben hacer por el bien de todos. No estoy diciendo si es justo o no, simplemente así es como son las cosas.
Intentó con todas sus fuerzas que su rostro no reflejara lo que estaba golpeando su pecho. Jamás imaginó que Lady Dawlish no correspondiera a sus sentimientos. Al menos que estuviera sólo intentando calmarlo, pero le parecía poco probable.
—Lo entiendo, no hace falta que diga nada más y lamento haberla involucrado en esta situación. Es libre de ignorar mi propuesta anterior para ser quien acompañe a la princesa de Dorne cuando llegue a Red Keep.
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No tenía mucho rato que Alice y Elijah se había ido. Llevó de regreso a Eliza con ellos además de darles su pase para que pudieran sacara los niños de la guardería. Por suerte la pelea de su hermana y Harriet no escaló a más, pero su discusión fue más que suficiente para terminar con cualquier esperanza que tuvieran sobre el tratamiento.
Ir ella misma a la habitación de los gemelos no era la mejor idea. Tuvo que pedir a alguien más que fuera a asegurarse que no necesitaran nada. Estaba esperando a una distancia apropiada cuando vio pasar a Fabian que parecía tener toda intención de ir a verlos. En ese momento era la peor idea, así que lo detuvo del brazo.
— Claro que puedo, y lo haré. Las dos pelearon en la oficina de mamá y tenemos suerte de que solo se hayan gritado la una a la otra.— Por un momento creyó que las cosas escalarían, razón por la que sacó a los niños del lugar.— Y ya no hay plan, por cierto. Porque ahora no habrá forma de convencer a Alice de darnos una muestra para los estudios.— No le sorprendía la reacción de su hermana. Sabía que era un tema con el que debían ser cuidadosos pero el que Fabian se apresurara y hablara incluso antes de tener la autorización de su madre alteró todos los planes que tenían.
Miró a Phanie con los ojos muy abiertos, apenas y podía creer que todo eso estuviera pasando. La certeza de que él era responsable de la chispa que inició ese conflicto pesaba en su pecho como una enorme carga.
—Ya se que no solucionaré nada con esto pero en serio lo siento. Me siento responsable y yo mismo intentaré buscar una solución a esto. Quizá un niño que demostrara poderes desde muy temprana edad podría ser útil aunque ahora ya sea adulto. Incluso Lizzie, su magia siempre fue muy especial y difícil de explicar pero ni de cerca tan intensa como la de Eliza. Buscaré en los registros algo que pueda ayudarnos y le tomaré muestras a Lizzie. No voy a rendirme con esto.
La mañana de Navidad siempre era motivo de celebración en la casa del ministro. Muchos podrían decir que él mismo disfrutaba más que sus hijos pero nadie tan de primera mano como Elizabeth. Le gustaba ver el brillo en sus ojos mientras los pequeños bajaban corriendo hasta el árbol de Navidad, alertados por su padre que llamaba a sus habitaciones como si avisara de una alerta de terremoto.
Shawn y Alice ya habían formado una pequeña montaña de papel de regalos a un lado del sillón. Ambos estaban sentados en el piso, rodeados de cajas abiertas, fascinados por lo que encontraban en cada una.
—¡Es exactamente el que pedí! —exclamó Shawn, levantando su regalo como si necesitara que todos los presentes lo confirmaran.
Alice asentía con una sonrisa amplia, concentrada en algo nuevo que no había pedido, pero que le encantaba igual. Una caja sin tarjeta que contenía un nuevo set de LEGO. Sin duda alguna de parte de su abuelo Nevile que sabía cuánto le gustaban.
Sus padres los observaban desde la cocina, con una taza de té en mano, sus sonrisas reflejaban a la perfección esa mezcla de orgullo y alivio tan típica de esas fechas en las que todo parecía más simple pues se reducía a celebración y deseos cumplidos.
—Se portaron muy bien este año —comentó Lizz—. Ayudaron en la casa, compartieron entre ustedes. Aunque encontré algunos calcetines fuera de lugar, yo diría que hicieron su parte.
—Santa sabe esas cosas —añadió Dick, medio en broma, medio en serio, agitando el dedo índice.
Para Shawn y Alice, la ecuación parecía clara: pedir, hacer lo correcto, recibir. El mundo, al menos esa mañana, funcionaba exactamente como debía.
En la casa frente al lago, Fabian sostenía una caja que ya había abierto y vuelto a cerrar. No era pequeña como para no lograr impresionarlo. No era inútil como para decepcionarlo por completo. Pero no era eso que había pedido. Harriet, sentada a su lado, comparaba su regalo con la lista que había hecho semanas antes.
—No es exactamente el color —dijo ella sosteniendo su nueva lechuza de peluche—, pero está bien. Se parece mucho.
Sonrió, y con eso pareció dar el asunto por cerrado. Era inútil discutir y ella lo sabía, vivían en un equilibrio delicado y cualquier cosa podría romperlo. Esa mañana decidió que no sería ella la causante.
Fabian no dijo nada. Miró a su padre, Albus, que leía el diario El Profeta en el sillón frente a ellos, como si eso requiriera toda su atención y no ellos que estaban en la misma habitación que él.
—Seguramente lo que pediste no era una buena idea —dijo finalmente Albus, sin dureza en la voz—. Santa sabe cosas.
Fabian asintió, porque eso era lo que se hacía. Porque tampoco quería arruinar la mañana. Porque a veces uno aprende muy pronto que es mejor guardar ciertas emociones en silencio. O al menos eso creía.
Esa Navidad pasó. Pasaron muchas más.
Los regalos de la infancia se olvidaron, pero no del todo. Algunas decepciones se quedan como una nota mental, en el caso de Potter, la certeza de que aquellas pequeñas ilusiones eran importantes para él, aunque nadie más lo viera así.
Años después, en ese departamento pequeño y con luces cálidas colgadas sin mucha simetría, Fabian volvió a sentarse frente a un árbol. Ya no era un niño, y la mañana era más tranquila. Sería la primera Navidad que pasaría con April en el lugar y se había esforzado por decorar aunque estaba claro que las celebraciones de verdad serian en casa de su abuela Molly o incluso en la de su madre, Elizabeth.
Lucy le extendió una caja envuelta con cuidado.
—Ábrelo —dijo—. Sé que lo querías desde hace mucho.
Dentro estaba ese set de Star Wars. No idéntico a la idea infantil pues ahora incluso se veía pequeño en sus manos, pero se sintió como algo encajaba por fin. Fabian se quedó en silencio unos segundos, no por sorpresa, más bien permitiendo que ese sentimiento lo llenara por completo.
—Pensé que era una tontería. Me esforcé en no sentirme mal por no recibirlo pero nunca con suficiente éxito —admitió.
—No lo era, no era una tontería —respondió Lucy—. Solo eras un niño. Y los deseos de los niños son los que más cuentan.
Fabian sonrió. No porque el pasado se borrara, sino porque entendió algo distinto en ese momento, puede que no todo llega cuando lo pedimos, ni de quien lo esperamos. A veces hay que crecer, insistir, sostener lo que uno desea y hablar de lo que sentimos, sin intentar minimizar su importancia por hacerle la vida más fácil a alguien más.
Esa Navidad no reparó todo. Pero confirmó algo esencial en él. Valía la pena identificar lo que importa y no soltarlo, incluso si parece mínimo, incluso si tarda años en llegar. Y no hablaba de sus bloques, sino de ella. Lucy que sin importar lo pequeños que fueran sus anhelos desde niño, estaba seguro que se esforzaría por ayudarle a cumplirlos.
Y eso, pensó Fabian mientras miraba las luces, era el verdadero regalo.
Se sentó un poco más erguido en su silla. Nunca lo admitiría en voz alta pero ese volumen y tono de voz que estaba usando Fabian lograba molestarlo lo suficiente para querer irse del lugar. Sus intentos por mantener la calma al momento eran exitosos pero no estaba seguro de qué tanto tiempo podría continuar.
Se aclaró la garganta, empujándose hacia atrás para levantarse de la mesa.
— Bueno, estaré a sólo un mensaje de distancia por si necesitan ayuda. Si prefieren elegir las cosas de la compra supongo que puedo conformarme con ayudar en la mudanza el sábado. Estaré ahí temprano— dijo acercándose a Lizz para despedirse de ella con un beso en la mejilla. Era algo a lo que quizá no se negaría estando en público.
— Eso no será necesario, los tres podemos encargarnos de la mudanza.— Definitivamente la presencia volvía todo mucho más complicado. Si bien en un principio se había esforzado porque estuviera presente y se involucrara, ahora sabía que no solo no tenía sentido, sino que lo mejor en ese momento era que él estuviera lejos.
Se alejó en cuanto se dio cuenta que planeaba besar su mejilla. No quería que Albus se hiciera ideas erróneas y pensara que todo eso era simplemente pasajero y volverían a la misma dinámica de siempre en unos días. Había tratado de convencerse a sí misma que las cosas saldrían bien, pero el que los niños estuvieran ahí eran prueba de que se equivocaba.
— Si no comerán un poco más, hay que guardar la comida que sobró.— Dijo una vez que Albus se fue del lugar. Ella debía volver al trabajo y quería dejar a ambos de regreso en la biblioteca buscando evitar que demasiadas personas pudieran verlos.
— Exacto. No te necesitamos.— Quería dejarle claro que no solo se refería a la mudanza. Su presencia no era requerida para absolutamente nada, al contrario. Mantenerlo lejos de su madre era la única solución que tenían.— Nosotros empacaremos y llevaremos las cosas, así ella no tendrá que hacer nada. Me imagino que debe ser un concepto completamente desconocido para ti.— Durante el poco tiempo que llevaban en el lugar había quedado más que claro que en general él era una carga para su madre. Como si no tuviera ya bastante en su plato.
— Nosotros lo haremos, no es necesario que te levantes.— Rápidamente se puso de pie para guardar las sobras de la comida en sus respectivos contenedores. No fue hasta que todo estuvo listo que se acercó a su madre ofreciéndole su brazo para ayudarla a ponerse de pie y acompañarla de regreso.
Ciertamente era un poco doloroso tener que ver esa actitud de su padre. Albus en casa siempre fue lo mejor que podrían desear, pero ser testigos de primera mano de cómo trataba a su madre, comenzaba a endurecer el corazón de Fabian.
Permaneció sentado por un instante más, dejando que el murmullo de la incomodidad de Albus y su partida fueran el telón de fondo de la victoria silenciosa de su madre y su hermana. Observó cómo Alice guardaba las cosas y se apresuró a ayudar. Se sacudió las manos cuando terminaron por fin y sujetó a su madre del brazo contrario. Quería que sintiera que definitivamente no estaba sola y que llegado el momento ayudarían a que fuera ella quien se quedara junto a ellos.
—Vamos. Cada minuto que estamos aquí es un minuto menos que estamos asegurando que el futuro sea exactamente como debe ser. Y sin interferencias innecesarias de Albus. Ya quiero ir a llenar esos carritos del supermercado. Extraño mi cereal con malvaviscos.
Iba por el pasillo cuando escuchó reír a la bebé, pero tan pronto sucedió varias mariposas pequeñas aparecieron. Definitivamente era magia demasiada avanzada para una bebé tan pequeña, podría casi asegurar que sería de ayuda para la investigación pero el haber actuado de manera tan precipitada volvería todo un reto el que Alice y Elijah confiaran en que Eliza estaría segura durante las pruebas.
Los siguió de regreso a la sala sin mencionar nada sobre lo que acababa de pasar, pues solo volvería más tensa la situación. Tampoco dijo nada al ver a Alice comer pastel, pues era prácticamente uno de los pocos postres que se negaba a comer.
— Gid no te pongas de cabeza, te vas a caer.— Verlo colgado sobre el respaldo del sillón la obligó a salir de sus pensamientos. Si querían tener alguna oportunidad lo mejor era dejar que los ánimos se enfriaran antes de volver a mencionar el tema de las pruebas en la bebé, aunque solo fueran a necesitar cabello o un poco de saliva.
Regresó al hospital despues de pasar la hora del almuerzo con Lucy, pasó rápidamente a la guardería sólo para que le informaran que tanto sus hermanos como la pequeña Lizzie fueron recogidos por Alice y Elijah. Aunque quisiera ir a alcanzarlos a su casa o a la de sus suegros, todavía tenía que ir a revisar a los gemelos de Harri. Habían pasado casi seis horas desde la última vez que los monitorizaron.
Se encaminó hacia las habitaciones pero un tirón en su brazo lo hizo detenerse. Miró a su costado para encontrarse con Phanie, que se veía inusual. Tardó unos pocos segundos en notar que estaba molesta.
— Oye, en verdad lo siento... Fui un completo estúpido por arruinar la presentación del proyecto con Ally pero no puedes estar molesta conmigo, tenemos que pensar en otro plan— dijo rodeándola con su brazo, bastó esa mirada de su hermana para sentir mal de nuevo.
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Había escuchado hablar a sus padres sobre el torneo y lo que el Rey pretendía lograr con él. No le parecía del todo ideal el que la finalidad del evento fuera encontrar a alguien con quién comprometer a la princesa, pero mencionar eso en ese momento no era precisamente de mucha ayuda.
— No creo que hacer eso sea la mejor idea, podrías meterte en problemas.— Y no solo a él, también a su padre. Además, estaba algo que aún no sabía cómo mencionarle. Si su hermano se quedaba en la ciudad, entonces ella debía volver al Norte y hacerse cargo de la Isla del Oso, donde seguramente a ella le arreglarían su propio compromiso. Sin embargo, en su opinión, lo peor de todo sería quedarse y tener que permanecer cerca de quien fuera a convertirse en la esposa del príncipe. El quedarse cerca en esa situación no era algo que pudiera prometer.
— Pero no pienses en eso ahora. Sé que es algo que tarde o temprano pasará pero no tiene caso preocuparnos con antelación.
— Si su padre la ama como dicen, entonces no dejará que se case con un imbécil. Creo que al menos puedo intentarlo.
Probablemente Lucy tenía razón y no era la mejor idea comportarse de esa forma con la princesa de Dorne, pero no tenía muchas alternativas.
—Sólo soy un segundo hijo, no importa que mi padre sea el rey. Si no voy a tener el trono al menos me gustaría tener el corazón de la chica que he amado desde siempre— volvió sus ojos hacia ella, apenas teniendo tiempo de rogar en silencio que no se miraran demasido vidriosos—. ¿Me equivoco al pensar que sientes lo mismo por mi? Sólo tienes que decírmelo. Si no es el caso, aceptaré mi destino sin decir nada más.
— Por supuesto que me doy cuenta, Lizz mírame estoy temblando — dijo extendiendo una de sus manos hacia ella, para que pudiera verlo—. No tenía idea de que ella estaba suplantando a su hermano. Es demasiado grave, incluso podrían expulsarnos de la federación porque va en contra de todas las reglas.
Dejó escapar un pesado suspiro. Aquello no era importante en ese momento, lo único que deseaba es que su hija despertara, que Elizabeth pudiera comprobar que estaba bien y después anunciarle la maravillosa noticia que le habían dado los sanadores.
— Lo único que quiero es que ella esté bien, que sea feliz, que esté a salvo. Ally sabe todo lo que ha costado este sueño y no hablo del dinero. Debemos darle la oportunidad de explicarse, estoy seguro de que no hubiera arriesgado todo sin una buena razón— dijo estirándose para tomar una de las manos de su esposa.
Fue interrumpido por un pequeño sonido, casi imperceptible pero que conocía bien. Cuando Alice era recién nacida él debía estar atento para identificar cuando se despertaba y poder ofrecerle su biberón antes de que llorara, antes de que pudiera despertar a Fabian también. Se acercó a la cama sin soltar a Elizabeth, para ver a su primogénita parpadear, acostumbrándose a la luz de la habitación.
— Bienvenida de vuelta, mi amor. Estábamos muy asustados — exclamó en voz baja intentando mantener la calma todavía.
— ¿Podrían apagar la luz?— No era raro que sus padres fueran a su habitación a despertarla, pero nunca lo hacían encendiendo las luces que, además de molesto, no ayudaba con su dolor de cabeza.
Aunque eso era sumamente confuso. No entendía el por qué del malestar. Pasó una de sus manos por su rostro. Fue entonces que se percató de los monitores que tenía, además de los sonidos extraños que se escuchaban cerca de su cama. Eso fue lo que terminó por obligarla a abrir los ojos, pero solo la dejó aún más confundida.
— ¿Dónde estamos...?— No tenía sentido, era fin de semana carrera, y se trataba de una importante, no había tiempo para estar enferma...— Oh no...— Murmuró, cuando por fin se dio cuenta. Le había tomado unos segundos el centrarse y recordar lo que había sucedido. Seguramente estaría en problemas, Muy muy grandes problemas.
Le golpeó la mano que le mostraba, aún bastante molesta por todo ese engaño y lo que pudo haber ocasionado. Además estaba Fabian, iba a hablar seriamente con él e incluso con Elijah por prestarse a hacer algo tan arriesgado.
— La razón es que siempre la alentaste a hacer este tipo de cosas.— Desde que los gemelos eran bebés había quedado claro cuál de los dos había heredado el espíritu impulsivo de Albus, quien a veces olvidaba que debía poner límites en lugar de alentar a Alice a hacer cosas tan arriesgadas como suplantar a su hermano en las carreras.
Un sonido suave que venía de la cama llamó su atención. Parecía que al fin iba a despertar.
— Hola, mi amor...— Le preocupó el que preguntara en dónde estaba. Eso podía significar que no recordaba lo que había pasado.— Oh sí, tienes mucho que explicar.— Por su reacción y la expresión en su rostro, podía adivinar que la confusión al despertar solo había sido momentánea. — ¿Cómo te sientes?
Había sido extremadamente complicado no contarle todo a Lucy mientras viajaban al hospital. Estaba demasiado nervioso no sólo por su hermana, también por la inminente posibilidad de que todo se descubriera. No estaba seguro de cómo lo tomarían todos, si los ayudarían a ocultar la verdad al menos hasta el término de la temporada o simplemente los obligarían a confesar.
— Gracias... — susurró a Lucy antes de entrar a la habitación. Elijah se veía devastado, pero no intentó advertirle nada así que lo tomó como una buena señal, hasta que cerró la puerta y vio que su hermana había despertado. Aunque la mirada que le devolvió desde la cama, lo hizo tener conciencia de que quizá él tampoco ya no se veía como pensaba.
— Oigan, yo sé que es muy complicado lo que está ocurriendo pero sólo quiero que sepan que los amamos por supuesto y que nuestra intención nunca fue que Ally resultara herida.
Miró alternadamente a su padre y a su madre, intentando decidir si estaban molestos o sólo preocupados. Apostó por la segunda opción.
— La verdad es que fui un cobarde, los únicos circuitos que pueden con mis nervios son los callejeros y era la única que podía reemplazarme. Ni siquiera Sebastian estaba en forma lo suficiente para ganar. Sólo quería lo mejor para el equipo, esta fue mi idea. ¿De acuerdo? Si van a culpar a alguien, debo ser yo.
Ir al autódromo la ponía muy nerviosa pero aún así intentaba estar presente en las carreras tanto como sus horarios se lo permitieran. No se trataba solamente de lo emocionado que estaba su papá con el equipo ni que su hermano trabajara dentro de la escudería. Fabian había logrado obtener su licencia y era uno de los pilotos.
El sonido de los motores en el garaje la abrumaba, así que acostumbraba ver todo desde el palco, normalmente acompañada por su madre, tía Lizz y Alice, aunque ella normalmente estaba enfocada en la pantalla haciendo anotaciones como en ese momento. Sabían que estaba trabajando así que no la interrumpían.
Mientras más se acercaban a la vuelta final más ansiosa se sentía y al ver la bandera de cuadros no fue la única que se levantó de su asiento para celebrar. Como siempre pasaba, al terminar bajó con el resto del equipo, esperando celebrar con Fabian que aún no había bajado del monoplaza. Fue entonces que su hermano entró en su campo visual, corriendo a toda prisa para ayudarlo a salir e incluso quitarle el casco. Frunció ligeramente el ceño al verlo pasar su mano por su cabello. Últimamente la actitud de su hermano la tenía algo confundida y no sabía cómo abordarlo.
Los dos salieron corriendo junto con Alice, probablemente a los vestidores. Sería un tanto imprudente seguirlos así que esperó junto con el resto de su familia hasta que estuvieron de vuelta.
— Espero que haya tiempo para una felicitación rápida antes de que tengas que subir al podio.— Dijo cuando finalmente pudo acercarse a Potter, antes de que tuvieran que llevárselo de nuevo.
—¿Cómo que sólo una felicitación rápida?— dijo al volver al garage, con su traje de piloto y la gorra de #1 que usaría en el podio. Se había perdido la reunión con Charles y Trev en la sala de descanso pero aún tenía tiempo de llegar al escenario antes de que lo llamaran.
Tomar como propia la victoria de su hermana no exactamente lo que gustaba, pero ese día en particular estaba igualmente feliz porque todo había salido bien, a pesar de que su madre había llegado por sorpresa a presenciar la carrera. Era un pequeño triunfo de algún modo.
Colocó sus brazos alrededor de Lucy, estrechandola contra su pecho y decidiéndose a besar su mejilla en el último segundo.
Elijah se había quedado con Alice o eso creía, hasta que sintió que le puso una mano en los hombros, arrastrándolo para ir al podio.
Contagiado por su alegría, le pasó un brazo por el cuello y caminaron juntos. Se volvió justo antes de dejar el garaje para despedirse de Lucy con un gesto de la mano.
— Si te deja más tranquilo, podemos buscar información en la biblioteca.— Si era honesta no le intrigaba del todo el cómo es que se había llegado a ese acuerdo, al final de cuentas era lo normal en esos casos pero entendía el por qué Fabian se sentía de esa manera y el ir a buscar información parecía la mejor opción para distraerlo por un rato.
— Bueno, técnicamente tu padre va a decidir quién será el consorte para Alice.— No era justo realmente, pero así era como se había hecho siempre. Hizo su mejor esfuerzo por no reaccionar a lo que dijo. Sabía que eso nunca podría ser y no tenía sentido torturarse a sí mismos.— Algunas cosas son más grandes que nosotros.— Respondió después de algunos segundos, encogiéndose de hombros. Entendía que tenía un deber que cumplir con el reino. No le agradaba, pero lo comprendía.
— Pero al menos puede elegir. Mi padre la adora así que la dejará al menos escoger entre algunos candidatos. En cambio yo tengo que unirme a alguien a quien ni siquiera conozco. Es injusto... — dijo sujetándose la cabeza, escondiendo su cara entre sus manos e inhalado profundamente, haciendo todo lo posible por no soltarse a llorar.
— Sólo promete que estarás conmigo. Supongo que ella necesitará compañía y aunque alguien de su casa venga acompañándola, no será raro que una doncella de nuestra propia corte esté alrededor. Quizá si logro convencerla de que soy un cretino, no me quiera y haga que su padre rompa el compromiso.
Sopesó por un momento todas las opciones que creía tener a su alcance y rápidamente como si se tratara de una estrategia de carrera, el plan se reveló ante él.
—¿Sabes una cosa? Haremos todo. Veré que traigan a tus hermanos con el pretexto de que si Charles y tú... Bueno si él y Fab acaban en el podio, nos darán ya el trofeo de Constructores. Traeré lo que queda de One Direction y el mejor barista de Las Vegas para que sirva lo que a tía Lizz se le ocurra. Le pediré a Lucy que se quede cerca para vigilar a los niños y no sería raro que entonces tú o mejor dicho Fab con tu apariencia no hablara mucho porque estará viendo la carrera— dijo sin poder evitar agrandar su sonrisa. A veces mantener la calma traía grandes beneficios. Como ese plan a todas luces, infalible.
— ¿Si? Querrás decir cuándo.— Estaba completamente convencida de que lograrían hacerse del trofeo en esa carrera. No había espacio para dudas en ese momento. Por esa misma razón era sumamente importante que fuera ella quien corriera; no podían ser muy precavidos, cosa que Fabian sí era. A diferencia de ella que era más impulsiva, su hermano era mucho más mesurado.
— Tengo mis dudas respecto a que puedas reunirlos con tan poco tiempo pero igual me gustaría verlo.— Cualquier cosa que pudiera distraer a su madre era bien recibida.— Solo hay que hacer que se siente frente a los monitores, así ni mamá ni nadie más lo va a interrumpir.— Las pocas veces que no corría le gustaba tomar anotaciones para las juntas con patrocinadores y el resto del equipo que pudieran tener esa semana. En ese aspecto, su padre no limitaba su participación.— Saldrá bien.— Concluyó en voz alta, aunque lo decía más para convencerse a sí misma. No había espacio para errores en su plan.
Miraba de reojo a su madre y a sus hermanos mientras fingía estar completamente inmerso en la carrera. Afortunadamente Alice solía usar camisetas del equipo y pantalones vaqueros los días de carrera por lo que su atuendo no llamaba la atención.
Aunque se sentía extraño estar mirando una pantalla y no estar dentro del auto, sabía que era una carrera sumamente importante. No habrían llegado hasta ese punto en el campeonato sin la participación de su hermana y a pesar de que al final probablemente él o Charles serían los que irían a levantar el trofeo de pilotos, al menos el de Constructores podrían compartirlo incluso con Sebastian que también se había esforzado mucho durante los últimos meses.
Cuando la bandera a cuadros ondeó en lo alto, se apresuró a bajar al garage. Bastaría una visita rápida al vestidor y podrían cambiar de lugar bebiendo el sorbo de poción que tenían para revertir antes los efectos de la Multijugos. Y entonces todos podrían esperar junto al podio que Elijah y Charles bajaran con el trofeo. O incluso subir todos si se omitía el protocolo.
—¡Lo hiciste fantástico! Todo fue increíble, casi salté de mi asiento una docena de veces— dijo sin recordar que debía ajustar el tono de su voz, que en automático se hizo un poco más aguda con la imagen que tenía frente a él. Carraspeó al darse cuenta que no era el único que miraba a Ally con su apariencia, ser asistida por Elijah para sacarse el casco. Dawlish había pasado una de sus manos por su frente, ayudándola a despejar el cabello que le caía en los ojos y que comenzaba a tornarse más rubio de lo habitual.
—Deberíamos ir atrás para que te refresques antes de subir al podio... Fabian... — dijo recalcando cada sílaba de su propio nombre.
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— No lo sé, pero podemos intentarlo.— Respondió, tratando de sonreír y animarlo un poco aunque ambos sabían que así se escondieran el resto de la semana, el Rey no cambiaría de parecer. No dejaba de hablar del torneo y lo que quería lograr durante la celebración.
No quiso mencionar que era casi la misma edad que tenía la Reina cuando dejó el Norte para mudarse a la ciudad y estar cerca del Rey, cosa que seguramente también pasaría para él. Trataba de no pensar al respecto: el cómo tendría que ser verlos a diario sabiendo que no había nada que pudiera hacer para cambiar las cosas.
— Seguramente debe ser muy agradable si la eligieron.— Pero si había algo que sí podía hacer era intentar que las cosas fueran más sencillas para Fabian y acompañarlo tanto como se lo permitiera sin que fuera considerado inapropiado.
Suspiró pesadamente, mientras pateaba algo de polvo con sus botas. Nunca estaba seguro de sus movimientos cuando estaba especialmente contrariado.
—La verdad es que escuché una conversación entre el maestre Scamander y mi madre. Creo que no es toda la historia pero sé que ella tuvo que acceder a todo esto porque estaba en deuda con el príncipe de Dorne. Estuve atando cabos y seguramente esa batalla en el Norte antes de nuestro nacimiento tuvo algo que ver. Es un lugar muy lejano para que soldados dorniences estuvieran ahí por casualidad ¿no lo crees?.
Se pasó una de sus manos por la cara, corroborando que había algo de liquido en sus ojos. Algunas veces odiaba sus reacciones a momentos así.
—No lo hicieron con Alice porque es demasiado importante quién compartirá el trono con ella. Es injusto que yo tenga que aceptar lo que mi madre decidió sólo por no ser el primogénito. Si yo fuera el futuro rey... Bueno, estoy seguro de que tú estarías a mi lado, como mi reina. No volveré a decirlo si te ofende. Pero es lo único que siento en mi interior. No me importa nadie más. Pero sólo soy el segundo hijo de mi padre. Sólo eso. No hay nada que pueda hacer al respecto.
— Si todos dicen lo mismo entonces no creo que sea necesario seguir con toda esa historia de la adopción.— Cosas peores se habían visto en la familia. Tener una bebé a esa edad no era nada de el otro mundo.
En retrospectiva, ahora cobrara mucho sentido el por qué Fabian no lucía realmente como ellos, o ni siquiera como sus hermanas. Harriet lucía como su papá e incluso le encontraba más parecido con Alice en más cosas que solo el aspecto físico y April lucía como su madre. Después estaba Fabian que a pesar de ser primos no eran muy parecidos.
— Siempre hay una primera vez para todo.— Contaba con que la distraída forma de ser de Fabian fuera de ayuda para que no comenzara a sospechar sobre la verdadera razón por la que no iba a beber nada esa noche.— Creo que va a ser mejor si no hablamos de Derek al menos por hoy.— Además de estar del lado de su padre por alguna razón, le había dicho que dejara en paz a Stephanie y ya no estuviera fastidiando a Timm, cosa que no le causó mucha gracia.
Levantó una ceja, un poco escéptico. Aunque él y Alice al principio no era muy asiduos asistentes de las legendarias fiestas en la torre de Gryffindor, sabía que su prima no rechazaría una bebida normalmente. Quizá quería causarle una buena impresión a su madre. Se mordió la lengua antes de decirle que eso definitivamente no era necesario. Aún podía recordar la primera vez que convivió con los padres de Lucy.
—De acuerdo, nada sobre Derek hoy. Creo que también es buena idea no mencionar a Sebastian ni a Ellie. Aunque no puedo asegurar que eso se mantenga el resto de la noche.
Desvió la mirada de Fabian pues sin estar consciente del todo, lo había escuchado con cierta atención. Era increíble cómo su voz sonaba casi como la de Lizz pero a la vez mucho más profunda. Y por supuesto, los ojos eran idénticos a los de ella. Eran esos pequeños detalles que volvían imposible la posibilidad de que esos chicos estuvieran mintiendo. Ni siquiera se atrevía a mirar a Alice con la que estaba seguro que él mismo compartía muchos rasgos.
— Claro, lo entiendo. Pero no quisiera separarme por completo de Lizz ni de los bebés. Si están de acuerdo podemos vernos en territorio neutral… No lo sé, quizá el cine porque supongo que no es correcto del todo venir aquí. Y por supuesto me encargaré de llenar las despensas. Todo estará listo para cuando lleguen. La mayoría de los muebles están en su sitio, sólo deben desempacarse.
La idea de tener una casa más grande había servido como distracción algunos días para todo el hecho de que muy pronto se convertirían en padres. Mucho más para él como se podía intuir con solo mirarlo. Llenarla de muebles y elegir colores para la paredes también había servido para entretener a Lizz al menos por algunos días.
— Está bien, ya nos las arreglaremos.— Le dio un ligero apretón en la mano a Alice tratando de transmitirle un poco de tranquilidad. Estaba a la defensiva con Albus y parecía que cualquier cosa podría hacerla explotar. No quería exponerla de esa manera y que Albus pudiera terminar respondiéndole algo de lo que pudiera arrepentirse después.
— No creo que sea buena idea que los vean en público.— Por supuesto debían ser precavidos, pero el no querer estar cerca de Albus era su principal razón para declinar. En esos últimos meses se había convertido en una persona completamente diferente, especialmente cuando se molestaba, lo cuál pasaba cada vez más a menudo y comenzaba a asustarla. No quería que los niños lo vieran perder la compostura y se convirtiera en algo más grande.
— Y podemos ir de compras cuando salga. Necesito algunas cosas de todos modos.— Albus encargándose de llenar la alacena sonaba demasiado fantasioso. Siempre se encargó de las compras y eran pocas las veces en las que él la acompañaba pues la sola idea de tener que ir lo aburría. Eso sin contar que prefería encargarse personalmente de todo lo relacionado con la mudanza. Asegurarse que dejaría todo listo para los niños para cuando llegara el momento y tratar de hacerles todo más sencillo.
— Alguien tiene que serlo o dirían que vivimos en la cueva de un troll. Si no fuera por mí, encontrarías su ropa interior hasta en la sala.— Explicó, poniendo su atención en su madre. No tenía el mínimo interés en tener alguna clase de conversación con Albus. Desde que llegaron había comenzado a llamarlo de esa manera. Su mente no podía concebir que esa persona se tratara del hombre que se convertiría en su padre.
— Ella no está de acuerdo, así que no lo creo.— Quería dejarle lo suficientemente claro que no iba a poder presionarla hasta ceder y que pudiera seguir fastidiándola. Por lo que sabían, ahora más que nunca era necesario que su madre descansara y estuviera tranquila, no dando vueltas por la ciudad solo porque Potter así lo quería.
— Nosotros nos encargaremos de conducir, empacar y hacer la compra, no necesitamos ayuda extra ni que nos estorbes intentando ser útil.— Cualquiera de los dos podía ir a comprar las cosas necesarias para la casa mientras el otro se quedaba haciéndole compañía a su madre. No necesitaban la intervención de él y se lo repetiría las veces que fuera necesario para que lo comprendiera.
Sabía que en cualquier momento todo en esa mesa podría explotar. Y no sólo de manera figurativa. Intentó ignorar el latido desbocado de su corazón y tomó un sorbo del vaso frente a él. No había notado que era un café demasiado fuerte, incluso para su antigüo yo.
—Aunque sea extraño admitirlo estando tan lejos de casa, lo único cierto es que nos hemos mantenido en una pieza gracias a ella— dijo dirigiéndose a su hermana, advirtiéndole con la mirada no contradecir sus palabras—. Sé que no es lo que quisieras que ocurra con tus bebés. Los dos tienen que entender que estamos aquí con el único objetivo de que ellos lleguen a salvo. Idealmente queremos que ambos estén en sus vidas. Pero si no eres suficiente, entonces sabemos que ella lo será.
Su mirada iba entre Lizz y Albus, intentando mantenerse lo más serio posible.
— Aún tenemos unos minutos antes de tener que irnos.— Le dio un apretón de mano, tratando de transmitirle un poco de confianza. Desde la noche anterior había estado un tanto ansioso y no era para menos. Había decidido que lo mejor era que ella condujera el auto ese día. Quería llegar antes de Potter al lugar. Quizá era una tontería pero se sentiría más segura de esa manera.
Sin soltar su mano aún, lo llevó de regreso al sillón de dónde prácticamente había saltado cuando entró a la casa.
— Creo que lo mejor en situaciones así es arrancar la bandita de un tirón, ¿Sabes? —Ella estaba preparada para lo peor y sabía que de alguna manera Fabian también. Cualquier cosa diferente sería un paso adelante. Casi como progreso. — Y que no deberías sentirte culpable o incluso nervioso. Si alguien debería estarlo es él.— Le estaba dando otra oportunidad que a sus ojos no lo merecía, aunque esa parte no se la mencionaría.
Acomodarse en el sillón lo relajó suficiente como para rodear a Lucy con sus brazos y estrecharla contra su pecho. Sus labios encontraron rápidamente su frente y se quedó justo en ese punto por varios segundos hasta que soltó un suspiro.
—Lamento que me afecte tanto... Pero no puedo mirarte cada día y que llegues a pensar que soy un cobarde por no enfrentarlo. Tengo que dejarle claro que sí quiere estar en nuestras vidas tiene que respetar nuestras decisiones. Es la única oportunidad que tendrá para decidirlo.
Frunció el entrecejo por varios segundos sin entender del todo a que se refería Cory, pues aunque siempre fue bienvenido en casa de Nana y de su tía Lily, su padre no era cercano a nadie más. Mientras crecía no lo entendía pero ahora que sabía la verdad entendía que quizá algunos le dieron la espalda a su padre por sus malas decisiones.
— Eso suena horrible, pero entiendo tu punto… — dijo por fin cuando salió de su confusión. Recordaba haber escuchado eso pero no exactamente en casa, probablemente en el colegio pues era algo realmente perturbador.
— En fin, el único objetivo de esta visita es que conozcas a Lizzie. Me alegro mucho de que le agrades — agregó con una pequeña sonrisa. A diferencia de sus padres, quería que su pequeña estableciera relaciones significativas con su familia.
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— ¿Con su qué? — No estaba del todo familiarizada con el sentido de humor de Scamander, y no podía decir si se trataba de una broma o no. Miró a Fabian, esperando que su reacción le ayudara a decidir si era un chiste o lo decía de verdad.
— No ha dejado de verte desde que llegamos. — Lizzie lucía bastante interesada en Coraline, y algo le decía que mucho tenía que ver el color de su cabello. — Puedes cargarla si quieres, es muy raro que se ponga a llorar cuando alguien más la toma en brazos. — Realmente la única persona con la que habían tenido problemas era el padre de Albus, pero eso no le extrañaba en lo absoluto.
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— Con la novia de su gemelo muerto. ¿Esa no te la han contado? Uno creería que lo más turbio en esta familia es el robo de bebés pero lamentablemente no es así. Como sea supongo que es muy tarde, ya firmaste tú también. — Ahora que era parte de la familia, tarde o temprano iba a terminar escuchando todas las historias que los demás preferían pretender que no existían.
— Claro que le agrado, yo le agrado a todo el mundo. — Se puso de pie para tomar a la bebé, que no le había quitado los ojos de encima desde que abrió la puerta. — Bueno, a casi todo el mundo pero Wood ni siquiera cuenta como persona… En fin, ahora lo importante. ¿Qué van a hacer ustedes dos con un bebé? Tú no sabes nada al respecto. — No podía hablar por la chica Dawlish pero Fabian no tenía experiencia alguna cuidando a alguien tan pequeño.
Sonrió por reflejo. Realmente no era algo de lo que era cien por ciento consciente, pero que hacía frecuentemente al enfrentarse a situaciones fuera de su control. No esperaba que Cory mencionara esa cuestión tan poco decente de su familia.
—No le hagas caso, al fin de cuentas jamás vemos al tío George... Ni siquiera había pensado que comparte el nombre con tu padre— dijo a Lucy encogiéndose de hombros.
Era probable que sus primos fueran conocidos por meter cosas de la tienda de bromas al colegio, pero nunca fue su caso. Ni siquiera cuando Alice le preguntó casualmente por eso en su primer año.
—Bueno, eso no es del todo cierto. Cuando April nació, Harri y yo éramos lo suficientemente mayores para ayudar con tareas sencillas. No me dejaron llevarla en brazos hasta que cumplió un año pero Lucy definitivamente tiene muchas habilidades. Aprendo rápido y hacemos un buen equipo, puedes preguntarle a Lizzie— agregó dirigiendo su atención a la pequeña rubia que miró a Cory como si entendiera la conversación.
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Apartó ligeramente su plato. No estaba en posición de pelear si lo que quería era deshacerse de ese par de intrusos a los que aún no podía ver como sus futuros hijos. Con algo de suerte podría arreglar las cosas con Lizz pero el tener la presión de la situación sus reacciones eran erráticas.
— Lo entiendo… — dijo por fin después de un corto silencio. Se pasó una mano por la cara como si estuviera cansado—. Quizá deberíamos adelantar la mudanza. No sé si es la casa que conocen pero es frente a la casa de Nana, cada uno podría tener su habitación y en general estar más cómodos que en el departamento. No es obligatorio que me dejen volver, será hasta que sea prudente. Pero quiero ayudar a preparar todo para cuando los bebés lleguen.
Aclaró rápidamente antes de que hubiera algún reclamo por parte de Alice o Lizz.
No podía culparlos por no confiar en Albus. Aunque había tratado de convencerse de lo contrario, ella tampoco lo hacía y no podía seguir fingiendo lo contrario.
Verlo pasar su mano por su cara hizo que se tensara en su lugar. Lo conocía lo bastante bien para saber que comenzaba a fastidiarse y se necesitaría de muy poco para hacerlo explotar. Que pasara frente a los niños no iba a traer nada bueno.
— No… No sé… Aún no he comenzado a empacar…— No tenía nada listo para la mudanza aún, pero debía recordarse que no tenía mucho tiempo para dejar todo listo para los niños. Hacerles las cosas más fáciles para cuando ella ya no estuviera.— Puedo comenzar a guardar algunas cosas y llevarlas el fin de semana.— Con los niños en el auto habría menos espacio a menos que encogiera las cajas, tratando de hacer el mayor espacio posible y mover todo a la nueva casa en la menor cantidad de viajes posibles.
— No te preocupes, mami, nosotros podemos hacerlo. Tú solo dinos qué hacer y empacaremos todo, hay que aprovechar que él ya no es un escuálido.— Dijo, señalando a su hermano con su cuchara.— No necesitamos más ayuda.— Agregó, mirando a Albus sin siquiera tratar de ocultar el desagrado que sentía por él.
— Qué bien que no es obligatorio porque no vas a volver.— No le hablaría con rodeos, de ninguna forma permitirían que se acercara de nuevo a su madre. No sabiendo que él era el culpable de que ella no estuviera presente en sus vidas.— Y sabemos cómo llegar, así que tampoco necesitamos que nos enseñen el lugar.— Eran perfectamente capaces de llevar a su madre hasta el lugar y acomodar todo en la casa una vez que terminaran de empacar el departamento.
Se aclaró la garganta intentando desviar un poco la conversación. La hostilidad de Ally podía casi cortarse con un cuchillo tal y como el pan que tenía delante de él.
— Podemos tener todo organizado para mañana y pasar el fin de semana en la casa, gracias a que ella es una tirana de la limpieza se me da muy bien ordenar cosas— dijo con una sonrisa que disimuló bebiendo un sorbo de jugo de naranja. No iba a admitirlo pero Albus había elegido justamente todo lo que les gustaba desayunar, todo lo que el padre amable que habían conocido siempre procuraba tenerles cada mañana cuando estaban en casa. Incluidos sus sándwiches de mermelada y tocino.
— No hay problema, somos suficientes. Cuando nos mudemos puedes volver a vivir en el departamento si quieres, pero ya no la dejaremos sola contigo ¿está claro?
Tenían prácticamente todo listo para la celebración, lo único que necesitaba para comenzar a trabajar era el mensaje de tía Lizz con el resultado de la última revisión.
Precisamente esa tarde, mientras terminaba de servir el almuerzo junto con Lizzie, una lechuza del Ministerio entró por la ventana. Supo de qué se trataba apenas abrió el sobre y vio la hoja membretada de Longbottom. Toda la familia estaba emocionada por la noticia, y no tenían preferencia por el sexo del bebé, aunque Fabian y ella definitivamente habían apostado.
— Nos debes veinte galeones y un pastel de fresa que, te recordamos tienes que preparar tú mismo.— Fue lo primero que dijo apenas Fabian entró a la cocina. Tanto ella como Lizzie habían dicho que el bebé se trataba de una niña y como esperaba, habían acertado.
Apenas y pudo dejar su abrigo en el perchero de la entrada antes de que su pequeña Lizzie llegara junto a él, se agachó para levantarla en sus brazos.
— Les recuerdo que yo también quería apostar a qué era una niña... Pero entonces no valdría la pena apostar, lo hice por el bien del deporte— dijo riéndose y haciéndole cosquillas con la barba a su pequeña Lizzie—. Así que ésta señorita me ayudará con el pastel de fresas.
Se acercó a su esposa para besarla brevemente, provocando más risas de su hijita.
— Y bueno ¿cuándo será la gran celebración? Tengo en mente el regalo perfecto para nuestra pequeña sobrina, debería ir a comprarlo cuando terminemos el almuerzo.