— No, evidentemente no y eso se nota. Le es físicamente imposible querer algo o alguien que no sea usted mismo. Eligió al bebé que quería según lo que le fuera más sencillo y quién podría continuar el nombre de su ridícula familia. No puede involucrar a los sentimientos alguien que no los tiene.— Y es que incluso desde mucho antes de saber la verdad, le había quedado claro que Fabian no recibía mucho afecto en casa, y el tener a April alrededor solo lo había confirmado. Bastaba ver su reacción cuando Phanie era muy efusiva con ella e incluso los bebés. A menudo se preguntaba cómo es que alguien que evidentemente ni quería ni estaba listo para tener hijos había traído aún más niños al mundo.
— Por supuesto que lo sé. Un irresponsable que prefirió huir y culpar a todo el mundo por los problemas que usted mismo se ocasionó por aferrarse a algo para que lo que no sirve.— No era algo realmente difícil de entender. Era, y seguía siendo, una persona inmadura e irresponsable que vertió toda su frustración en su madre por no poder estar a la altura de sus compañeros. Las cosas no habían cambiado mucho desde entonces. Seguía siendo el mismo arrogante con complejo de víctima.— ¿O me olvido de algo acaso? — Lo había visto por sí misma al tener acceso a las memorias de su madre. Era completamente inútil y ridículo que tratara de negarlo.
Solo se movió de su lugar para buscar vasos y el jugo de manzana del refrigerador, teniendo cuidado de llenar los vasos de los bebés mayormente de agua y solo un poco de jugo antes de dejar sus respectivos vasitos en sus sillas para que pudieran tomarlos.
No le sorprendió del todo que dijera algo así. Tiempo atrás su papá le había dicho que Potter era capaz de tratar de buscar alguna similitud entre ambos pero no era más que un pobre intento de sentirse mejor consigo mismo, pues no compartían absolutamente nada. No iba a dejarlo entrar a su cabeza de esa manera. En su lugar, tomó la misma gomita que él había sujetado primero para lanzarla al cesto de basura. Si creía que de esa forma podía apelar a su compasión, estaba más que equivocado.
— Claro que no vamos a pelear por eso porque no hay absolutamente nada qué discutir. Desconozco qué es lo que le hace creer que me importa en lo más mínimo lo que alguien como usted tenga para decir. Si le agrada la idea o no tampoco me interesa. ¿Por qué iba a siquiera molestarme en escuchar a alguien cuyo criterio no es más que un chiste? Le parece terrible por razones completamente arbitrarias. Ni siquiera lo conoce y lo mismo ya sucedió con Lucy. Todo esto es porque no hacemos lo que usted quiere como quiere. Fuera de eso no tiene una sola razón para ser una absoluta molestia.— Lo comprendió después de que Potter se apareciera en la casa de Lucy, prácticamente exigiendo que entregaran a la bebé a un orfanato. Se sentía con la autoridad de decirle a los demás qué hacer y al ser ignorado buscaba la forma de convertirse en un problema.
La última acusación arrancó algo diferente esta vez.
No era culpa ni vergüenza. Era algo que definió como irritación. Una dolorosa y peligrosa irritación.
Albus permaneció inmóvil unos segundos mientras Alice terminaba de hablar. Gideon estaba entretenido golpeando su vaso contra la bandeja y Beth intentaba alcanzar una rodaja de manzana que estaba frente a ella .
Por primera vez desde que la discusión había empezado, Albus no miró a ninguno de los dos. Solo a Alice.
—No —respondió con voz tranquila. Demasiado tranquila—. Eso no es verdad.
La sonrisa cansada había desaparecido.
—Sí tengo razones— se enderezó despacio pero no parecía enfadado, se veía como alguien que acababa de tomar una decisión—. La diferencia es que tú asumiste que no las tenía, porque no te las dije, hasta ahora.
Sus dedos buscaron algo dentro del bolsillo interior de la chaqueta. Y durante un segundo estuvo tentado a detenerse.
Elizabeth probablemente lo mataría. Fabian probablemente también. Incluso él mismo sabía que aquello era una mala idea.
Pero Alice acababa de pasar los últimos veinte minutos diciéndole que era incapaz de preocuparse por alguien y quizá con eso, estaba a punto de demostrar exactamente lo contrario.
Sacó un pequeño sobre doblado y lo dejó sobre la encimera entre ambos.
—No lo hice antes porque sabía exactamente cómo reaccionarías—su mirada no abandonó la de ella—. Y porque una parte de mí esperaba estar equivocado. Pero resulta que ser paranoico tiene algunas ventajas profesionales.
La comisura de su boca se movió apenas. No era una sonrisa, más bien una mueca de disgusto.
—¿Sabías que durante los últimos seis meses Elijah ha recibido visitas nocturnas regulares en su apartamento?— no esperó respuesta de ella—. Hombres y mujeres. Ninguno más de una vez.
Albus apoyó una mano sobre el sobre.
— Aquí hay fotografías, con fechas y horarios.
Su tono permaneció peligrosamente sereno, esforzándose por no estallar.
—Antes de que empieces a gritar sobre privacidad, no investigué a tu novio porque sale contigo. Lo investigué porque cualquier persona que se acerca a alguien de esta familia termina apareciendo en algún informe o declaración, tarde o temprano. Y cuanto más miraba, menos me gustaba lo que encontraba.
Por primera vez en toda la conversación ya no parecía estar intentando convencerla de que era un buen padre. Sólo estaba intentando ser un auror.
Uno acostumbrado a sospechar, a seguir pistas. Y que acababa de encontrar algo que consideraba preocupante.
—Ahora dime otra vez que mi criterio es un chiste— Albus empujó lentamente el sobre hacia ella—. Ábrelo.
Y por primera vez desde que Alice había entrado por la puerta, la siguiente decisión no parecía estar en sus manos.

















