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LUCY BOYNTON in Rabanne styled by Leith Clark, hair by Leigh Kates, makeup by Alex Babsky (April 2, 2024)

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— Lo que sea que ella vaya a desayunar está bien.— No estaba en el lugar para darles más trabajo. Podía comer un poco de cereal o un sándwich. Lo importante en ese momento era que la bebé estuviera más tranquila, aunque por la expresión en su rostro parecía que no sería tan fácil.
La acomodó en sus brazos para ponerse de pie e ir a sentarse en la mesa de la cocina. No le importaba que tomara el desayuno en su regazo si eso significaba que no se echaría a llorar de nuevo.
— Bueno, en este momento es un poco complicado…— Evitó mencionar que se debía al tratamiento de los gemelos de Harri.— Pero estoy segura que para el verano puedo hacer un espacio para ir a ver a tus amigos. ¿Te gusta la idea, panquecita? — Eso le daba algunos meses para tratar de pensar en un plan alternativo para los niños, pues había quedado claro que el utilizar una muestra de Eliza para la investigación estaba completamente fuera de discusión.
Elijah observó en silencio cómo Phanie se acomodaba con Eliza en brazos y se dirigía hacia la mesa, agradeciendo internamente que al menos el llanto hubiera desaparecido. Aunque no estaba seguro de poder llamar calma a aquello.
Porque conocía esa expresión en su hija. La concentración silenciosa, la insistencia, esa manera de quedarse pensando hasta decidir que los demás eran quienes no estaban entendiendo bien las cosas. Porque aunque era sumamente inteligente, el lenguaje verbal aún era una pequeña barrera.
Y cuando Alice sugirió que Phanie viajara con ellos, Elijah levantó apenas la vista hacia ella, sorprendido por un instante. No lo suficiente para delatarse o eso esperaba. Pero sí lo suficiente para comprender lo que estaba haciendo. Estaba intentando dar una alternativa. Mantener a Phanie cerca podría ser una forma de controlar el daño antes de que existiera.
La idea no era mala. Complicada, sí. Muchísimo. Pero no mala del todo.
Eliza, todavía acomodada en el regazo de su tía, pareció considerar las palabras de Alice con absoluta seriedad. Sus pequeñas manos juguetearon distraídamente con la manga de la pijama de Phanie mientras procesaba la información.
— ¿Nannie viene? —preguntó finalmente, más tranquila, aunque aún desconfiada.
Elijah aprovechó el momento antes de que pudiera volver a mencionar a los bebés.
— Si Nannie puede hacer espacio entre todos sus pacientes importantes —dijo con un tono ligeramente más suave, intentando normalizar la conversación—. Porque resulta que salvar vidas es un trabajo muy demandante, tú lo sabes bien, Mignonette.
Eliza soltó un pequeño sonido pensativo, todavía observando a Phanie. Elijah se movió hacia la encimera para terminar de preparar el desayuno solo por necesidad de hacer algo con las manos. El exceso de nervios seguía instalado bajo su piel desde que Eliza había empezado a hablar del asunto relacionado con esa maravillosa prueba positiva. Sirvió cereal en uno de los platos pequeños de la bebé y tomó aire lentamente antes de volver a hablar.
— Además, nuestra Solecito prometió enseñarnos cuál criatura de la reserva es su preferida—añadió mientras regresaba a la mesa—. Lleva semanas diciendo que ya eligió a un favorito.
Eso sí era verdad. O parcialmente verdad. Con Eliza nunca estaba completamente seguro de cuánto era imaginación infantil y cuánto otra cosa que aún no podía expresar.
Dejó el plato frente a ella y la observó tomar la cuchara sin demasiado entusiasmo. Pero mejor eso que lágrimas, se repitió mentalmente.
Entonces la pequeña alzó la vista otra vez.
— Dos favoritos —corrigió muy seria.
Elijah se quedó inmóvil apenas un segundo. Su pequeña volvía a insistir en dos. No había dejado de mencionarlo desde que Alice les anunció a ambos el resultado de la prueba.
—Solo uno. Uno solo, Solecito. Sólo hay un favorito. Yo por ejemplo, era el favorito de tu mamie Sylvie hasta que llegaste tú— respondió de nuevo intentando desviar la conversación
Pero la niña ya había bajado la mirada nuevamente hacia el cereal, satisfecha consigo misma, como si aquella corrección fuera completamente inofensiva.
Él soltó una risa baja por la nariz y negó suavemente con la cabeza, fingiendo que nada de eso le afectaba mientras volvía a apoyar una mano sobre el respaldo de la silla de Alice.
— Claro —murmuró con aparente tranquilidad—. Dos favoritos. Mi error.
Y esta vez sí cometió el error de mirar a Alice. Solo un segundo, pero fue suficiente.
Porque ahí seguía esa misma sensación imposible de ignorar, el vértigo de no entender del todo a su hija y aun así saber con absoluta certeza, que podría estar a nada de contarle a Phanie el pequeño secreto y que eso interfiriera en sus planes de escapar de la ciudad.
Se apresuró a servir un poco de leche para ambas en cuanto se sentaron a la mesa. Conocía esa clase de seriedad en su hija; estaba estudiando la situación, tratando de decidir si estaba conforme con lo que pasaba y, si no era así, sin duda se los dejaría saber a su manera. En ocasiones debido a su edad comunicarlo con palabras no le era posible, pero de una forma u otra encontraba la forma de dejarles saber qué pasaba por su mente.
— Nannie viene, Solecito. Aunque eso será hasta dentro de un par de meses. Pero mientras tanto, tus nuevos amigos podrán crecer lo suficiente para recibir visitas.— Y lo más importante, tendrían tiempo para decidir cómo y hasta cuándo es que le dirían a sus familias sobre el bebé. De lo único que sí tenía certeza era que mientras más tiempo pasara, mejor. Con todo lo que estaba pasando en el hospital, se sentía más tranquila ocultando temporalmente esa información de los demás.
Se tensó un poco al escuchar la contradicción de Elijah. En ese momento llevarle la contraria a la bebé no parecía ser la mejor idea. Dejar de hablar por completo de bebés y desviar su atención a cualquier otro tema era lo mejor.
— Claro que sí, Corazón. Dos favoritos.— Concedió, pasando una de sus manos por el despeinado cabello de la bebé.— No le hagas caso a papá, puedes tener más de un favorito. Como el cereal que nos gusta. Enséñale a Nannie cómo los mezclamos cuando no podemos decidir solo por uno.
El paddock había vuelto a sentirse normal. O al menos eso era lo que todos parecían creer.
Los fotógrafos seguían persiguiendo a los tres pilotos titulares de Potter Raicing cada vez que aparecían fuera del hospitality del equipo. Los periodistas continuaban hablando del “milagroso rendimiento” del AP1 después del accidente en Yas Marina. Ferrari seguía fingiendo diplomacia frente a las cámaras mientras sus ingenieros observaban demasiado el monoplaza cuando creían que nadie los veía.
Y Alice… Alice había vuelto a ganar por supuesto.
Elijah observó una serie de datos desplazarse por la pantalla frente a él mientras el ruido del garage se mezclaba con las voces por radio y el sonido de las pistolas neumáticas a unos metros. Prácticas libres. Último gran premio de la temporada. Todo debería sentirse bajo control. Pero desde Abu Dabi había aprendido que el control era una ilusión peligrosa.
— Sector dos comprometido otra vez —murmuró más para sí mismo que para el resto del equipo.
La telemetría mostraba exactamente lo mismo desde hacía tres vueltas. Alice estaba entrando demasiado agresiva en la curva rápida antes de la recta principal. Ganaba tiempo, sí. Quizá apenas unas décimas, pero también estaba forzando de más la degradación trasera.
Antes habría admirado el movimiento e incluso lo habría alentado. Pero ahora solo veía márgenes innecesarios. Presionó el botón de radio para comunicarse con ella.
— Mantén un delta más conservador en la entrada de la curva nueve. Estás cargando demasiado el neumático trasero izquierdo.
Hubo un pequeño silencio.
Luego la voz modificada llegó a través de sus audífonos, perfectamente tranquila.
Estoy bien
Elijah cerró los ojos un segundo. Claro que estaba bien, en ese preciso momento ese no era el problema.
— No dije que no lo estuvieras —respondió manteniendo el tono neutro mientras varios ingenieros cerca de él seguían trabajando sin prestar demasiada atención a la charla—. Dije que ajustes el delta.
Otra pausa. Podía imaginar perfectamente la expresión que ella debía tener dentro del casco.
Estás exagerando otra vez
Sintió una presión incómoda instalarse debajo de sus costillas. No rabia. Algo peor. Frustración pura. Porque quizá sí estaba exagerando y aun así no podía detenerse.
Sus ojos se desviaron involuntariamente hacia uno de los monitores secundarios donde todavía conservaba archivado el impacto de Yas Marina. Nunca lo reproducía completo. No hacía falta. Su memoria llenaba el resto sola. Tenía suficiente para una eternidad de pesadillas.
Volvió inmediatamente a los datos en tiempo real.
— Te pedí que ajustes la entrada, Potter— dijo por el radio, mordiendo la parte interna de su labio inferior para no llamarla Alice.
Esta vez el silencio duró más.
El resto del garage seguía funcionando alrededor suyo con aparente normalidad, pero Elijah ya conocía demasiado bien el tono exacto de esos vacíos. Finalmente, la radio volvió a encenderse.
Copiado
El cambio fue mínimo. Apenas perceptible para cualquiera que no llevara meses estudiando la manera exacta en que Alice conducía. Pero ahí estaba. Frenó apenas antes, corrigió el ángulo de entrada y el neumático dejó de castigarse de más. Y aun así hizo el mejor tiempo de la sesión. Elijah soltó el aire lentamente sin darse cuenta de que había estado conteniéndolo.
— P1 —anunció uno de los ingenieros al fondo del garage, provocando aplausos dispersos.
No se permitió relajarse. Sus ojos permanecieron sobre la pantalla mientras el AP1 completaba otra vuelta impecable.
Desde que volvió a la pista era más limpio, más preciso. Dependía de é que también fuera más seguro. Exactamente como le había prometido a todos.
Y sin embargo, mientras escuchaba la voz calmada de Alice responder a las felicitaciones del equipo por radio, Elijah entendió algo que probablemente debió aceptar semanas atrás.
El verdadero problema nunca había sido confiar en ella.
Era que ahora tenía demasiado claro lo mucho que tenía que perder si algo volvía a salir mal. Sin pensarlo demasiado, dejó los auriculares sobre la mesa y salió corriendo hacia el garage dónde los mecánicos ya estaban trabajando para recuperar el auto después de la sesión. Sin esperar a que Alice se pusiera tras bastidores para quitarse el casco, se lanzó a abrazarla. Aún con la apariencia de Fabian, Elijah era unos 6 centímetros más alto, así que pudo colgarse de sus hombros.
Estaba nerviosa por volver, aunque no por las razones que se esperarían. Había aprovechado al máximo su tiempo lejos, practicando a diario en el simulador pero sobre todo recorriendo la pista. Necesitaba volver a acoplarse al monoplaza y familiarizarse con los cambios que se habían tenido que hacer después del accidente.
Esa parte la tenía tranquila, podía manejarlo y lo sabía. Lo que más ocupaba su mente era poder demostrarle a su madre que era perfectamente capaz de seguir corriendo y que no estaba en riesgo. Aunque no lo dijera en voz alta presentía que no se equivocaba al pensar que su papá no se opondría a que continuara la temporada. Si alguien podía entender sus razones era precisamente él. Su mamá era otra historia, y si ya de por sí se preocupaba por ellos, el saber del bebé la tenía con los nervios de punta más que de costumbre. Poder demostrarle que era capaz de correr y salir en una pieza era primordial en esa carrera. Además de llegar al podio, por supuesto.
A su parecer estaba corriendo con más precaución que de costumbre, pero no contaba con que había alguien más igual o quizá más nervioso que su propia madre, con la diferencia de que su voz debía escucharla durante toda la carrera.
Sí, quizá llevó un poco al límite las indicaciones de Elijah, pero no podían ser demasiado precavidos. Cada segundo contaba y fue eso precisamente lo que les aseguró la victoria. Si él quería retarla más tarde por sus decisiones, lo tomaría sin quejarse. Valía la pena después de haber vuelto a los circuitos de esa manera.
Apenas salió del auto se echó a correr hasta donde el el equipo ya la esperaba para celebrar, saltando hacia ellos. Por suerte había tomado otro poco de poción multijugos mientras se retiraba las protecciones para poder ponerse de pie. Apenas pocos segundos después un par de brazos extra se sumaron a la celebración. Al menos no estaba molesto. Esperaba.
— Te lo dije, tienes que confiar.— Fue lo único que le dijo, esperando pudiera escucharla sobre el bullicio mientras estaba prácticamente colgada de él. Eso le recordó otra cosa importante.— Voy a necesitar ayuda, andando.— Fabian ya debía estar esperándolos para intercambiar lugares. No había tiempo qué perder.
Elijah sintió algo retorcerse en su pecho cuando ella dijo aquello último sobre sus hermanos. No fue solo la frase. Fue la manera en que salió de ella, como si llevara demasiado tiempo pensándola en silencio.
Su mano permaneció firme sobre su espalda, pero esta vez sus dedos se cerraron apenas más contra la tela de su ropa, casi como un impulso contenido de acercarla más a él.
—Alice… —murmuró despacio, sin lograr disimular el tono dolorosamente serio en su voz—. Eso no debería haber recaído sobre ti nunca.
No discutió inmediatamente si tenía o no razón. Sabía que en ese estado, intentar desmontar cada pensamiento solo la haría sentirse menos escuchada. Así que dejó que terminara. Que hablara de su memoria, de su padre, de todo lo que creía haber perdido junto con él.
Y cuanto más hablaba, más evidente le resultaba algo. Alice llevaba demasiado tiempo sobreviviendo como si tuviera que justificar el derecho a quedarse. Elijah giró apenas el cuerpo hacia ella, lo suficiente para verla mejor incluso si ella evitaba mirarlo del todo.
—No estás rota porque tu memoria falle —dijo finalmente, con una calma muy distinta a la firmeza anterior—. Y no eres menos tú por no poder recordar todo.
Su mandíbula se tensó, luchando por no echarse a llorar o reaccionar con furia, porque eso no serviría de nada en este momento.
—Te hicieron daño. Mucho. Y aun así sigues aquí preocupándote por todos los demás antes que por ti misma.
Había frustración en él, pero no hacia ella. Estaba furioso contra todo lo que la había convencido de que debía cargar sola con cosas imposibles.
Cuando mencionó a Richard otra vez, Elijah bajó ligeramente la mirada un instante antes de volver a hablar.
—No conocí a tu padre lo suficiente como para hablar por él —admitió con honestidad—. Pero creo que alguien que te quiso tanto como él, no habría querido que pasaras años castigándote por haber sobrevivido.
La palabra quedó suspendida un segundo entre ambos. Sobrevivido. Era exactamente lo que había hecho ella todos esos años, sin ayuda.
Su mano abandonó finalmente su espalda solo para buscar una de las de ella.
—Y mírame un segundo porque voy a decirte algo que probablemente no vas a creer ahora mismo —su voz bajó apenas—. El hecho de que sigas aquí después de todo eso, de que sigas intentando cuidar de Phanie, de tu mamá, incluso después de lo que ocurrió, ya dice más de ti y es más valioso que cualquier recuerdo que hayas perdido.
La sostuvo con cuidado, sin forzarla. Aunque estaba seguro que así de cerca, podía escuchar su corazón latiendo con fuerza, furioso, porque eso no podía disimularlo.
—No tienes que demostrarle a nadie que mereces seguir siendo parte de una familia, Alice. Mucho menos a personas que te abandonaron cuando más las necesitabas. No tienes que ganarte el derecho a que te quieran. No los necesitas. Somos más lo que realmente ya te amamos.
— ¿En quién iba a hacerlo, entonces? ¿En Phanie? La mayoría del tiempo no podía sacarle más de dos palabras.— Supo que estaba mal desde el funeral de su papá cuando comenzó a pedir que detuvieran todo pues su madre aún no había llegado. Después de ese día, era como si hubieran sustituido a su hermana con alguien que lucía como ella pero se comportaba de manera completamente diferente. Al tratar de hablar con ella, respondía solo con manerismos y si lograba hacerla hablar, no eran más que un par de palabras o peor, monosílabos. El tiempo de encierro y no pasar más tiempo con ella solo empeoró su situación.
— ¿Qué va a pasar cuando comience a olvidar quién soy? — Eso era a lo que más le temía; que ya no solo olvidara cosas o información, sino que comenzara a olvidar quién era ella.— ¿Y sí...? ¿Y sí tienen que enviarme a San Mungo porque no puedo recordar nada como mi abuela?— Iba más allá de su disgusto por los hospitales. Temía que con el paso de los años terminara siendo una especie de prisionera de su propia mente, pero eso no era lo peor y decirlo en voz alta puso una idea en su cabeza. Algo en lo que no había pensado antes.— ¿Y sí..? — Solo entonces levantó la mirada para poder verlo.— ¿Y si eso fue lo que pasó? — Podía sentir sus manos temblar solo de pensarlo. Nunca había considerado esa posibilidad. No podía recordar absolutamente nada, así que no podía descartar que algo así hubiera pasado mientras estuvo encerrada.
De pronto era como si el aire no pudiera llegar hasta sus pulmones. No era algo nuevo para ella pero no por eso era más sencillo. Darse cuenta de algo así prácticamente de golpe era más de lo que podía procesar.
No debió abrazarla así. Lo supo en el segundo exacto en que lo hizo. No por Kit —aunque su presencia era imposible de ignorar— sino porque al tenerla entre sus brazos aunque fuera por ese instante, entendió con una claridad incómoda algo que no había querido procesar desde el accidente en Yas Marina. Había podido perderla para siempre.
La soltó con cuidado, casi a regañadientes, como si cualquier movimiento brusco fuera a romper algo que todavía no terminaba de acomodarse en su interior, pero también en el de Ally. No podía sacar de su mente el informe final de su tía Lizz. Todas las heridas y fracturas detalladas en ese informe bajo los datos de Fabian que finalmente se entregó a la Federación.
El sonido del teléfono de Kit rompió el pequeño momento, lo miró de reojo mientras él se alejaba más allá del garage.
— Estoy feliz de que estés aquí—dijo aunque su voz no sonó como solía. No había rastro del ingeniero que estaba listo para seguir cualquier idea alocada que saliera de la maravillosa mente de Potter.
Sus ojos bajaron un segundo hacia dónde había estado el vendaje, hacia los golpes que el coche ya arreglado y perfecto no mostraba, pero que seguían en su memoria.
Sabía que iba a bromear. Siempre lo hacía. Era parte de cómo funcionaban juntos. Parte de por qué todo había sido tan sencillo antes. Pero no esta vez.
— No —añadió, antes siquiera de que ella pudiera decir algo más—. No voy a seguirte en eso.
Se pasó una mano por el cabello, exhalando despacio.
— Yo estaba ahí —continuó, más bajo—. Tenía todos los datos. Cada variable bajo control. Podía ver lo que iba a pasar antes de que pasara o eso creía.
Alzó la vista hacia ella.
— Y aun así parece que no estuve en ese momento.
No era una acusación. Ni para ella, ni para sí mismo. Era un hecho. Uno que no le gustaba.
— Siempre confié en que podías con todo —admitió—. Porque puedes. Eso no ha cambiado, siempre estaré seguro de ello.
Dio un paso más cerca, pero esta vez sin invadir.
— Lo que sí cambió es que ahora sé exactamente cuánto cuesta cuando algo sale mal. No voy a decirte que dejes de hacerlo —añadió finalmente—. Sería hipócrita. Yo fui quien ajustó cada estrategia para que pudieras seguir saliendo a pista. Pero tampoco voy a sentarme frente a los monitores y pretender que es solo otro domingo de carrera.
Sus dedos se apoyaron suavemente sobre el borde del monoplaza, como si necesitara ese punto de referencia.
— Si vuelves a subirte a este coche, lo haces sabiendo que no voy a dejar pasar ni un solo margen que no entienda. Ni un solo riesgo que no podamos reducir— le sostuvo la mirada, firme—. Y si eso significa que a veces voy a decirte que no… Entonces tendré que soportar el hecho de que vas a enojarte conmigo.
Un pequeño gesto, casi una sombra de lo que normalmente habría sido una sonrisa.
— Supongo que es un precio bastante bajo para mantenerte a salvo.
El silencio los rodeó como una manta. El AP1 seguía ahí, perfecto. Alice estaba de pie frente a él. Y la temporada aún no había terminado. Todavía quedaba mucho que demostrar. Elijah exhaló lento.
— Bienvenida de vuelta —repitió, con más entusiasmo esta vez—. Pero esta vez te prometo que lo haré mejor. No más rápido, no solamente para ser los primeros. Mejor.
Agradeció mentalmente que su hermano saliera a atender el teléfono, pues aligeró el ambiente considerablemente. Tanto él como su madre insistían en que debía tomarse las cosas con calma, pero no había tiempo qué perder. Mientras más pronto estuviera detrás del volante sería mejor. Podría usar el simulador pero a su consideración no había nada como recorrer la pista de verdad y dadas sus circunstancias necesitaba hacerlo para confirmar que todo estaba en orden.
— ¿Cómo que no? — Su negativa la descolocó por completo. Esperaría algo así de su madre o sus hermanos, pero no de él. Creyó que Elijah más que nadie entendería por qué debía salir a la pista de nuevo lo antes posible.— ¿Si vuelvo...? Cuando suba de nuevo querrás decir.— Eso no estaba a discusión. Por supuesto entendía la gravedad del accidente. Había pedido ver las grabaciones desde todos los ángulos posibles y, como ya lo habían discutido, no había nada que ella o el equipo hubieran podido hacer. Se trataba de una situación completamente fuera de su control.
— Creo que todos están exagerando un poco. Lo que el equipo podía hacer lo hizo bien, como se debe. Por eso es que yo estoy aquí y por eso el auto está en una sola pieza de nuevo. Todo lo demás estaba fuera de nuestras manos, no había manera de hacer algo. Ahora, si me disculpas, tengo que sacarlo a dar un par de vueltas. Y no estoy pidiendo permiso, solo estoy avisando a dónde voy. Puedes venir o no, si eso te deja más tranquilo.— Acortó la poca distancia entre ambos para besar su mejilla antes de ir a los vestidores a cambiarse. No planeaba correr de verdad, solo quería dar un par de vueltas y ver por sí misma cómo se comportaba el monoplaza después de haber sido intervenido por la gravedad de los golpes en la pista.

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— Quizá no dijiste que Wood sea la única opción, pero no puedes negar que es a quien más atención le has puesto.— No habían discutido a ningún otro candidato, y ante la insistencia de Albus era imposible pensar que estuviera considerando a otras personas, lo cual era parte del problema.— Si lo que quieres evitar es elegir mal, me parece que es necesario que abras un poco tus horizontes.— Se lo había dicho desde el inicio: la forma en la que quería resolver el compromiso de los gemelos no funcionaría.
— Va a convertirse en un problema si siguen gritándose de esa forma en los pasillos.— Tenían suerte de que había sido ella quien los encontrara discutiendo. No necesitaban que terceras personas fueran testigo de sus peleas, se corriera la voz y pusiera aún más peso sobre los hombros de Alice.
Que Albus cediera a reconsiderar todo el asunto del compromiso era una victoria, pero no había que adelantarse ni presionarlo. Negó levemente con la cabeza para que su hija pudiera verla. Creía saber a dónde era que quería dirigirse, pero primero era necesario que ella comenzara a plantearle la idea a Albus y evitar que perdiera la cabeza.
— Me parece que por hoy ya es suficiente del tema. Supongo que no me equivoco si digo que aún no desayunas.— Puso su atención en Alice, que lucía un poco más tranquila que unos minutos antes.— Ninguno de los dos lo ha hecho y eso no ayuda en nada a su humor. Andando, y no quiero ni una palabra más al respecto el día de hoy. ¿Quedó claro?
Estaba decidido a no discutir del mismo asunto por lo que restaba de aquel día. La presencia de Elizabeth en específico tenía ese efecto de calma en él. Estaban fuera de su casa, con aliados pero no dejaba de ser un sitio en el que podían estar a merced de cualquier extraño, de murmuraciones que eventualmente podrían convertirse en debilidades.
Afortunadamente tenía a George, Frank y a Neville para ayudarle a pensar en otras cosas. Salir a cabalgar y de caza, pasear en compañía de Lizz y de su madre y tomar alguna comida con los abanderados de Longbottom, ocupó la mayor parte de su tiempo en ese par de días. Pero la llegada de la princesa de Dorne y de William era algo que no podía seguir ignorando.
— Bueno, iré con Fabian a recibir a la hija de Richard Kyle a los límites de Winterfell como es costumbre en éstos casos. Debe estar agotada por tener que recorrer todo el camino desde King's Landing hasta acá, pero su disposición es algo digno de respeto.
Tomó un sorbo silencioso de la copa que tenía frente a él. No solía beber alcohol en el desayuno pero ese vino especiado servido específicamente para aquella mañana fría, era irresistible.
Miró a Fabian, sentado a su izquierda al lado de su madre y a Alice sentada a su derecha como correspondía. Neville presidía la otra cabecera de la mesa.
— Su llegada nos permite continuar con los planes de viajar por los Siete Reinos, para que todos puedan conocer a su futura reina— añadió mirando a su primogénita con orgullo—. Tendrás a la mitad de la guardia real a tu servicio. A Elijah, por supuesto. A Coraline como tu dama, a tu madre, a Sylvie y a la señorita Greengrass. Wood sólo será parte de la comitiva, sin que eso signifique ningún compromiso. Es mi forma de agradecerle por cuidar de la princesa de Dorne en su viaje.
Los jardines y terrenos de Winterfell eran tan grandes que podía perderse prácticamente desde el desayuno hasta la cena en el exterior sin tener que estar dentro, donde su padre pudiera seguir molestando con todo lo que tenía que ver con el compromiso y otras personas no deseadas. Al menos por unas horas cada día podía olvidarse de toda esa carga entre la nieve y árboles a los que no tenía acceso en la ciudad. Era una de las cosas que más le gustaban de estar en el Norte.
Aunque para su mala suerte había un momento en el que no podía evitar a su padre y ese era el desayuno.
— ¿Qué les hace creer que quiero a Greengrass siguiéndome a todas partes? Beth o Lucy pueden ocupar su lugar sin problema y sin arriesgarnos a otro ataque de insolencia.— No iba a dejar pasar tan fácil y rápido la escena que Greengrass había montado días atrás. Definitivamente no era la clase de persona que quería haciéndole compañía y a sus ojos no había nada que pudiera ofrecerle.
— Parte de la comitiva por ahora...— Agregó, en voz baja, antes de darle un sorbo a su copa. Aunque le daba igual si su padre lograba escucharlo. Dudaba mucho que Wood fuera capaz de seguirles el paso e incluso si lo hacía, ella misma se encargaría de encontrar la forma de deshacerse de él. Sus días en los jardines le habían servido para conocer y memorizar lugares en los que un forastero fácilmente podría perderse. Haría todo lo necesario para deshacerse de él de una forma u otra.
Su pecho se tensó al escucharla hablar de Phanie. Lo único que podía sentir en ese momento era el deseo desesperado de comprenderla. Estaba de más decirlo en voz alta. Lentamente, acomodó su mano sobre su espalda para sostenerla más cerca.
—No era tu responsabilidad sacarla de ahí tú sola, Alice —dijo con voz baja, firme, pero sin forzarla a pensar como él—. Hiciste lo que pudiste con lo que tenías. Lo intentaste cuando nadie más lo hizo y eso importa más que cualquier buena intención que podrían haber tenido tus hermanos.
Se inclinó apenas hacia ella, acortando la distancia, acompañando el temblor de sus palabras con su presencia constante. No podía adivinar cómo tomaría ella que hablara de Sebastian y Shawn, pero lo había hecho sin pensarlo.
Su pulgar se movió apenas sobre su brazo, en un gesto rítmico que intentaba ser tranquilizante.
—No tienes que hacerlo todo perfecto ni debes castigarte por lo que no estaba en tus manos. Nadie podría haberlo evitado, ni siquiera tú. —su voz bajó un poco más, más suave—. Pero que estés aquí ahora, tratando de mantenerlas a salvo, a pesar de todo… Eso sí es algo que cuenta. Él estaría muy orgulloso.
Se recostó un poco contra el respaldo, manteniéndola contenida sin presionarla, dejando que el silencio hablara tanto como él.
—Puedes sentir todo lo que quieras. Y puedes incluso llorar otra vez, si lo necesitas. Yo voy a estar aquí, no iré a ninguna parte. —fijo sus ojos en ella, firme y cálido—. No tienes que cargar sola con nada, nunca más.
— Sí lo era.— Nadie más iba a hacerlo, estaban prácticamente solas, aisladas de todo lo demás. Sacarla de ahí debió haber sido su prioridad. Lo último que dijo la hizo soltar una pequeña risa, más amarga que otra cosa.— No creo que siga teniendo hermanos.— Tenía meses que no podía dejar de pensar al respecto, aunque nunca lo había dicho en voz alta y hacerlo la hizo perder la poca calma que había recobrado mientras escuchaba a Elijah hablar.
No necesitaba que ninguno de los dos se lo dijera directamente. Era más que evidente que así eran las cosas ahora. Además de la ausencia de su padre, eso era probablemente lo que más trabajo le costaba asimilar. Era como si estuviera en un limbo: de un lado estaba un grupo de gente que la hizo a un lado incluso antes de nacer, y del otro estaba la que había sido su familia hasta entonces, pero ya no la veían como si fuera parte de ellos. No entendía en dónde es que ella encajaba en todo ese caos.
— No podría hacerlo aunque quisiera de todos modos. No con esto que ya no funciona.— Respondió, señalando su cabeza. Además de todo, debía tener en consideración los problemas con su memoria. No solo no tenía idea de qué había pasado, sino que tampoco sabía cómo es que evolucionaría con el paso de los años.— No creo que orgulloso sea la palabra que usaría.— Definitivamente no lo estaría de verla estancada, aún en casa, sin hacer nada de lo que tenía planeado porque dudaba que siquiera siguiera teniendo las capacidades para hacerlo con el estado actual de su memoria. No había podido mantener a salvo a su hermana y tampoco a su madre. Más que orgulloso seguramente estaría molesto con ella.
Elijah no se apartó cuando ella volvió a quebrarse y ésta vez no hubo duda en sus gestos, su mano en la espalda se afirmó un poco más, sosteniéndola con una firmeza tranquila y constante, mientras la otra permanecía en su brazo, anclándola con él.
Dejó que hablara, que lo soltara todo sin interrumpir. Pero cuando terminó, negó suavemente con la cabeza.
—No.
No fue brusco, pero tampoco suave. Buscaba ser claro.
—No debiste hacer más.
Su mirada se mantuvo fija en ella, incluso si no lo estaba viendo.
—Te secuestraron, Alice. No estabas en una posición para salvar a nadie.
Su mano se movió apenas sobre su espalda, en un gesto lento, casi automático.
—Y lo que hicieron después… —su mandíbula se tensó un instante.— Eso fue cosa de los Malfoy. No tuviste nada que ver.
Dejó que el silencio cayera un segundo, lo suficiente para que las palabras no se sintieran atropelladas. Se inclinó apenas hacia ella, sin invadir, pero acortando esa mínima distancia que aún quedaba.
—No eras quien tenía el control. Y no voy a aceptar que te culpes por no haber hecho lo imposible.
Su voz bajó un poco más al final, sin perder firmeza.
—Porque eso es lo que estás haciendo.
Elijah no retiró la mano. No la soltó.
—Si hubiera dependido de ti, habría sido distinto —añadió, más bajo—. Pero no dependía de ti. Y sé que eso no cambia cómo se siente.
Sus dedos presionaron apenas, estaba luchando con la urgencia de sujetarla del todo en sus brazos.
—Lamento que hayas tenido que vivir todo eso. Sé que te mantuviste fuerte por Phanie y que ella aprecia eso. Sé que tu madre no te culpa en absoluto, aunque quieras creer que no es así.
No la obligó a mirarlo. No la corrigió más. Solo se quedó ahí, sosteniendo ese instante.
—Esta vez no estás sola en esto —murmuró al final—. No ahora. Estamos todos para ti ahora.
— Pude haber tratado de usarlo para ayudar.— Cualquier cosa, un lugar o incluso una voz seguramente habrían sido de ayuda, si ella se hubiera esforzado más en buscar algo dentro de su mente que pudiera ser de utilidad para la investigación.
— Debí sacar a Phanie de ahí. Sebastian iba a hacer lo que quisiera de todos modos.— Su relación siempre había sido complicada, pero esos meses la hicieron aún más difícil. Se negaba a siquiera escucharla porque no podía darle órdenes ni decirle qué hacer y técnicamente estaba en lo correcto.— Debí sacarla de ahí y llevarla con mi abuela en lugar de dejarla sola, que pasara todo el día encerrada en su habitación y sin nadie que pudiera asegurarse que comiera algo más que un poco de pasta en las noches.— Desde entonces su hermana evitaba los lugares concurridos o incluso salir de casa en lo absoluto y era demasiado ingenuo pensar que no era consecuencia de esas semanas que pasó completamente sola en esa casa.
— Ella era mi responsabilidad.— Sebastian era demasiado egoísta como para preocuparse por Phanie. No necesitaba que se preocupara en lo más mínimo por ella, pero al tratarse de su hermana esperaba que pudiera hacer al menos el intento. Shawn por otro lado, no podría explicarlo pero de alguna forma supo desde el inicio que el no iba a involucrarse. Ahora que sabía la verdad, entendía que realmente no le debía nada y seguramente lo veía de la misma forma que Sebastian: para él no eran hermanos y no tenía por qué ocuparse de ella. Hasta la fecha las cosas eran así, ya no tenían una relación y no iba a presionarlo, pero tontamente creyó que podrían hacer una excepción por Phanie. Quizá recibirla en su casa durante el día hasta que ella pudiera ir a recogerla. Cualquier cosa para no tener que dejarla completamente sola en la casa de los Malfoy.— A papá no le habría gustado que la dejara sola tanto tiempo.
La risa de Alice no solo le resultó desagradable—eso habría sido fácil de ignorar—, sino peligrosamente precisa. Porque no era burla vacía. Era algo que hacía de memoria, desde lo profundo de sus sentimientos. Y contra eso, no tenía ninguna defensa.
Su mandíbula se tensó apenas, lo suficiente para delatar que algo había encajado donde no debía. No negó nada, no podía.
Sus ojos se desviaron un instante hacia la encimera, hacia cualquier punto que no fuera ella, mientras sus dedos se apoyaban con más fuerza de la necesaria sobre el borde de la sillita de Beth. Había aprendido a sostener miradas en interrogatorios, en situaciones de presión real, pero esto no funcionaba igual. Nunca podía controlarse con Alice.
Cuando volvió a mirarla, lo hizo diferente. No más suave, pero sí más contenido. Más medido.
—No estoy intentando reescribir lo que pasó—dijo finalmente, con voz baja, firme, sin rastro de esa apertura anterior que ella acababa de aplastar—. Ni convencerte de nada.
Y era verdad. O al menos, la parte de verdad que podía permitirse decir.
Su mirada pasó brevemente por los bebés cuando Alice lo mencionó sin hacerlo directamente. El gesto fue casi imperceptible, pero suficiente para marcar que había entendido exactamente lo que ella insinuaba.
Eso sí lo molestó, más de lo que esperaba.
—No necesito “instrumentos” para estar aquí—añadió, con un filo más claro esta vez—. Y créeme, si tu madre quisiera mantenerme lejos, sabría hacerlo sin tu ayuda. O ya habría hecho algo al respecto.
No fue un ataque abierto, pero sí una línea trazada. Una que no estaba dispuesto a dejar que ella cruzara sin respuesta.
El sonido leve del teléfono, la distracción de Alice, le dio un segundo para recomponerse. La observó tomar la foto, el gesto automático y algo en eso volvió a incomodarlo. No por lo que hacía, sino por para quién lo hacía.
Cuando volvió a mencionarlo, esta vez sí la miró directamente y no apartó la mirada.
—No necesito que me preguntes—respondió, con una calma que no era exactamente tranquilidad—. Eres mi hija. Eso no funciona a demanda.
Hubo una pausa breve, sin avanzar pero tampoco estaba dispuesto a retroceder. Su voz bajó apenas un tono más, volviéndose más personal, más directa.
—Y no me interesa lo que opinen tus tíos, tus abuelos, ni lo que él crea que está haciendo bien—continuó—. Me interesa que tú no repitas errores que… —se interrumpió, lo justo para corregirse sin suavizar del todo— que ya he visto antes.
No dijo “los míos”. Pero estaba ahí.
Sus ojos descendieron un segundo hacia las gomitas ácidas en su plato, y esa pequeña coincidencia—tan insignificante, tan absurda—le arrancó una exhalación breve por la nariz, casi imperceptible.
—Pero adelante—añadió después, volviendo a ella—. Haz lo que quieras. Siempre lo haces.
No había sarcasmo abierto, pero tampoco sabía a rendición.
En su interior sabía que era algo peor. Una aceptación incómoda, mezclada con la incapacidad absoluta de quedarse al margen.
— Claro que puede hacerlo sin ayuda, es perfectamente capaz de hacerlo. Pero eso no significa que debe hacerlo sola, porque no lo está. No va a aislarla de todos los demás para hacer lo que quiera con ella y de eso me voy a encargar yo.— No era una amenaza, le estaba dejando saber cómo eran las cosas ahora. Contrario a tantos años atrás, su madre tenía una red de apoyo que no iba a arrebatarle. No otra vez.— Y si tengo que hacer que lo encierren por más tiempo, lo único que necesito es llamar a su padre. Están tan desesperados por un poco de tranquilidad que harían cualquier cosa que les pida. Una sola nota para decirle que quiero levantar cargos es más que suficiente. Porque puedo hacerlo. Me convertí en la responsable médica de mamá desde que estuvo internada en el hospital. Claro que usted no lo sabe, ¿Por qué lo haría? Le requeriría poner atención a lo que pasa a su alrededor y eso es algo prácticamente imposible para usted.— Ahora que no estaba su padre y Shawn se había prácticamente desaparecido en todo ese tiempo, al haber sido la primera en llegar al hospital cuando su madre fue encontrada y tener más de diecisiete años, se había convertido en la responsable de las decisiones médicas que se tomarían sobre su madre y si en su momento no hizo nada en contra de Potter fue únicamente por Fabian, pero si la situación lo necesitaba, no dudaría en interceder.
Le resultaba increíblemente fácil reírse de él y la forma tan ridícula en la que pensaba. Era como si él viviera en una clase de realidad alterna y a menudo se preguntaba si era consecuencia de sus nulas habilidades como Auror.
— No, así es exactamente como funciona, y fue usted mismo quien lo decidió . El que las dos hijas que tiene prefirieran huir de la ciudad para no tenerlo cerca no es un pase libre para meterse en mis asuntos. Decidió que yo no era absolutamente nada para usted y su familia el día que dejó a mamá sola en el hospital. Tenía un solo trabajo, dejó bastante claro que no quería esa responsabilidad y al final únicamente eligió al bebé que quería y eso fue todo. En ese momento terminó cualquier clase de relación que usted cree que tiene derecho.— Si lo que esperaba era que le tuviera un poco de lástima por tener que afrontar las consecuencias de sus propias decisiones, entonces sería mejor que se sentara o iba a cansarse.
— Pues es gracioso que lo diga porque no podría importarme menos la opinión que tenga sobre alguien a quien ni siquiera conoce.— Los Dawlish no eran sutiles respecto a lo mucho que les desagradaba Potter, el sentimiento era mutuo y ella sabía perfectamente en el criterio de quién confiaba.— Claro que voy a hacer lo que yo quiera. ¿Quién se supone que va a detenerme? ¿Usted? Por favor, me gustaría verlo.— Se echó a reír de tal manera que incluso contagió a Gideon que comenzó a reír también.

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pov Kit
El silencio en casa era distinto al del hospital. Aquí no había máquinas marcando ritmos ni medimagos intentando explicar lo evidente. Solo el murmullo lejano de alguna puerta, pasos, susurros y la certeza de que por ahora, todo estaba bajo control.
Apoyó el expediente contra la mesa de su despacho sin abrirlo. No hacía falta, ya se sabía cada línea de memoria.
Una carrera con un solo auto en el podio. Ninguna investigación formal. Ferrari sancionado lo justo para calmar a la prensa.
Demasiado limpio.
Alzó la vista apenas cuando escuchó movimiento en el piso de arriba. No necesitaba comprobarlo para saber que era Alice. Había vuelto a caminar antes de lo que cualquiera hubiera recomendado. Muy propio.
Exhaló lento.
— Nos salimos con la nuestra —murmuró, más para sí mismo que para alguien más.
Pero no sonaba a victoria.
Se permitió un segundo, solo uno, para cerrar los ojos. La imagen seguía ahí si la buscaba: el monitor, la cama blanca aterradora, el vendaje en la cabeza, el casi.
No le gustaban los “casi”.
Cuando volvió a abrirlos, la expresión era la de siempre. Ordenada. Precisa.
— La próxima vez —añadió en voz baja al ver a Alice en la puerta del despacho— no dependemos de la suerte. Supongo que quieres ir al centro de operaciones. Supe que el auto está listo.
No era una advertencia. Era una decisión. Y por primera vez desde Abu Dabi, le pareció suficiente.
pov Elijah
El garaje en Donington Park nunca había sido tan silencioso.
No era un silencio incómodo. Parecía expectante. Como si todo el lugar estuviera esperando a que alguien dijera que podían volver a empezar.
El AP1 de Alice descansaba bajo las luces, impecable. Demasiado impecable.
Elijah se detuvo a unos pasos, con las manos en los bolsillos, observándolo como si fuera a encontrar algo distinto esta vez. Pero no había marcas visibles, no había rastro del impacto en Yas Marina. Solo líneas perfectas. Precisión absoluta.
Como si nada hubiera pasado.
Exhaló por la nariz.
— Claro que funcionaste —murmuró, más para sí que para el coche—. Siempre lo haces.
Avanzó finalmente, pasando la mano por el lateral del monoplaza con cuidado, casi como si pudiera romper esa ilusión de perfección si aplicaba demasiada fuerza.
La telemetría ya la había revisado cien veces. No había errores. Ni del coche. Ni de ella.
Y aun así, sentía que no había estado ahí. No realmente.
Podía recitar cada delta, cada cambio de neumáticos, cada decisión tomada en el muro. Pero no había anticipado el impacto. No había estado en ese segundo exacto en el que todo dejó de ser teoría.
Cerró los ojos un instante.
— No vuelve a pasar —dijo en voz baja.
No era rabia. Era ajuste. Abrió los ojos y se inclinó apenas hacia el cockpit.
— Vamos a hacerlo mejor —añadió, casi en un susurro—. Más rápido… pero sobre todo más seguro.
Se enderezó despacio, echando un último vistazo al coche antes de dar un paso atrás.
Alice se estaba recuperando. La temporada seguía. Y el AP1 volvería a pista.
Pero esta vez, pensó mientras apagaba las luces del garaje, esta vez no iba a confiar únicamente en que todo saliera bien.
Se volvió a tiempo para ver a los recién llegados. Afortunadamente sin el séquito habitual de ingenieros o de agentes. Solo Kit y Alice entrando por la calle de pits hasta el garage.
—Es bueno tenerte de vuelta en casa— dijo sin poder aguantar las ganas de abrazarla con fuerza aunque estuviera su hermano mayor presente.
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No era sanadora ni nada parecido, pero podría asegurar que el estar recuperándose en casa en lugar de hacerlo en el hospital había ayudado a que el proceso fuera mucho más rápido. Eso incluía el volver a ponerse de pie, que aunque su madre y su hermano le repetían constantemente que debía tomarlo con calma, ella no podía esperar por volver a la pista. Estar prácticamente inmóvil todo el día la aburría como nada en el mundo.
Procuraba caminar aunque fuera unos pocos minutos cada día. Lo hacía en su habitación para no forzar la situación, pero con el paso de los días el tiempo que podía permanecer de pie seguía incrementando. Por otro lado, eran cada vez menos las pociones que debía tomar lo cuál agradecía pues algunas tenían un sabor horrendo. Pero no fue realmente feliz hasta que su madre le dijo que al fin podían darle el alta, y había una sola cosa en su mente.
— Supones bien.— Había ido a buscar a su hermano, precisamente a pedir que la llevaran a ver su auto. Escuchar que estaba listo la animó aún más, pero necesitaba verlo con sus propios ojos pues gracias a los videos de la carrera pudo ver en qué estado había terminado y no era nada bueno.— Y no habrá una próxima vez.— Al estar en cama sin mucho que pudiera hacer, se dedicó a estudiar su última carrera desde diferentes ángulos. Si bien el accidente no había sido su culpa, definitivamente era una oportunidad para trabajar en su capacidad de reacción y reflejos.
Conocía el camino de memoria, pero le resultó más largo que de costumbre. Al llegar, el estacionamiento estaba vacío. Agradecía que no hubiera nadie pues, aunque no sería extraño que ella se apareciera en el lugar para dar un vistazo, prefería hacerlo al menos por esa vez, sin miradas curiosas que para empezar no tenían ni la menor idea de lo que realmente había pasado en la pista.
— Mamá consideró que podía terminar con mi arresto domiciliario.— Dijo a modo de saludo, mientras dejaba que la abrazara.— Me dijeron que está listo así que necesito verlo.— No era una pregunta. El motivo principal de aquél viaje era asegurarse que su AP1 estaba listo para correr de nuevo.
Elijah no dudó cuando ella le hizo espacio. Rodeó el sofá sin prisa y se sentó a su lado, dejando una distancia mínima al principio, la suficiente como para no invadir pero lo bastante cerca como para que su presencia fuera innegable. Su mirada permaneció en ella, atenta, sin perder ni un solo gesto.
La leve sonrisa que consiguió arrancarle no pasó desapercibida. Tampoco la forma en que se aferró a sí misma, como si necesitara sostenerse para no desmoronarse.
Exhaló apenas por la nariz, en algo que no llegó a ser una risa, pero suavizó ligeramente la tensión en su expresión.
—Sigo pensando que es una opción válida —murmuró, casi en automático, aunque el tono dejó claro que no insistiría.
El silencio que siguió no fue incómodo. Fue expectante.
Elijah no la apresuró. No la interrumpió cuando empezó a hablar, aunque las palabras se le quedaran a medio camino. Y cuando finalmente lo dijo, el quiebre fue inmediato.
Elijah sintió cómo algo en su pecho se tensaba al verla derrumbarse de esa forma, como si todo el esfuerzo del día hubiera estado sostenido por un hilo demasiado fino.
No dijo nada al principio. Se inclinó apenas hacia adelante, apoyando los antebrazos en sus propias piernas, bajando la altura de su postura para no imponerse sobre ella. Sus ojos se mantuvieron en su figura encogida, procesando, entendiendo.
Richard. Claro. La celebración en San Mungo con la inauguración de una sala entera a su nombre, ahora tenía sentido.
Cerró los ojos un segundo, breve, como si acomodara la idea en su cabeza, como si ajustara lo que sabía de ella con lo que estaba viendo ahora.
Cuando volvió a hablar, su voz fue más baja, más firme.
—Hey… —no fue una llamada de atención, sino un ancla suave— mírame un segundo.
No intentó apartarla por la fuerza. No tocó sus manos de inmediato. Le dio la opción. Pero cuando estiró la mano, lo hizo despacio, apoyándola con cuidado en su brazo, apenas una presión, suficiente para que supiera que estaba ahí.
—No tienes que contenerte aquí —añadió, con claridad tranquila—. No conmigo. Te lo he dicho muchas veces pero siempre estaré para recordártelo.
Su mirada descendió un instante, hacia la forma en que ocultaba el rostro, hacia cómo intentaba hacerse más pequeña.
—Y no tienes que explicar cómo te sientes. Lo entiendo.
Porque lo hacía. No en detalle ni completamente, por supuesto, pero lo suficiente.
Elijah se recostó ligeramente contra el respaldo, sin retirar la mano, dejando que el contacto fuera constante, estable.
—¿Quieres hablar de él… O prefieres que solo me quede? —preguntó después, sin presión—. Las dos cosas están bien.
No había urgencia en su voz. No había necesidad de llenar el silencio. Solo quería ofrecerle esa misma certeza de antes, ahora más evidente. No pensaba irse a ninguna parte.
— Me agrada esa opción aunque no sería muy útil en este caso.— Si había algo que le frustraba de sobremanera en esa situación era que no había nadie en quien pudiera descargar todo su enojo por lo que había pasado. En nadie excepto ella misma.
Se limpió los ojos con el dorso de la mano antes de mirarlo. No sabía por dónde comenzar. Esos meses que pasaron entre el hallazgo de su padre, su muerte, la desaparición de su madre, la mudanza y saber la verdad sobre su origen se sentían casi como una experiencia extracorporal. Recordaba haber estado ahí en todos esos momentos, al menos físicamente, pero era como si hubiera visto todo en segundo plano. No se sentía real.
— Él debería estar aquí, y es mi culpa que no lo esté.— Era un tema que evitaba a toda costa especialmente en casa, pero era algo que no había dejado de rondar su mente desde entonces. A menudo pensaba en todo lo que habría sido deferente de esforzarse más.
Decirlo en voz alta fue más que suficiente para lograr que se soltara a llorar de nuevo.
— Debí esforzarme más, lo habrían encontrado antes...— No recordaba mucho de su estancia en el hospital después de ser encontrada, pero sí recordaba el dolor de cabeza y las hemorragias nasales después de tratar de recordar incluso el más pequeño detalle. A pesar de eso, debió seguir intentando. Si algo pasaba y necesitaba asistencia de todos modos ya se encontraba en el hospital con su madre cerca. — Podríamos habernos ido muy lejos antes de que fuera demasiado tarde. Ellos jamás habrían llegado por nosotros para llevarnos a su casa y aislarnos de todos.— Nunca los habrían separado de sus padres ni forzarlos a quedarse en la casa de los Malfoy prácticamente incomunicados incluso de su propia familia. Todo lo malo que había pasado se debía a su falta de esfuerzo.
Albus observó en silencio cómo Alice se movía por la cocina, como si todo fuera parte de una rutina perfectamente aprendida. Era difícil no notar la diferencia entre ella y Fabian, cómo cada uno era el opuesto del otro tras todo lo que había pasado. Aunque los dos eran sus hijos, Alice era la que más se parecía a él: su carácter, sus gestos, incluso no le pasó desapercibido en este momento la forma en que disfrutaba de las gomitas ácidas.
El sonido de la manzana al cortarla lo sacó de sus pensamientos, al igual que la expresión de desagrado de Ally, algo en él se tensó. Sabía que su presencia nunca había sido bien recibida en esa casa, pero escucharla expresar tan abiertamente el desprecio que siempre había sentido hacia él era un golpe más difícil de lo que estaba dispuesto a admitir.
—No estoy seguro de qué significa ese "algo" para ti—dijo, pero no era la provocación habitual. Era un intento de abrir la conversación, de encontrar algún tipo de terreno neutro. Pero las palabras sonaron vacías, como si ni él mismo creyera en ellas.
Se acercó un poco más, pero no demasiado. Los bebés seguían justo entre ambos y él intentaba, en vano, centrar su atención en ellos. Gideon estiraba los brazos hacia su hermana, y Albus lo observaba en silencio, como si fuera la única distracción que podía encontrar para evitar enfrentar de lleno la situación con Alice.
—Lo que pasa es que, bueno...—se detuvo, incapaz de continuar. Sabía que las palabras ya no importaban, y sin embargo, necesitaba decir algo. Necesitaba que ella entendiera lo que él no había tenido el valor de decirle años atrás. —Se que nunca he sido lo suficientemente bueno para ti, Alice. No como padre. En realidad nunca lo fui.
La verdad, aunque dolorosa, ya no lograba hacerlo sentir mejor. Era un peso que cargaba desde hacía años, uno que había evitado con excusas y promesas rotas. Y que ahora, simplemente estallaba en su pecho. ¿Cómo podía hablarle de algo tan profundo, tan personal, después de tanto tiempo sin haber hecho nada para demostrar lo contrario?
—¿Sabes? Me he preguntado muchas veces... Si todo esto habría sido diferente si yo hubiera hecho las cosas bien desde el principio. Si en lugar de huir, hubiera estado allí con ustedes.
La rabia que había sentido al principio de todo esto, esa rabia que lo había alejado de Elizabeth, había desaparecido hacía mucho tiempo. Lo que quedaba ahora era la culpa, la impotencia. Y aunque parte de él quería seguir peleando, seguir intentando encontrar una manera de ser parte de su vida, sabía que en algún punto sin retorno, Alice ya había tomado su decisión.
Albus se quedó quieto por un momento, observando cómo Alice cuidaba a los bebés con una calma que le resultaba inalcanzable. Como si todo lo que él había dejado en el camino ya no tuviera remedio. Tuvo en ese momento la certeza de que jamás lograría ser parte de su vida
—Si tú no puedes imaginarlo...—susurró, casi para sí mismo, pero con suficiente fuerza como para que Alice lo escuchara—. Es porque no se puede extrañar algo que nunca estuvo allí. Y lo sé. Lo sé y lo siento. Aunque si Kyle ya no está aquí para cuidarte, yo lo haré hasta dónde tú y tu madre lo permitan. Escuché por ejemplo que sales con ese muchacho Dawlish y creo que hasta su abuelo estaría de acuerdo en que es una mala idea.
— Nada. No significa nada mas que una absoluta molestia.— Le desconcertaba el que Potter creyera que saber la verdad sobre su origen cambiaba algo o que significara que él podría tener alguna clase de relevancia en su vida más allá de considerarlo una amenaza que debía vigilar en todo momento. Logró adelantársele una vez cuando se llevó a su madre del hospital, y desde entonces se convirtió en una especie de misión para ella el no permitirle que se saliera con la suya de esa manera otra vez.
— ¿Y quién decidió que fuera de esa manera? — Escucharlo logró sacarle una carcajada. Encontraba increíble la forma en la que siempre intentaba hacerse ver a sí mismo como una víctima.— Largarse y dejarnos en paz hubiera sido lo mejor para nosotros, pero era mucho pedir, supongo. Tenía que aprovechar cada una de las oportunidades que se le presentaron para humillar a mamá e incluso echarla de la que se suponía era su casa, yo incluida. Si hubiera sido por usted, yo ni siquiera estaría aquí ahora, y no es necesario que intente negármelo, yo lo vi.— Si la situación ya era complicada para su madre, el saber que ella también estaba en camino fue lo que terminó por hacer que todo se le saliera de las manos, al grado de que la vida de los tres estuvo en peligro más de una vez y la persona que se suponía debía cuidar de ella la había abandonado por completo.
— No tengo que imaginar ni extrañar nada, yo tuve...— Se detuvo un segundo, negando con la cabeza, antes de rectificar.— Yo tengo a mi papá, él y su familia son lo mejor que nos pudo haber pasado incluso a pesar de nuestras circunstancias y solo porque ya no esté aquí de la forma en la que nos gustaría no significa que puede volver a colarse en nuestras vidas porque después de todo este tiempo decidió que lo que echó por la borda como si fuera basura al final sí era lo que quería, sin importar qué es lo que intente para lograrlo.— Le dedicó una mirada rápida a los bebés. Por supuesto no tenían la culpa, pero no podía dejar de pensar en que Potter los viera como el instrumento para obligar a su madre a estar cerca de él, y eso era algo que no iba a permitir.
Su teléfono sonó justo en el momento en el comenzó a hablar de Elijah. Se había vuelto casi como una rutina el que él preguntara si había comido para asegurarse que no lo olvidara, incluso si olvidaba llevar su lonchera por las mañanas. Antes de responder tomó una fotografía de su plato de manzanas con los dulces para dejarle saber que ya estaba en casa y comía un bocadillo.— Perdón pero no recuerdo en qué momento le pregunté su opinión al respecto.— Solo entonces volvió a poner su atención sobre él, esperando dejarle claro que de ninguna manera era un tema que le competiera.— Si mis tíos o mis abuelos tuvieran algo qué decirme al respecto, lo harían directamente conmigo, no a través de alguien como usted.
El sonido de la puerta al cerrarse detrás de él fue lo bastante suave como para no perturbar la quietud de la casa y aun así, Elijah supo de inmediato que no estaba solo.
No fue la luz tenue en la sala ni el abrigo en el recibidor lo que se lo dijo. Fue algo más instintivo. Ni siquiera tuvo que mirar al detector de enemigos para saber que era una presencia que hacía que toda la atmósfera de la casa se percibiera distinto.
Dejó las llaves donde siempre, con un cuidado casi automático y avanzó un par de pasos antes de verla.
Alice.
Sentada en el sofá, encogida sobre sí misma, con esa rigidez que no era habitual en ella. Y aunque se limpió los ojos con rapidez, su voz algo quebrada borró esa normalidad que no terminaba de convencer.
Cerró la distancia entre ellos sin prisa, quitándose el abrigo por el camino y dejándolo en el respaldo de una silla. No había sorpresa en su expresión, ni mucho menos reproche. Solo una atención contenida, firme. Observó cómo intentaba regular la respiración, cómo evitaba mirarlo directamente por más de un segundo.
Eso le bastó para saber que algo grande estaba ocurriendo.
—No tienes que disculparte —dijo al fin, con voz baja—. No por esto.
Se detuvo a un par de pasos del sofá, como si le diera espacio para decidir si lo quería cerca o no. Sus manos permanecieron relajadas a los costados, pero su postura estaba lejos de ser distante.
—Hiciste bien en no conducir así —añadió, después de un breve silencio, —. E hiciste bien en venir aquí si lo necesitabas.
No preguntó qué pasó. No todavía.
Había aprendido —a veces demasiado tarde— que Alice no respondía bien a los interrogatorios cuando estaba al borde. Que empujar en el momento equivocado solo conseguía que se cerrara más.
En su lugar, se acercó un poco más, lo suficiente como para apoyar una mano en el respaldo del sofá, sin invadir su espacio.
—¿Quieres que me quede aquí… —hizo una leve pausa, midiendo cada palabra— o necesitas que haga algo? Eso, quiero que lo sepas, incluye irle a romper la cara a quien sea.
No era una pregunta vacía. No era una fórmula de cordialidad ni tampoco intentaba ser gracioso.
Sus ojos se posaron en los de ella con una calma que no intentaba esconder la preocupación, pero tampoco la amplificaba.
Y en ese equilibrio —extrañamente cuidadoso para alguien que no siempre lo había sido— había algo más claro que cualquier otra cosa: No iba a dejarla sola en lo que sea que estuviera pasando.
Asintió con la cabeza cuando preguntó si quería si se quedara, además de hacerle un espacio en el sillón junto a ella. No quería estar sola, no precisamente, pero definitivamente llegar a casa en esas condiciones no era una opción.
— No es necesario que le rompas la cara a nadie.— El ofrecimiento logró sacarle una pequeña sonrisa, aunque sabía que lo decía completamente en serio, pero no era el tipo de cosas que podía solucionar con algo así, o solucionar en lo absoluto mejor dicho.— Pero gracias.
Abrazó sus piernas con tal de tener algo de qué sujetarse, en un intento por controlarse y no echarse a llorar de nuevo, aunque dudaba que fuera a lograrlo.
— No quería llegar así, es que...— Tenía la mirada fija en el dobladillo de su pantalón, como si fuera lo más interesante del mundo. Buscaba cualquier cosa que pudiera distraerla, pero no sería suficiente.— Es cumpleaños de papá.— Apenas terminó de decirlo se echó a llorar, ocultando su rostro en sus rodillas. Se había estado conteniendo toda la mañana, pero apenas llegó a su casa supo que no podría soportarlo más.

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Albus no necesitó girarse de inmediato para saber quién había entrado. Había algo en la forma en que el aire cambiaba cuando uno los hijos de Elizabeth cruzaba el umbral. A diferencia de cuando se trataba de ella, con cualquiera de los chicos podía sentir una tensión distinta, más viva e incómoda. Y en el caso de Alice, además, siempre venía acompañada de esa mezcla de juicio negativo no tan silencioso y desprecio mal disimulado.
Estaba inclinado ligeramente sobre la encimera de la cocina, su atención estaba en Gideon que se negaba a dejarse meter en la sillita para comer y balbuceaba con insistencia mientras intentaba patearlo. Beth estaba justo al alcance de su mano, ya sentada en la sillita, observando todo con una calma que le resultaba inquietantemente familiar. Albus había aprendido a lo largo de los años, que los niños tranquilos rara vez lo eran por dentro.
Cuando finalmente se enderezó y giró el rostro hacia la puerta, su expresión contenida cambió a una de alegría sincera, que luchó por neutralizar, sin mucho éxito.
—Alice.
Su voz salió más neutra de lo que en realidad sentía. No era frialdad, pero intentó que no sonara como si fuera muy afectuoso. Intentaba mantenerse en ese punto intermedio, pues era la única forma segura de hablar con ella.
Sus ojos bajaron apenas un instante hacia el arreglo floral, evaluándolo sin demasiado interés real, antes de volver a su rostro.
—No esperaba que llegaras tan temprano.
No era un reproche, pero tampoco era una simple observación. El hecho de haber sido encontrado ahí no era algo que había planeado, y lo descolocaba más de lo que le gustaría admitir.
Albus tomó en sus brazos al bebé Gideon cuando este dejó escapar un pequeño sonido de protesta, y se permitió una exhalación casi imperceptible. Aunque el niño estaba estirándose para que su hermana lo cargara, él no dio un paso hacia Alice pero tampoco se alejó.
Se quedó exactamente donde estaba, esperando a que ella fuera la que acortara la distancia entre ambos para ceder a la insistencia de Gideon.
—Tu madre no está—añadió, aunque era evidente que ella ya lo había supuesto—. Dijo que volverá un poco más tarde que de costumbre y que enviaría a alguien para que se quedara con los niños.
Una pausa breve. Demasiado breve para ser casual.
—Aunque supongo que no fue a ti a quién llamó. Puedo seguir esperando a los refuerzos.
No había cambio en el tono, pero sí una emoción contenido. No era una provocación abierta… Pero tampoco estaba funcionando el intento de parecer casual.
Albus inclinó apenas la cabeza, cruzándose de brazos con una lentitud calculada, posicionandose detrás de Beth que de inmediato le ofreció la mano para que se la tomara.
—Puedes relajarte. No estoy haciendo nada indebido. Después de todo, soy su padre.
La elección de palabras no fue inocente. Porque incluso mientras lo decía, sabía perfectamente que, para ella, su sola presencia ahí ya cruzaba una línea.
— No sabía que tenía horario de llegada en mí casa.— Dijo, haciéndose énfasis y recordándole que él no era mas que un visitante no deseado. Dejó su termo en el fregadero para lavarse y las flores sobre la isla de la cocina. Necesitaba las manos libres para cargar al bebé.— ¿Qué pasa, campeón? ¿Vas a ayudarme?— Lo acomodó en uno de sus brazos para poder trabajar con su mano libre.
Tomó uno de los floreros que su madre tenía en las repisas para llenarlo de agua, además de sus tijeras de jardinería. Cortó el papel que las envolvía y antes de meterlas en el jarrón, tomó dos de las flores más pequeñas, cortando el tallo.— Esta es para ti.— Se acercó a Beth que ya estaba en su sillita, acomodando la flor en su cabello. — Y esta es para ti, pequeño saltamontes, pero también debes ir a tu sillita.— Gideon era por mucho más inquieto que Beth, pero con los meses habían aprendido a sujetarlo de forma que no tuvieran problemas al sentarlo para comer. Abrochó las cintas de seguridad, le revolvió el cabello y acomodó también la pequeña flor en su cabello.
— Evidentemente.— Rodó los ojos ante la obviedad. Si su madre no estaba en casa de los bebés sin duda se debía a algo del trabajo.— ¿Y si lo fuera qué? — Encontraba ridículo que le pareciera poco probable el que su madre la llamara para quedarse con los bebés. Y si bien no sabía quién se quedaría con ellos y a qué hora llegaría, no le importaba quedarse hasta que ambos estuvieran en buenas manos. Además, comenzaba a darle hambre y en esas circunstancias un bocadillo parecía la mejor idea.
— Puaj.— Escucharlo decirlo le asqueaba por completo y no se molestó en lo más mínimo en ocultarlo, tanto que no pudo reprimir la cara de asco mientras se acercaba al tazón de frutas que su madre siempre tenía lleno. — Como si eso significara algo.— Tomó una manzana además del cortador, un plato para ella y los pequeños platos para los bebés. Se quedó la mitad de las rebanadas, dividiendo las restantes en dos para los bebés, además de crema de maní para comerlas. Ahora que eran un poco más grandes podían tomar sus rebanadas por sí mismos. En su caso, también se sirvió algunas gomitas ácidas con su fruta.
Miró a Albus levantando ambas cejas después de que siquiera intentara negar que estaban discutiendo. Era ridículo considerando que pudo escucharlos desde varios metros atrás.
No podía decir que le resultaba una sorpresa el que Alice dijera que prefería huir del otro lado del muro cuando desde el primer momento había dejado claro que no estaba de acuerdo con la idea del torneo y tener que comprometerse tan pronto con alguien a quien ni siquiera conocía.
— Excepto que, técnicamente, sí tiene otra opción. Es ella la siguiente en la sucesión al trono. Quien sea que elijas debe aportarle mucho más que solo el control de una región. Tiene que ser alguien que tenga lo que necesita para poder ser un consorte útil y que al mismo tiempo no olvide su lugar.— En más de una ocasión se lo había dicho a Albus: no creía que ese chico Wood fuera la mejor opción para su hija.
— Aún más a mi favor, si te tomaras en serio la Profecía, entenderías por qué alguien como él no es el indicado. Si realmente crees que ella es la elegida, lo será casado o no con un Wood. No quiere renunciar a todo solo porque sí. Lo único que está pidiendo es poder tener un poco de control en una de las pocas cosas de su vida y su futuro en las que puede opinar.— Tratar de imponerle cualquier cosa terminaría terriblemente mal, y le sorprendía que precisamente Albus no pudiera comprenderlo siendo que eran exactamente iguales.— Creo que te estás precipitando con todo esto del compromiso. Ni siquiera consideraste otras opciones que me parecen infinitamente mejores que ese chico Wood.
El silencio que siguió a las palabras de Elizabeth fue distinto al anterior. No era tenso, era más bien incómodo. De esos que obligan a pensar antes de hablar.
Sus ojos pasaron de Alice a Elizabeth y de vuelta, como si estuviera midiendo algo más que sus argumentos.
—No he dicho que Wood sea la única opción —replicó finalmente, con voz más baja, pero firme—. He dicho que no puedo permitirme elegir mal. No es lo mismo.
Apoyó ambas manos sobre el respaldo de la silla más cercana, como una forma de contención.
—Lizz... No me estoy precipitando por capricho —la miró directamente, sin dureza, pero sin ceder del todo—. Estoy intentando adelantarme porque sé lo que ocurre cuando un reino percibe indecisión en su heredera. Los rumores empiezan, las alianzas se debilitan, lo que hoy es una discusión en esta habitación mañana se convierte en un problema que ya no podremos controlar.
Desvió la mirada hacia Alice, suavizando el gesto.
—Pero eso no significa que no esté escuchando. —Hizo una breve pausa, como si le costara admitirlo en voz alta—. Aunque claramente no lo estoy haciendo bien.
Se enderezó un poco, respirando con más calma.
—No voy a obligarte a aceptar a Wood. No hoy ni mañana— alzó una mano ligeramente, antes de que Alice pudiera interrumpir—. Pero tampoco voy a aceptar que descartes todo lo demás como si no existiera ningún punto intermedio entre obedecer sin pensar y huir hacia el Muro.
Su mirada se mantuvo fija en ella, más seria ahora.
—Porque sí lo hay. Tenemos opciones, ya escuchaste a tu madre.
Luego volvió a Elizabeth, recogiendo lo que ella había dicho.
—Y tienes toda la razón. Si voy a exigir que esto se haga bien, entonces tengo que hacerlo bien yo también. Eso incluye considerar opciones que no he puesto sobre la mesa… todavía.
No sonrió, pero la tensión en su rostro cedió lo suficiente para que la conversación no pareciera un campo de batalla.
—Pero no confundamos eso con ceder el principio. —añadió, con calma—. La Profecía no desaparece porque decidamos ignorarla por un rato. Y el peso de lo que significa Alice dentro de todo ese plan, tampoco.
Sus dedos golpearon suavemente la madera de la silla, pensativo.
—Si vamos a hacer esto de otra manera, entonces lo haremos bien. Sin torneos apresurados, sin decisiones tomadas a la ligera… —miró brevemente a Alice—. Y sin amenazas de desaparecer al otro lado del mundo cada vez que algo no te gusta.
Dejó escapar el aire con algo que se parecía más a cansancio que a frustración.
—Así que aquí está mi postura: no hay compromiso con Wood. No por ahora. —hizo una pequeña pausa para tomar aire—. Pero tampoco te irás ni renunciarás a tu derecho de nacimiento.
Alzó la mirada intentando abarcarlas a ambas.
—Si vamos a decidir el futuro de esta familia lo haremos juntos. Y con la cabeza fría. Quiero escuchar esas opciones.
— ¡Eso es lo que estoy intentando decirle! — Escuchar a su madre decirle a su padre frente a ella que tampoco creía que Wood fuera buena opción le daba un poco de paz. Al menos ahora sabía que no estaba imaginando cosas por su negativa y que, efectivamente, alguien como él jamás podría ocupar el puesto que su padre tenía en mente.
— Pues no hablas de otra opción que no sea ese insulso inútil que no puede ni montar solo su propio caballo.— Aunque mencionaba las otras grandes casas no tenía a nadie en concreto en mente. Aún encontraba difícil el entender por qué de toda la gente que se dio cita en el torneo lo eligió precisamente a él que no destacaba en absolutamente nada.
— Llevo semanas tratando de decirte que hay otras opciones. Otras que ni siquiera les pusiste atención aún.— Desde que surgió la idea del torneo había pensado en cómo decirle que se negaba a comprometerse con cualquier otra persona que no fuera Elijah, pero su padre estaba demasiado encerrado en su decisión como para escucharla.