Tanto que escribir del; “AMOR”
El amor verdadero no se siente como una batalla constante.
No te obliga a vivir defendiendo tu valor, ni te deja preguntándote todos los días si eres suficiente para que alguien se quede.
El amor real da calma.
Y en un mundo donde tantas personas confunden intensidad con sufrimiento, olvidamos que ser amado también debería sentirse como descansar.
Porque quien te ama de verdad no convierte tu corazón en un campo de guerra.
No juega con tus inseguridades, no desaparece para volver cuando le conviene, no te hace vivir entre dudas, ansiedad y miedo a perderlo.
El amor verdadero da refugio.
Es ese lugar emocional donde puedes bajar la guardia sin temor a ser herido, donde no tienes que fingir fortaleza todo el tiempo, porque alguien decidió abrazar incluso tus partes más cansadas.
Y sí, la vida seguirá teniendo caos.
Habrá días difíciles, heridas, incertidumbre, momentos oscuros.
Pero el amor sano no añade más dolor al dolor.
Lo acompaña.
Lo sostiene.
Lo hace más llevadero.
Porque cuando alguien te ama con honestidad, su presencia no pesa: alivia.
Y tal vez esa sea una de las formas más profundas del amor: sentir paz al lado de alguien en un mundo que nunca deja de hacer ruido.
Por eso el amor verdadero no siempre es el más escandaloso.
A veces ni siquiera es el más intenso.
Pero sí es el que calma la mente, el que silencia el miedo, el que te hace sentir que, incluso después de todo lo vivido, todavía existe un lugar seguro para tu corazón.
Y cuando encuentras un amor así, lo entiendes.
Entiendes que amar no era sobrevivir al sufrimiento, ni acostumbrarte a la tristeza, ni demostrar cuánto eres capaz de soportar.
Amar, en su forma más pura, era esto: sentirte en casa dentro de otro ser humano.
Y si lo que vives no te da paz, no te cuida, no te hace sentir seguro ni amado de verdad…, entonces quizá todavía no es amor.
Porque el amor real no te rompe para enseñarte algo. Te abraza, te calma y te hace florecer.
—Yadhy Tello




















