No soy escritora profesional.
Y creo que ya lo he dicho muchas veces. Solo sé hacer una cosa: escuchar a mi corazón cuando pronuncia tu nombre.
Nunca escribo para impresionar a nadie.
No escribo para acumular seguidores, ni para perseguir un número de “me gusta”, ni para competir con quienes dominan el arte de las letras.
Escribo porque hay sentimientos demasiado grandes para quedarse en silencio.
Este lugar es uno de mis tantos refugios.
Mi pequeño diario abierto al mundo.
Aquí dejo la evidencia de que exististe en mi vida, de que hubo un hombre al que amé con toda la intensidad que un ser humano puede amar.
Y si algún día mi memoria me falla, si el tiempo borra los detalles o la vida cambia el rumbo de las cosas, quiero volver a estas palabras y encontrarme contigo otra vez.
Porque cada texto lleva un pedazo de nosotros.
Cada frase guarda una mirada tuya, un abrazo, una conversación, un instante que mi alma se negó a dejar morir.
Tal vez por eso escribo tanto sobre el amor.
Porque comprendí que los momentos pasan, las fotografías envejecen, las voces se olvidan, pero las palabras tienen la extraña capacidad de seguir abrazando incluso cuando el tiempo ya hizo su trabajo.
Así que, amor mío, si alguna vez alguien me pregunta por qué escribo tanto de ti, les responderé que algunas personas coleccionan recuerdos.
Yo prefiero convertirlos en eternidad.
Porque mientras exista una sola letra que hable de nosotros, el tiempo podrá llevarse muchas cosas, pero jamás podrá borrar lo inmensamente agradecida que fui por haberte amado y por haber tenido el privilegio de caminar esta vida a tu lado.
Y si un día mis escritos sobreviven a mi voz, ojalá quien los lea no recuerde mi nombre.
Ojalá recuerde que existió un amor tan sincero, que una mujer pasó la vida entera intentando encontrar las palabras suficientes para decirle al hombre de su vida cuánto lo amó, aun sabiendo que ninguna sería capaz de abarcar un sentimiento tan infinito.
Y nadie jamás te amo, ni te amara como yo. Eternamente. GRCT
—Yadhy Tello















