Los niños huelen a noche reciĂ©n caĂda en su cabello se acumula el polvo de los juegos la tierra de los parques el viento que baja por las calles del barrio ​a veces los miro correr y siento que el tiempo no se agota sino que se siembra paso a paso sobre este suelo agrietado hacia un horizonte que apenas comienza a arder ​oh mundo no los quiebres todavĂa no te lleves las bicicletas abandonadas frente a la casa ni la rabia limpia de sus rodillas raspadas ni las preguntas indomables que lanzan al anochecer ​dĂ©jame escuchar un poco más la estampida de sus pasos en las calles sus discusiones absurdas sus risas derribando las puertas los adultos apenas hemos aprendido a sostener las ruinas que ellos habrán de heredar apenas conseguimos mantener una pequeña llama encendida contra la inmensidad del viento ​dĂ©jalos crecer con furia dĂ©jalos reclamar el mañana mientras el barrio envejece mientras los árboles rompen el concreto bajo las banquetas mientras la tarde se llena de pájaros que regresan ​y tal vez un dĂa cuando ellos ya caminen sobre nuestros escombros aprendamos por fin que la verdadera esperanza era precisamente esto: ver avanzar la marea y confiar en que su furia lavará la tierra.












