Posiblemente El Ángel Más Estúpido Del Mundo
Capítulo Cinco:
“Desearía tener la capacidad de poder entender quién eres. Bueno, qué eres.”
Sentí un cosquilleo debajo de mis pies, sentí que la tierra temblaba y se retumbaba de nuevo, sentí como la sangre se subía a mi cabeza sin razón alguna, pero más que nada, sentí miedo. Pero no cualquier miedo, era uno que no me daba hace tiempo. Era uno de esos miedos que tienes cuando eres pequeño y sientes que hay un monstruo debajo de tu cama, ese miedo que te daba cuando tus padres apagaban la luz y quedabas en una profunda penumbra, a merced de la oscuridad. Era igual al miedo que sentí la primera vez que se me había olvidado el nombre de mis padres.
Lo cual ya no importaba ya que ni siquiera recordaba si es que tenía padres todavía.
Logan debió haber lo que me estaba pasando ya que con una de sus manos tomó mi brazo, enrollándolo completamente. Tranquilamente me trajo alrededor suyo en un abrazo usando sólo una de sus extremidades. El también parecía asustado por haber presenciado lo que había pasado. No lo culpaba. Acababa de ver a un legna, alguien que pudo haber sido bueno como él, pero decidió no serlo. Decidió tomar otro camino, uno lleno de mentiras y muerte. Uno lleno de venganza, horror y oscuridad fundida en negro. Completamente lleno de inexistencia.
De pronto, Logan me abrazó más fuerte, a lo que yo me extrañé ya que él no parecía ser de los que te abrazarían de más. Aparte de eso era un ángel que no debía sentir emociones, sólo estímulos. Pero luego me di cuenta porque me apretujaba más a él dejando que sólo las puntas de mis pies tocaran el piso. Miré la tierra debajo de sus pies. Se estaba desvaneciendo, dejando nada más que una blanca superficie. Este blanco no era como el que yo conocía, dejaba un aire de profundidad a la vista, y no quería levantar la mirada porque el suelo atraía mis ojos como un trozo de metal a un imán. De la nada, Logan dijo algo en mi oído, sin susurrar, pero aún así no le entendí.
Cuando levanté la mirada, ya no estábamos en el callejón.
Vi a un montón de gente moviéndose para todas partes. Todas direcciones. Pero ninguno parecía tener un sentido respectivo en su rumbo. Había de todas las edades, viejos, jóvenes, niños, cualquiera. Me sentí extrañamente asfixiada, y eso que yo no era la que tenía asma (esa era la Andy), pero aún así, sentí mis pulmones llenos de un extraño y denso aire. No se sentía como humo, como normalmente sería en la ciudad donde me ubicaba hace varios momentos atrás, sino como una extraña sensación de humanidad. El aire era una extraña mezcla entre aliento, saliva y viento frío de los ventiladores localizados en el alto techo. Estábamos dentro de un centro comercial.
-¿Por qué estamos aquí? –Le pregunté suavemente, no tenía ganas de insultarlo o añadir un “rayos” a mi oración como siempre lo hacía. Sentí que me lo agradecía ya que me sonrió de forma entendedora. Tenía muchas ganas de abrazarlo de nuevo. No sabía que un ángel podía ser tan cálido.
-Quizás seré sólo un ángel guardián, pero todavía tengo la inteligencia para enseñar a otros –Dijo tranquilamente intentando hacer que entendiera. Aún así, no importó cuantas veces las palabras rondaron alrededor de mi cabeza, seguía sin comprender lo que me quiso decir. Lo miré sin decirle nada, seguramente como él podía leer mis pensamientos entendería en un segundo que me sentía como una completa estúpida.
Él volvió a sonreírme sin ningún problema, expresaba su felicidad bastante bien para sólo ser un ángel (supuestamente frío) y sin sentimientos. De una u otra forma me sentía extrañamente intimidada por su mirada, aunque fuera completamente inofensiva, todavía sentía un miedo hacia él. Hace mucho que dejé de confiar en la gente, ¿por qué tendría que creer en cualquiera de las cosas que me dijo? Quizás estoy soñando y mi consciencia está intentando darme una lección de que no debería volver a beber en medio de la tarde.
-Observa y aprende –Oí su tranquila voz decir. Parecía que le hubiera hablado al aire en vez de a mí. De todas formas me ocupé de ver lo que intentaba hacer.
En un segundo, sentí como el chasquido de sus dedos llenaba todo el espacio, retumbaba en las paredes, y hacía un eco ensordecedor a cualquiera que estuviera demasiado cerca. Esta provocó una vibración visible a mis ojos, y definitivamente la sentí alrededor de todo mi congelado y asustado cuerpo. Estaba segura que la onda de sonido había durado a lo más dos segundos pero sentí que estaba desde hace horas ahí. No tenía la valentía de moverme. Pensé que si lo hacía, sería vaporizada en miles de partículas.
Partículas de Cami, eso suena gracioso.
Cuando decidí mirar a mí alrededor, me di cuenta que no sólo yo estaba congelada, sino todos los demás. Pero ellos estaban congelados literalmente. Algunos hasta me daban frío de sólo verlos. Vi también que no sólo la gente estaba congelada, sino también sus pertenencias. Un niño tenía su pelota roja congelada arriba de su cabeza, y una señora con una bolsa de supermercado que parecía a punto de romperse, flotaba a unos centímetros del suelo. Era una imagen de película. Era mucha gente, la mayoría abrigada. Definitivamente estaba muy lejos de casa. Me causaba una extraña nostalgia el sólo hecho de pensar en ello.
-Sigo sin entender –Le volví a decir detenidamente, no quería arruinar la imagen delante de mí. Estaba segura de que si hablaba demasiado fuerte, iba a romperlos a todos, como un martillo golpeando a un cristal. Todo era tan… delicado.
-¿Alguna vez te han preguntado qué harías, legal o ilegal, si nadie pudiera culparte de ello? –Me respondió con la pregunta que siempre me han de contar. Una pregunta de respuesta a una pregunta sin exponer. Por supuesto he tenido muchas respuestas, unas llenas de avaricia, otras llenas de egoísmo, y más de alguna vez tuve suficiente corazón para pensar en hacer algo que no tuviera que ver sólo conmigo.
Asentí delicadamente.
-Bueno pues, aquí te estoy dando la oportunidad –Quería saber a qué se refería exactamente, así que lo observé de la forma más extraña que pude hacer. Estaba segura que lucía como un rompecabezas viejo sin resolver ya que Logan sólo se rió de mi extraña forma de expresarme –Me refiero a que si quieres hacer algo sobre esa pregunta deberías hacerlo ahora.
Me miró con los ojos bien abiertos y sentí como un extraño escalofrío me recorría por debajo de mi espalda. Por primera vez en el día entendía lo que estaba pasando. Logan me estaba ofreciendo a que hiciera lo que quisiese con esta gente. Con este lugar. Con lo que fuese que hubiera en este espacio. Podía robar, podía comer, podía abrazar a cualquiera, podría matar a cualquiera, podía hacer cualquier cosa que mi intelecto me permitiera. Incluso mejor, que su intelecto me permitiese. Quizás nunca lo acepte en voz alta, pero debo decir que Logan se ha de ver como una persona inteligente, mucho más de lo que soy yo. Y quizás ni siquiera tendría que decírselo, ya que simplemente podría pensar en eso el momento correcto y él me leería a través de mis ojos.
Sentí una extraña excitación, tenía ganas de correr por todas partes, no sabía si era felicidad o ansiedad, todo lo que estaba pasando parecía demasiado irreal. Delicadamente irreal. Tenía muchas ganas de romperlo todo, de gritar, de tomar todo lo que pudiese e irme a mi supuesta casa. Por primera vez, quizás, podría llegar al apartamento y no necesariamente dormir al tiro, o ni siquiera tomar el resto de mis cosas y largarme a donde mis pies me llevasen, por primera vez, entraría con un aire de felicidad y podría disfrutar cualquier cosa que pudiese suceder. Y yo amaría ese momento.
Pero por supuesto, nada era perfecto. De un momento, me llenó una inmensa duda, como si alguien me hubiera lanzado un balde con agua fría, pero en vez de líquido, eran varios cubitos de hielo golpeándome en mi cráneo, metiéndose por entremedio de mis ropas causándome escalofríos que quizás no se irían por días. Odié esa negativa sensación.
Empecé a recapacitar lo que Logan dijo, y lo primero que entendí fue algo de enseñar, una lección. Luego me acordé que los ángeles venían en los peores momentos de sus ahijados para salvarlos de su miseria. Y también el hecho de que a pesar del hecho de que él era un simple ángel, aún así sentía miedo. Le gustaba hacer entender la verdad y corregirla a quienes seguían una mentira. Miré a mí alrededor, y luego a su serena cara, con sus rígidas facciones, las cuales, a pesar de todo, expresaban comodidad. Miré en sus ojos, los cuales a diferencia de la mayoría de las personas, expresaban una profundidad con un fondo invisible. Vi la curvatura de sus cejas, y la pequeña mueca de su boca, además del pequeño respiro que su nariz dio. Volví a mirar alrededor mío, la gente, sus cosas, los cajeros, su dinero, los niños, y su detenida felicidad.
Y ahí fue cuando comprendí.
-No, no lo haré. –Le dije un poco más fuerte en medio del silencio. Él no paró de mirarme de la misma manera, sólo que su expresión subió un poco más, quizás iluminándose. Quizás estaba enloqueciendo –Logan no lo haré.
-¿Y podrías decirme por qué no quieres hacerlo? Digo, mira toda esta gente, esta gente que está pasando su día tan tranquilo, quizás un poco ajetreado, no te dan ganas de no sé ¿apresurarlo? –Puso su brazo encima de una persona que miraba en forma contraria hacia la suya. Lo tenía completamente al frente, y por alguna razón, no sentía ese extraño sentimiento de intimidación que me daba antes.
-No lo haré porque no sería lo correcto –Le dije, un poco más fuerte esta vez –Es que, veo esta gente, y está completamente paralizada, completamente indefensa, completamente… fuera de este mundo –Logan me miró confuso, bueno, confuso en el modo en que no estaba para nada confuso pero hacía una mala actuación de si estarlo -¿Es qué no comprendes? No podría robar dinero porque sé que parte de ello le llegaría a una empresa que está intentando lo que pudiese a sus trabajadores. No podría robar cosas porque seguramente va a haber alguien que desesperadamente está buscando por esa exacta cosa y yo justo me le habré robado, sólo por codicia. No puedo robarle a esta gente porque sé que se la ganaron de manera justa y yo no tengo ningún derecho. No puedo golpear, o maltratar a ninguna de estas personas. Porque ninguna tiene la culpa de nada…
Sentí como mi cara se tornaba roja, mi saliva se secaba y lentamente podía darme cuenta que estaba actuando como una completa desesperada. Logan por su parte se alejó de la persona en donde estaba apoyado, y se acercó un poco a mí, incitando a que siguiera con lo que estaba intentado decirle.
-Ni siquiera sé si estás entendiendo lo que estoy diciendo, pero no importa –Pronuncié con la misma intensidad. Sentí que Logan me miraba un poco preocupado. –Todos los que están aquí… seguramente tienen familia, amigos, y no importara lo que hiciese aquí, aunque fuera la más mínima cosa, podría romper todo un equilibrio. Porque no se supone que yo debería estar aquí, no soy de esta ciudad, y este no es mi espacio. Además, la gente a mi alrededor se ve tan delicada, como de vidrio, sin poder hacer nada, yo no podría hacerles nada, pero seguramente alguien les podría pasar por encima, pero yo no. Toda esta gente me recuerda…
Tragué saliva. Miré directamente a sus ojos, y sabía que el comprendía.
-Te recuerda a…
-A mí –Dije esta vez yo comprendiendo lo que quería decir yo misma desde un principio –A mí Logan, a mí. Esta gente, congelada, delicada, que seguramente ya ha sido dañada antes, y que cualquiera podría hacerles daño, me recuerdan… a mí.
Sentí como las lágrimas querían caer de mis ojos mientras Logan sólo se quedaba parado ahí. Pero había algo más en su mirada. Había plenitud, quizás un poco de compasión a mis rojas mejillas y mis alborotados ojos. Quería dormir, quería salir de ahí, quería entender lo que me estaba pasando. Lentamente Logan me abrazó y yo no pude evitar pero atraerlo mucho más a mí de lo que el quisiese.
Mis lágrimas decidieron caer por fin, llenando su blanca camiseta de pequeñas manchas transparentes, que después de evaporarían al solo hecho de sentir el material. Sollocé tranquilamente que me quería ir, que me sacara de aquí.
Al fin entendía, al fin había entendido que mi forma de vida me estaba dañando, que necesitaba que alguien me salvase de mi misma, que tomara más responsabilidad. Que por primera vez en mi vida tendría que pedir ayuda y dejar de preocuparme sólo de una parte de mí, y dejar la otra mitad de lado. Comprendí… que necesitaba un rescate.
No lo quería aceptar, pero Logan me había enseñado la lección que más necesitaba.
El por qué él estaba aquí.

















