Aunque te fuiste, te sigo pensando. Te sigo observando allá, en el rincón donde guardo los sueños —los que algún dÃa tuve y que hoy me son lejanos. Puedes culparme de que todo terminara, pero, querida, aún me aferro a ti. A tu fantasma. Ese que habita en mi mente y recorre mis silencios.












