Pia:
Hablar del matrimonio era algo forzoso para la sociedad, se parecía un poco a como vivía antes en Corea, la única diferencia era que la novia podía escoger al novio, no al revés, por suerte el infinito afecto de Leighton por Pia no terminaba de medirse cuando —tras terminar el compromiso con el principe heredero— Pia solicitó a su padre que la única persona con la que se casaría sería un hombre tan fuerte y de alto rango como el propio Leighton. Era la mejor idea, tenía tiempo de deambular en la soltería, aunque actualmente tuviese 24 años, una edad algo avanzada para casarse en un Reino donde la juventud era un premio ¡Pfft! Pia se sentía de lo mejor.
—Claro, se lo dije a mi padre después de terminar con el principe, no quería a nadie que no fuese tan valeroso como el Duque Leighton Laidly, aunque creo que al ser tan mayor para casarme muchos aristocratas pensaran que se me ha ido la vida— río con eufemismo, estaba demasiado “vieja” para preocuparse por la palabrería banal de gente que no tenía que hacer, aunque realmente adoraba que las viboras sisearan su nombre, bien decían que entre más mal hablen de ti mejor te irá.
Se lo llevó de la mano al jardín, se había construido un precioso invernadero dentro del mismo, regalo de cumpleaños, realmente no había fin para el amor de su padre aunque afueras del ducado todo indicase lo contrario por que ella así lo había pedido —Si te negases habría llorado ¿Querrías ver mi maquillaje arruinado?— entonó con cierta ironía, sin soltarlo, adentrandose al jardín donde su hermoso regalo resplandecía, pensando que en un futuro podría vender flores o ser granjera, siempre le gustó la vida bucolica —Toma asiento y escuche regalo, luego joyas así que espero me sorprendas, Lian, entonces ¿A dónde fuiste? Fuiste a Oriente, según las cartas del Tío Carlton ¿Cómo es?— se acercaron a la mesilla donde hermosas sillas lustradas se extendían a ellos para que tomasen asiento, mientras postres deliciosos se servían con un té de autoría.
Se acomodo en el asiento, el invernadero quedo tan bien en el enorme jardín. Lo había impresionado realmente. Habían cambiado tantas cosas en estos meses. Quizás en su próxima exploración iba a ver a Pia casada y se sentiría un poco solo porque las damas al casarse, ya tienen un hogar afuera, lejos de sus casas en la que crecieron.
—Pff tu no eres vieja, realmente son del siglo pasado, aún te veo como una niña—Sonrió dulcemente mientras sacaba un pequeño baúl lleno de joyas de oro y piedras preciosas —Es maravilloso, recorrimos bordeando islas y penínsulas del Oriente, me trataron como rey. Los instrumentos, la comida, era tan diferente a los de aquí, siempre había música, habían damas coqueteándome pero…ya sabes, no quiero tener el corazón de una de ellas y me espere. Soy un aventurero, un hombre libre.—














