Ubick, de Philip K. Dick [fragmento]
-Podemos arreglárnoslas perfectamente sin gente como usted –dijo el altavoz. -El dĂa menos pensado, la gente como yo se rebelará –le contestĂł, airado, Joe–, y habrá llegado el fin de la tiranĂa de la máquina homeostática. Habrá llegado el dĂa de los valores humanos, de la piedad y del calor afectivo; ese dĂa, cualquiera que como yo las haya pasado moradas y necesite un cafĂ© para tenerse en pie y seguir funcionando mientras deba funcionar, podrá tomar su cafĂ© caliente tanto si tiene un contacred a mano como si no. –LevantĂł la miniatura de jarra de leche y la posĂł inmediatamente en el mostrador–. Además, esta leche o crema, o lo que sea, está agria. El altavoz permaneciĂł callado. -ÂżEs que no piensa hacer nada? Para reclamar el contacred no le faltaban palabras.
**
Von Vogelsang buscó malhumoradamente en el interior de su toga de tweed y sacó un billetero de falsa piel de cocodrilo en el que metió los dedos. -Vivimos en un mundo cruel en el que la única ley es la de la competencia despiadada –dijo Joe cogiendo el dinero.
**
-ÂżEstá usted cansado de tanta insipidez? ÂżSe ha apoderado la col hervida de su universo gastronĂłmico? –dijo Runciter con su voz áspera de siempre–. ÂżNo consigue librarse de ese viejo olor apagado y rancio de lunes por la mañana, por más centavos que introduzca en la cocina? Ubik pondrá fin a su problema: Ubik resucita el sabor de la comida, devolviĂ©ndole la frescura y restituyendo a cada plato su delicioso aroma de siempre. –Una lata de espray de vivos colores reemplazĂł a Glen Runciter en la pantalla–. Una pulverizaciĂłn invisible de Ubik, producto de precio por demás econĂłmico, ahuyentará todos sus temores obsesivos de que el mundo estĂ© convirtiĂ©ndose en leche agria, magnetĂłfonos gastados y ascensores antiguos, amĂ©n de otras manifestaciones de degeneraciĂłn no vislumbradas todavĂa. […]
**
Estaba regido por una alquimia funesta que culminarĂa en la tumba.
[Minotauro. TraducciĂłn de Manuel EspĂn] Â













