Tierra de todos y de nadie.
Estimado Volcán,
Quién no ha visitado nunca la Ciudad Santa de Jerusalén no puede hacerse a la idea de lo que allí uno experimenta. Creyente o no, el hecho de caminar por una tierra tan sobrecargada por los continuos conflictos políticos y religiosos y siglos de creación, lucha y destrucción, el visitante tiende a deambular por sus calles con un profundo sentimiento de recogimiento en primer lugar.
Este, sin embargo, tiende a minimizarse a medida que uno descubre una ciudad viva, moderna, repleta de cafés y modernos restaurantes, tranvías y músicos callejeros, bazares, mercados, jóvenes militares con sus armas al hombro, banderas arcoiris y religiosos con largos tirabuzones, sombreros de ala y estrechos abrigos negros que les llegan hasta los mismos pies.
Todo esto en la ciudad con algunos de los lugares religiosos más sagrados para las tres principales religiones monoteístas: judíos, cristianos y musulmanes.


















