📖𝗥elato. ✎Enseñanza recibida de tu padre: ╰Einar Slavik. ✎Praga, República Checa. ✎Mayo, 2003. El pequeño conejo corría por los pasillos de la planta superior y se metía por debajo de cada mueble que encontraba a su paso. Lya, por su parte, intentando no hacer demasiado ruido le seguía el rastro, pero era inevitable que el corretear sobre la madera no resonara en el corredor, llamando la atención del personal de aseo. Una de las amas de llave detuvo el andar de la menor interponiéndose en su camino. La checa frenó de golpe, resbalando al ir sin calzado y alcanzando por suerte a no chocar con la mujer que ahora la miraba hacia abajo con el semblante más que serio. —Alexandra, sabes que no debes correr por los pasillos— reprendió a la niña aunque sin enfado. —Lo sé, pero es que voy con prisa— replicó esta levantando su mirada azul y poniendo esa expresión que solía evitarle interrogatorios, aunque no la mantuvo demasiado tiempo. No queriendo perder de vista al pequeño roedor, intentó pasar por el lado de la sirvienta pero esta volvió a detenerla moviéndose al costado. —Es en serio, voy con prisa— insistió, comenzando a impacientarse y demostrando esto con un vaivén inconsciente que adoptaba su pequeña figura. —Sin correr, anda.— La mujer le dedicó una sonrisa y se hizo a un lado. Todo el personal de la mansión Slavik tenía un aprecio descomunal por la familia en general. Si bien eran personas que trabajaban por un sueldo, esto no les impedía haberles cogido cariño a los dueños de casa y su descendencia, independiente de estar familiarizados así fuera de manera superficial con el trabajo que sus jefes desempeñaban. Una vez libre de la presencia de adultos, Lya continuó con su carrera. Descalza como iba, patinó por sobre la madera doblando en la esquina que desviaba hacia la habitación de sus padres. El pequeño animal ya no se veía por el pasillo, y la única puerta entreabierta era esta. La menor rogaba que ninguno de sus progenitores se encontrara en el interior, así que con sumo cuidado empujó la pesada madera y asomó la cabeza, queriendo cerciorarse de que la habitación se encontraba vacía. El sonido de un mordisqueo al interior del ropero la alertó sobre la presencia de su mascota, así que sin pensárselo dos veces, ingresó y cerró la puerta a su espalda. —¡Te tengo!— gritó. A gatas, avanzó hasta el inmueble y metiendo dos dedos en la abertura, tiró para observar al interior. Su peludo amigo salió disparado y se detuvo justo en el borde de la cama; lanzó una mirada a la ahora furica checa y se metió debajo, ocultándose allí. Lya sin darse por vencida y negada a que un animal tan pequeño le ganara la partida, le siguió, y pese a que el espacio bajo la cama fuera reducido, no vaciló. Empujándose con sus pies introdujo medio cuerpo y extendió la mano alcanzando a tomar la pata del animal. Este comenzó a chillar de inmediato, pero la joven no le soltaba pese a que Tajný no cediera.
—Venga, Tajný, ven pequeño, anda, vamos…— murmuraba como si el conejo pudiera entenderle. Llevaba dos meses con ella y aún no era capaz de enseñarle a obedecer, o al menos a no hacer destrozos. Le había hecho pedazos media docena de zapatos y varias mudas de ropa, las mismas que la pequeña escondía en la parte trasera de su clóset y sacaba con ayuda de Chloe al caer la noche. Un carraspeo hizo que se moviera de prisa, golpeando su cabeza en el inmueble donde ahora se encontraba atrapada. —Lya, cariño, ¿qué haces ahí?— la pequeña tragó en seco. No había sentido ingresar a su padre; tan concentrada estaba regañando al conejo que ni siquiera hubo sentido la puerta. Intento moverse, salir de debajo de la cama pero pese a su menuda figura, estaba atrapada. —Ahm.. no puedo salir, papi— entrecerró los ojos, más no soltó la pata del animal. —No fue eso lo que pregunté, pero a ver, veamos— la joven sintió como las manos de su padre rodeaban sus tobillos y con un tirón suave, conseguía sacarla sin maltratarla. Así mismo y sabiéndose descubierta, el pequeño conejo salió junto con ella, retorciéndose en el agarre de la menor con la intención de volver a escaparse. Los chillidos, por otro lado, eran agudos y difíciles de ignorar. En cuanto la mirada de Einar se posó en la bola de pelos, Lya se encogió sobre sí misma y cerró un ojo. —Así que Tajný, ¿no?— La pequeña asintió y esbozó un puchero que podría haber derretido a cualquiera, menos a su padre que ya conocía demasiado bien el actuar de su hija cuando quería conseguir algo. —¿Por qué chilla?— preguntó. Lya aflojó el agarre pensando que por la presión el pequeño conejo no dejaba de quejarse, pero aún con eso, parecía que el sonido aumentaba. Einar tomó a su hija en brazos y la acomodó en el borde de la cama. Hincando ahora las rodillas en el suelo, estiró la mano para acariciar el pelaje del animal. —¿Me dirás ahora que hacía debajo de la cama?— —Tajný se escapó y se escondió allí. Solo quería llevarlo de vuelta a mi habitación— respondió ahora con aflicción en su voz. —Ven, dámelo. ¿Le sucedió algo antes de escaparse?— la niña negó bajando la mirada ahora hasta donde las manos de su padre palpaban al animal. Einar tomó lugar a un lado de su hija y dejó al conejo en medio de ambos, sobre el edredón. Presionó varias zonas del pequeño cuerpo y cuando alcanzó la pata que la checa hubo agarrado para atraparle, este se giró violentamente queriendo morder al mayor. —Tiene la pata zafada, ¿tiraste de ella?— Lya asintió. Su semblante manteniendo una mezcla de congoja y preocupación.
—Sostenlo. Que no baje de la cama, pero no lo aprietes— Einar se dirigió al closet y de la parte superior sacó un pequeño botiquín con el que regresó, retomando el lugar que antes hubo ocupado. Extrajo del interior una gazas, unas tablillas y otros enseres médicos que solía usar cuando Lyanna o alguno de sus demás hijos se raspaban las rodillas o se accidentaban. —Bien, ahora vas a tener que hacer un poco de presión entre lomo y costillas mientras yo corrijo la posición del hueso, ¿si? Si se mueve, podría romperselo, así que dependerá de ti si solucionamos esto o si lo hacemos peor, ¿de acuerdo?— Tomando una respiración profunda y abriendo los ojos de manera exagerada la menor volvió a asentir, obedeciendo la instrucción dada. En cuanto las manos del checo presionaron la pata del conejo, este chillo e intentó escapar, pero el agarre que Lyanna mantenía en su pequeño cuerpo lo impidió. Pasado unos minutos, el padre de la checa ya había conseguido entablillar y engazar la extremidad, trayendo finalmente algo de sosiego al pequeño animal. Se durmió cual bebé en los brazos de su dueña, quien ahora observaba a su padre con la súplica silenciosa de un "¿me lo puedo quedar?" —¿Lo quieres?— dijo, bajando su mirada oscura al animal conforme acariciaba despacio su pelaje. —Si— respondió simplemente. —¿Entonces por qué le has tirado la pata hasta el punto de zafarsela?— Lya achicó los ojos pero no respondió. Con la seguridad de que el conejo ya no escaparía, Einar se levantó y se acuclilló frente a su hija. —Te falta paciencia, Victoria, bastante. Si hubieras esperado un poco más, Tajný hubiera salido finalmente y nada de esto habría pasado. Ahora sí, puede quedarse, pero solo hasta que se recupere y lo pongamos en libertad.— —Pero.. per..— los ojos azul cielo de la joven se empañaron de inmediato. —Sin berrinches, Lyanna Alexandra Victoria Slavik. En primer lugar, esconder al animal en tu habitación estuvo mal. Hacer cómplice a Chloe fue una segunda mala decisión— Lya abrió los ojos de golpe pero Einar negó, sabiendo perfectamente hacia donde iría dirigida la queja. —No, Chloe no te delató, no eres tan buena guardando "secretos" como crees, pequeña mía. Ahora escucha, lo tercero pero no por ello menos importante, a lo que se le quiere nunca se le hace daño. Por tu falta de paciencia es que ahora el conejo tiene la pata lastimada. ¿Que hubiera pasado si en lugar de eso, lo hubieras tomado por el cuello?— Era un escenario diferente y más letal que un hueso corrido, pero en cuanto a enseñanzas, era poco el tacto que existía por parte de ambos padres. —Exactamente— dijo Einar ante la expresión que la menor hubo adoptado —no estaríamos teniendo esta conversación. La paciencia va de la mano con el cariño que profeses ya sea a un animal, persona o cosa, cariño.— El conejo se removió en la cama, quejándose con suavidad cuando quiso levantarse. Lyanna lo tomó con sumo cuidado y le dejó descansar contra su pecho, entre sus brazos.
—Yo no le quería hacer daño, papá, solo quería que dejara de esconderse— replicó. —¿No pensaste tal vez que estaba asustado? Ni siquiera los animales escapan solo por el gusto de hacerlo, cariño. Probablemente algo lo espantó, lo hizo sentir bajo amenaza, inseguro, y quiso buscar refugio, el mismo que tú le quitaste, aumentando su temor ante la presión de saberse perseguido. ¿Fue el efecto contrario al que buscabas? Por supuesto, y con repercusiones. Ahora fuera de probablemente seguir asustado, está herido. Si le hubieras dado su espacio y tiempo, acostumbrado ya a ti el solo hubiera regresado contigo.— Einar se levantó, deslizó las manos por sobre la tela de su pantalón, alisándolo, y con un gesto le pidió a su hija que lo acompañara. Con el pequeño animal cobijado entre sus brazos Lyanna siguió a su padre, quien la condujo hasta su propia habitación. Acomodó allí las prendas roídas en un montón al interior de una caja y le indicó a la menor que dejara al conejo allí. —Cuando despierte seguro tendrá hambre. No podrá jugar, pero querrá también atención, así que empecemos por lo primero. Ve a la cocina y pídele a Elora que te de unas tiras de zanahoria; ambos esperaremos a que Tajný descanse lo suficiente y le alimentaremos cuando despierte.—
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