❝ 𝐼𝑛 𝑐ℎ𝑒𝑠𝑠: 𝐵𝑜𝑛𝑔𝑐𝑙𝑜𝑢𝑑 𝐴𝑡𝑡𝑎𝑐𝑘. La risa compartida con Meredith murió de forma abrupta cuando la expresión de la irlandesa cambió; un gesto sutil, pero visible para Alexandra, como siempre. La checa no necesitó preguntar; simplemente se giró a medias para enfrentarse a una de las mozas que distribuía copas de champán. La mujer se aproximó a ellas con pasos medidos y la cabeza ligeramente gacha, una postura típica de servicio que, sin embargo, escondía una rigidez que la joven conocía bien. Al detenerse frente a Alexandra para ofrecerle la bandeja, la mujer alzó la vista apenas un segundo. Sus ojos, intuitivos y cargados con la madurez peligrosa de los años, conectaron con los de la castaña; bastó ese cruce de miradas para que la joven dedujera que algo no andaba bien. No era parte del plan que Fabiana ingresara a la gala cuando esta apenas llegaba a la mitad; la orden había sido al cierre para evitar la mayor cantidad de bajas civiles, así que ciertamente algo se había torcido en el camino y su tía había tenido que improvisar, lo que ciertamente, no era una buena señal. —Un minuto, Alexandra. Sígueme hacia el pasillo de servicio del ala oeste —susurró la mujer con un tono desprovisto de cualquier emoción antes de dar media vuelta, continuando con su trayecto de manera natural. Alexandra intercambió una mirada rápida con Meredith. La pelirroja asintió casi de forma imperceptible, dándole a entender que se mantendría apostada allí el tiempo que fuera necesario mientras vigilaba el lugar; sin embargo, algo no se sentía bien con dejarla atrás. —Será un minuto o dos, ve. Cuando vuelvas vamos por Kass y nos pones al corriente. Anda. Sin perder la compostura, la checa se deslizó entre los grupos de invitados fingiendo buscar los sanitarios, hasta colarse por la puerta batiente que daba a los pasillos traseros del Hilton. Allí, bajo la luz fluorescente, Fabiana la esperaba con la bandeja apoyada contra el pecho. —Los italianos se están moviendo rápido, más de lo que estimamos —sentenció sin preámbulos—. Tienen el Hilton completamente rodeado por fuera. Reforzaron los techos, las salidas de emergencia y las ventanas traseras con su propia gente. Convirtieron el lugar en una ratonera y Giulio ordenó un repliegue absoluto en ambos frentes. Algo los ha alterado; el plan cuadrante en uso indica que van a cerrar el perímetro en cualquier momento. No van a esperar al cierre para hacer su movimiento, Alexandra, así que tienes que sacar a los tuyos ahora, ya. Fabiana retiró la bandeja de plata a un lado y le extendió un arma que la joven introdujo en el interior de la caña de su stiletto derecho; no obstante, y aun con la seguridad extra que le profería el frío metal cargado, no pudo evitar que el corazón le diera un vuelco. Si bien el pánico era una emoción que desde siempre había sabido controlar, su cuerpo reaccionó con una intensidad traicionera que no pudo contener. Con sus cuatro meses de embarazo, el cóctel hormonal y la adrenalina disparada hicieron que el calor le subiera por el pecho, acompañado de un latido sordo que resonó con fuerza en sus oídos. El instinto biológico de protección hacia las vidas que crecían en su vientre se encendió de inmediato, exigiéndole una huida que su fría determinación la obligaba a ignorar. Se forzó a respirar de forma pausada, controlando el temblor involuntario que amenazaba con tensar sus dedos. Fabiana no detectó el cambio, y eso, al menos, era una buena señal.
—Valthjof acaba de llegar, eso debe haberlos alterado —respondió la castaña, apretando los puños contra el bordillo de su chaqueta—. Volveré al salón. Mantén a los hombres fuera del alcance visual de los Caetani; que no inicien nada hasta que yo dé la señal. Fabiana asintió, perdiéndose de inmediato por el montacargas de servicio. Alexandra respiró hondo, compuso su expresión de vuelta a la inexpresividad y empujó la puerta batiente para regresar al salón principal, pero en cuanto cruzó el umbral, la realidad la golpeó con la fuerza de un rayo. Meredith le había dicho que no se movería, mas no estaba en su lugar. Alexandra sintió el pulso ahora en sus sienes. Barrió la barra con la mirada, pero la cabellera pelirroja de la irlandesa había desaparecido por completo de su campo visual. Su respiración comenzó a acelerarse con un ritmo violento. Buscó con desesperación entre la multitud la silueta alta y protectora de su esposo, pero el noruego tampoco estaba en ninguno de los rincones del salón, y aún no sabía hacia dónde se había llevado Valthjof a Kass. Intentó ubicar a James, pero tampoco pudo visualizarlo entre la multitud. La ausencia de sus anclas principales en medio de ese nido de víboras le encendió todas las alarmas. Estaban aislados. Los habían separado en el lapso de escasos minutos y la joven no tenía la menor idea de por donde comenzar a buscar sin exponer su nerviosismo ni llamar la atención. Alexandra sintió una punzada de ansiedad; alzó la vista de forma instintiva hacia el entresuelo del Hilton y sus ojos azules dieron de lleno con la raíz de su angustia: Giulio se encontraba de pie junto a la barandilla de madera, sintiéndose superior e inalcanzable desde esa altura. Su mirada oscura, desprovista de cualquier rastro de humanidad, sostenía la de Alexandra con una intensidad cruda, casi triunfal, consciente de que la checa acababa de notar que sus piezas principales habían sido barridas del tablero. Sin apartar los ojos de ella, Giulio alzó una mano y dio un leve toque con su anillo contra una copa de cristal, llamando la atención de los presentes. El tintineo agudo reverberó en la sala, apagando las conversaciones de la alta sociedad y los acordes de la orquesta. —Damas y caballeros —la voz grave resonó desde lo alto, dando inicio formal a la gala de donaciones mientras Alexandra comenzaba a abrirse paso entre la multitud con la urgente necesidad de encontrar a su gente antes de que la ratonera se cerrara por completo—. Esta noche, la generosidad de sus anfitriones y la de los ministros más importantes de la República Checa se unen por un bien común… Continuó, con la atención de los presentes clavada en su oratoria, embelesados por el altruista italiano que había reunido a tantos por, como decía él, 𝑢𝑛 𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑐𝑜𝑚𝑢́𝑛. ༄ 05 de marzo, 2025 Hilton Prague Hotel. República Checa.















