Me paso solo para dejaros un pequeño y adorable drabble basado en la canción My Town, de Dylan Scott. (941 palabras) Canción 7 de la Deluxe Edition
La del cazador es una vida solitaria. Sam Winchester lo sabía. Había aprendido tiempo atrás a no sentir apego por nadie. Todo lo que tenía era a su hermano y el Impala y había aprendido a aceptar que eso era todo lo que iba a tener. Vale que él no había sabido de la existencia de monstruos y criaturas que acechan en la noche hasta que fue mayor de lo que Dean era cuando lo descubrió, pero eso no significaba que Sam hubiera tenido una infancia. Nunca tuvo un hogar. Nunca echó raíces.
Y había aprendido a vivir así.
A lo mejor era más fácil así, pensaba a menudo. Sin memoria de su madre, sin nostalgia del dormitorio de su infancia. Nunca echaba de manos los días fáciles de su pasado, porque nunca los tuvo en primer lugar. Los amigos que había hecho a lo largo de la vida, tenían tendencia a morir de forma horrible.
Así es como eran las cosas.
Así era la vida del cazador.
Solitaria, fría y solitaria.
Y Sam lo había aceptado. Había tratado de salir de ella, pero era imposible. Una vez que estabas dentro, lo estabas para siempre. No había forma de escapar. Cada persona a la que habías sonreído, tenía de repente una diana pintada en la espalda.
Pero eso cambió en cuanto la conoció a ella.
La cazadora de ojos brillantes, flores en el tapizado del asiento de su VW Escarabajo, y una sonrisa asesina.
Dean la había arrinconado en su taburete para invitarla a una cerveza y una conversación y con eso había bastado. Tras un par de cazas y unas cuantas conversaciones telefónicas, abandonó el Escarabajo en favor del asiento de atrás del Impala, ya que ninguno de los Winchester cabía en su coche.
“He encontrado una caza.” Se coló en la habitación del hotel de los chicos una mañana y deslizó la tablet por la mesa. Sam y Dean recorrieron los artículos de la pantalla mientras ella seguía hablando. “Si nos vamos en diez minutos llegaremos a las ocho de la noche, que es la hora de la pausa del restaurante de Ed. La comida es para morirse. Las Mejores Hamburguesas de la Tierra, pensarás que has ido a parar al cielo.
“¿Mejores que las de ese sitio en Ozarks? Cielo, tienes que estar loca.”
Levantó la ceja hacia Dean y se puso las manos en las caderas. “No te atrevas a insultar mi ciudad, Dean. Sé de lo que estoy hablando. Ahora ve a hacer las maletas porque tengo que educarte en eso de las hamburguesas.”
Sam miró atrás por quinta vez en la última hora. Estaba acurrucada en el asiento de atrás, empapándose del escenario vacío que era el sur de Wyoming con una media sonrisa feliz en su rostro.
“Así qué, ¿creciste aquí?”
“Nacida y criada.” Finalmente apartó la mirada de las plantas de artemisa y miró a Sam. “Solía odiarlo. Era demasiado pequeño, demasiado feo… No había nada que hacer. Me tuve que mudar fuera para darme cuenta de que no hay nada como el hogar.”
Parpadeó al mirar por el parabrisas y se movió hasta que su cabeza quedo situada entre los dos asientos de los Winchesters. “¿Veis esa salida de allí? Si la tomas y conduces unos sesenta y cinco km, verás un camino de tierra a la derecha que puedes seguir durante otros cuarenta y cinco km y llegarás a donde están los mejores senderos para recorrer con todoterrenos. Llévate a unos amigos, fuegos artificiales y nubes de azúcar y a mirar las estrellas… no habrás visto nunca una noche tan perfecta.”
Sam recordó la noche que la vio por primera vez y pensó que sería una buena contendiente.
En poco tiempo, estaba guiando a Dean por las calles que dirigían a un pequeño restaurante en las afueras de la ciudad. El parking estaba casi lleno y Sam levantó la ceja. “Creí que habías dicho que llegaríamos a la hora de la pausa.”
“Esta es la pausa, cielo. Además, el parking es bastante pequeño, así que es un poco engañoso. Podremos encontrar un asiento vacío, casi seguro. Pero querremos sentarnos en la barra.” Bajó la voz con naturalidad hasta hablar con el acento lento y arrastrado del oeste. Sam lo había notado aflorar un poco en un par de conversaciones que había mantenido con otra gente, pero nunca lo había escuchado en su pleno apogeo hasta ahora.
En cuanto entró en el pequeño edificio, una mujer mayor con un delantal se acercó hacia ellos con una amplia sonrisa. “¡Aquí esta mi pequeña y dulce Chica del Centeno!”
“Marva, ¡ha pasado una barbaridad de tiempo!”
“¿Y de quién es la culpa?” la camarera la miró fijamente, pero ella simplemente sonrió y le dio a la mujer un abrazo. “Vale, cielo, estas perdonada, pero solo si me presentas a estos dos amigos tuyos tan guapos.”
Tras las presentaciones, Marva les llevó hasta el mostrador para que se sentaran. Estuvieron allí, en el mostrador, durante horas, riéndose y hablando con todo el mundo. Literalmente todo el mundo. Las conversaciones se movían desde los taburetes del mostrador hasta los asientos de las mesas y a la cocina que había en la parte de atrás. No había conversaciones privadas. Todo el mundo parecía saber quienes eran los demás, incluida T/N. Y ella no había vivido allí en años. Y aún así, era una cara familiar.
Sam siempre pensó que la vida del cazador era una carretera larga, solitaria y llena de polvo.
Pero ella le estaba enseñando una clase diferente de carretera sucia y desolada. Una con rostros amigables, señales de stop conocidas y amor del sencillo.
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Sumario: Tu amigo de la universidad, te sorprende con una visita mientras está en la cuidad.
Recuento De Palabras: 1.841
Advertencias: ¡Ninguna!
N/A: Empecé a escribir esto una semana después de crear este blog (antes había escrito Just Leave), pero no podía meterme en la mente de Sam ya que era 100% Dean!Girl por aquel entonces, pero pensé que estaría bien superar el bloqueo de As It Seem acabando este. Así que, ¡espero que disfrutéis este oneshot de Sam! ¡Y espero que mi musa vuelva de sus vacaciones pronto!
English Version: Looking Forward To It
“Vamos a ensayarlo de nuevo,” dijiste en cuanto los cinco minutos de descanso que os estáis tomando pasaron. Sorprendentemente, nadie protestó. Habíais estado ensayando como una esclavos todo el día y ninguno de tus compañeros de baile parecía estar a punto de desmayarse del cansancio.
Todo el mundo se puso en su puesto y apretaste el botón de play. En cuanto la guitarra sonó con las primeras notas de Ellie Goulding’s On My Mind, los quince empezasteis a moveros. Habías coreografiado todo el baile y estabas orgullosa de la complejidad de los movimientos. Cada bailarín interactuaba con todos los demás en algún punto de la canción. Los simples movimientos en los que habías basado el baile tomaban vida con cada sonido, y la libertad artística que les habías dado para que cada uno añadiera su propio sabor, hacía que los bailarines se movieran en un lio de estilos y cuerpos, pero había ciertas partes de la canción en las que de repente todo el mundo se movía de forma simultanea, para separarse después al ritmo de otro sonido.
Tres minutos y medio después, la música terminó y todo el mundo sonreía de oreja a oreja. Sabían que había sido el mejor ensayo hasta el momento.
“Vale chicos, ya os podéis ir. Estamos totalmente preparados para este fin de semana,” anunciaste. A pesar del buen humor y del entusiasmo que les producía el baile, se relajaron inmediatamente y comenzaron a salir por la puerta. Te giraste para ir a por el agua, pero te detuviste al ver un rostro conocido de pie en la puerta, mirándote. “¿Sam?”
“T/N,” Sam sonrió y se acercó a ti para darte un abrazo.
Te retorciste entre sus brazos. “Sam, estoy toda sudada.”
Soltó una carcajada. “¿Y? No te he visto desde, ¿Cuánto tiempo ha pasado?”
“¿Seis años? ¿Siete? ¿Qué fue de tu vida cuando te fuiste?”
Sam se inclinó y agarró tu bolsa donde estaban tus zapatos de calle y te los pasó. Sonreíste al vérselo hacer. Hacía tiempo, cuando estabais en Stanford los dos, te habías hecho amiga de ese gigantón. Jess había sido una de tus mejores amigas, y de hecho fuiste tú quien los presentó.
Después el fuego mató a Jess, y Sam desapareció en combate. No podías culparle. Tú también habías querido desaparecer, pero en cambio te volcaste en el baile y te graduaste la primera de la clase. En pocos años, te las apañaste para hacerte camino entre las más prestigiosas compañías de baile del país. Una vez logrado eso, te diste cuenta de que estabas empezando a aburrirte, así que lo dejaste y creaste tu propia compañía de baile para competir por todo el país.
“He estado trabajando con mi hermano. ¿Y tú? Aún bailando, según veo.”
“No creo que pudiera dejarlo aunque quisiera,” te reíste y te pusiste rápidamente los zapatos para salir a la calle y un chándal.
Sam salió delante te ti y miró la calle donde un precioso coche negro estaba aparcado. Se paró bajo la sombra de un árbol. “Bueno, mi hermano y yo vamos a estar en la ciudad durante un par de días. ¿Te apetece que quedemos para tomar algo?”
“Tengo una competición este fin de semana así que—”
“Entonces, ¿un café?” cambió su oferta, sabiendo que no beberías alcohol antes de una competición, aunque tampoco es que tú bebieras mucho.
Una pequeña sonrisa iluminó tu cara. “Claro. Me encantaría.”
“¡Genial! Entonces…” se interrumpió, aparentemente sin saber que más decir.
“Oh, bueno, supongo que mejor te doy mi nuevo numero.” Te apresuraste a encontrar tu teléfono en el bolso e intercambiasteis los teléfonos. Hicisteis planes para encontraros al día siguiente antes de iros cada uno por su lado.
Mientras te alejabas, la culpa tiñó tu alegría. Estabas encantada de encontrarte con Sam. Pero te sentías culpable por estar tan feliz de esa casi-cita. Parecía estar mal de alguna manera, ya que él solía salir con Jess quien solía ser tu mejor amiga. No querías meterte en su territorio y empañar los recuerdos de su relación, pero te gustaba Sam ya antes de que conociera a Jess.
Sin embargo, tus sentimientos no habían significado nada después de que ellos dos se conocieran. Prácticamente eran una pareja forjada en el cielo.
Aún así, la culpa no te impidió pasar más tiempo del normal maquillándote al día siguiente. Llegaste al restaurante unos minutos antes y esperaste fuera, disfrutando del sol a que llegara Sam. Cerraste los ojos y te inclinaste sobre el templado cristal de la ventana. No tenías mucho tiempo para relajarte ya. O bien estabas en el estudio de baile, o en el despacho de tu apartamento. Dirigir tu propia compañía de baile y llevarla a competiciones ocupaba mucho más tiempo del que te hubieras imaginado.
Unos pasos acercándose te hicieron abrir los ojos y sonreíste inmediatamente cuando viste a Sam caminando hacia allí. A penas habías notado al otro hombre que caminaba a su lado mientas te acercabas y le dabas a Sam un abrazo de vedad, ahora que ya no estabas sudada. “Eh, Sam.”
“T/N.” Sam dio un paso atrás, pero mantuvo la mano en tu espalda. “Este es mi hermano Dean.”
Sus alarmantes ojos verdes fue lo primero que viste, y después notaste el resto. “Encantado de conocerte, Dean.” Y volviéndote hacia Sam, le susurraste, “Tu familia tiene muy buenos genes.”
Sam puso los ojos en blanco y te empujó hacia la puerta. Elegisteis una mesa y os sentasteis, Dean en un lado y Sam y tú en el otro. Dean apoyó los codos en la mesa y se inclinó hacia delante. “Entonces, ¿De que os conocéis?”
“Ella me arrolló” dijo Sam sin darle importancia.
Le diste un golpe en el brazo con la mano. “¡No lo hice!” te volviste a mirar a Dean. “Llegaba tarde a clase un día y literalmente me choque con Sam porque estaba merodeando en la esquina como un rarito.”
“Estaba mirando el mapa, no merodeando,” Sam protestó.
Te giraste en el asiento hasta que estuviste mirándole de frente. Levantando una ceja, te reíste. “¿Y no puedes hacer varias cosas a la vez? Estabas merodeando y mirando al mapa a la vez.”
La camarera se acercó y apuntó vuestra comida. Sam sonrió ante tu ya conocido ensalada y “tantas patatas como puedas poner en un plato.” Él y Jess solían tomarte el pelo por tu gusto contradictorio con los alimentos. Aunque en realidad, eran solo las patatas. Comías sano casi todo el tiempo, pero si un sitio tenía patatas, estabas perdida. Tu autocontrol se iba por la ventana. Hasta la vista, baby.
“¿Qué has estado haciendo además de bailar? Preguntó Sam.
Y tú te reíste. “Crees que tengo vida social o algún pasatiempo? Creo que fui a un parque de atracciones hace como ¿un año? Alguien de mi equipo de bailarines me llevó de senderismo hace como un mes. Y eso es todo.”
“Pues habrá que hace algo para arreglarlo mientras yo esté aquí.”
¿Te acababa de pedir una cita? Miraste a su hermano, pero notaste solo le estaba prestando atención a la camarera que estaba haciendo las rondas. Así que no tendrías ayuda para descifrar las palabras de Sam.
Le respondiste el conocido, “Sí. Suena bien.”
“¿Y qué—estaba a punto de preguntar que es lo que se puede hacer por aquí pero supongo que no lo sabes, ¿eh?” Los ojos de Dean centelleaban. Palabra de honor que centelleaban. Una chispa que parecía haber cortocircuitado tu cerebro. Pero decidiste que le podrías echar la culpa a estar teniendo una interacción social tras años sin salir del estudio de baile.
Sí.
Eso es lo que era.
“He oído decir a la gente que hay buenas zonas para hacer senderismo y piscinas naturales, pero no tengo ni idea de por donde empezar a buscar. Y además está la bolera y los bares habituales "
La camarera volvió con vuestra comida y visteis como Dean flirteaba con ella durante le breve momento que estuvo en vuestra mesa. Después viste alucinada como se volcaba en la hamburguesa como si no hubiera comido en días.
“Entonces, eh,” Sam hizo que volvieras a prestarle atención olvidando el romance que Dean estaba teniendo con su comida. “Preguntaré para ver si hay algo divertido que podamos hacer los dos. ¿Qué te parece?”
Los dos solos. Lo que parecía era una cita en toda regla.
“Genial. Suena genial. Tengo una competición el sábado por la mañana, pero estaré libre como a las dos.”
Dean os interrumpió, con la boca aún llega de hamburguesa. Señaló con el dedo tu plato a rebosar de patatas fritas. “¿Te las vas a comer?”
Como si fueras el enanito al otro lado del arcoíris protegiendo tus monedas de oro, te acercaste el plato e hiciste un escudo con tu brazo. “No te atrevas a comerte mi comida, tío.”
Levantó las manos en gesto de rendirse y os miró a Sam y a ti con una sonrisa divertida. “Lo siento. No sabía que te tomabas tan en serio tus patatas.”
“Si hay patatas de por medio, T/N mataría a un hombre.” Sam comenzó a reírse. “Recuerdo esa vez que Gerald trató de comerse un poco de tu puré y le apuñalaste, literalmente, le clavaste el cuchillo. En plan, el cuchillo saliendo de su mano. Aprendió la lección por las malas.”
Durante un segundo, te sentiste algo avergonzada al recordarlo, pero luego te diste cuenta. Este era Sam. Tu amigo de la universidad. Vale que no le habías visto durante lo que parecía una eternidad, y casi erais desconocidos de nuevo, pero aún era tu amigo. Y, qué demonios, su hermano estaba hablando con la boca llena. No había nada de lo que avergonzarse allí.
“Tiene suerte de que no tenga un cuchillo a mano.”
Sam y tú pasasteis el resto de la comida recordando los viejos y buenos tiempos, y Dean os contó alguna historia de las suyas. Antes de que te dieras cuenta, había pasado ya la hora en la que debías estar de vuelta en el estudio. Salisteis a la soleada tarde y Dean se dirigió directamente al coche, pero Sam y tú os quedasteis un momento en la acera, alargando un poco más ese momento.
“Bueno, trataré de ir a tu competición el sábado, y prometo no llevar a Dean. Probablemente colaría una corneta o uno de esos estúpidos dedos enormes de gomaespuma o algo del estilo.” Soltó una carcajada y tú le respondiste con una sonrisa. Dean parecía un tío interesante. “Y ya te cuento lo que haremos luego, ¿vale?”
“Más te vale. Ya lo estoy deseando.”
Os mirasteis fijamente a los ojos sonriendo durante unos segundos hasta que él se aclaró la garganta y miró alrededor. “Bueno, yo, eh, más vale que me vaya yendo ya. Te veré el sábado.”
“Cuento con ello. Adiós, Sam.”
Le miraste mientras se alejaba, aprovechando que te daba la espalda para echarle un buen vistazo. La forma confiada de caminar, y esos hombros tan anchos hicieron que tu imaginación comenzara a dispararse.
Pedido anónimamente: Hoooola! ¿Puedes hacer uno en el que la lectora tiene poderes telequineticos pero no los usa porque tiene miedo de que Sam y Dean vayan a decirle algo o a juzgarla. Pero en una caza algo sale mal y ella se ve forzada a usar sus poderes. En lugar de enfadarse, Sam y Dean están impresionados y son comprensivos y están tan agradecidos de que la lectora sea así, que no tiene que esconderles ya nada.
Pedido anónimamente: ¿Podrías hacer un Sammyxlectora con algo de destiel? Si no son tu ship, lo entiendo completamente. ¡Gracias amor!
Recuento de palabras: 2.442
Advertencias: Ninguna
N/A: La primera idea me recordó a un oneshot que escribí hace unas semanas, así que es un poco la “Versión de Dean” de: Veintiuno.
English Version: Abnormal
“¡Muévete, Winchester!” golpeaste la puerta de Dean a las seis de la mañana, dándote el placer perverso de despertarle. “Tenemos calles que patear y vidas que salvar.”
“Tú si que eres una calle,” Dean te contestó, lo de insultar no era lo suyo a estas horas tan tempranas.
Sonriendo, golpeaste la puerta de nuevo. “Diez minutos. Desayunamos por el camino.”
Dejaste a Dean a lo suyo y caminaste por el bunker. De hecho, te habías portado muy bien con Dean. Después de todo, ya llevabas levantada una hora, preparada para salir, pero le habías dejado dormir hasta que Sam volvió de comprar suministros. Entraste en la cocina y automáticamente una sonrisa cubrió tu rostro cuando viste a Sam sacando la compra de las bolsas para volver a guardarlas. Incapaz de contenerte, cruzaste la cocina y le abrazaste, poniéndote de puntillas para darle un beso en la nuca. “Buenos días.”
“Buenos días.” Sam se giró entre tus brazos y te atrajo hacia él, dándote un beso de verdad. “Tengo muffins y Fran me ha dicho que te diga que tienes que pasarte por allí y hacerle una visita. Creo que piensa que te tengo aquí escondida.”
“¿Y es verdad?” Bromeaste.
Sam sonrió pícaro, haciendo que algo en tu estomago revoloteara, y caminó hacia atrás aún abrazado a ti hasta que tu culo tocó la encimera. Pegándose a ti, se inclinó y te besó el lóbulo de la oreja. “Por supuesto que es verdad. ¿Cómo si no te iba a tener toda para mi solo?”
Giraste la cabeza y le diste un ligero beso que rápidamente se tornó en algo más apasionado.
“Ahg,” Dean gruñó mientras se tambaleaba por la cocina en busca de café. “De verdad, sois como el principio de todas las pornos que he visto. Todo el tiempo.”
“No todo el tiempo,” le contestaste. “Pero no te dejamos ver la parte buena.”
“Gracias a dios por ello,” Dean miró hacia arriba y tu pusiste los ojos en blanco sabiendo exactamente lo que sentía por Dios. “¿Dónde esta mi café? Si vamos a irnos las mierda y media antes del amanecer, y voy a tener que estar a todas horas con la pareja que hace la audición con el número tres para Casa Erótica, necesito café.”
“La jarra está donde siempre,” le respondiste, aun atrapada ente Sam y la encimera. Mirándote a los ojos, Sam sonrió travieso antes de moverse hasta colocarte con la espalda contra su pecho.
“Hablando de pornos, ¿me pareció escuchar a Cas aquí anoche?”
Dean se enderezó como si le hubieran electrificado y tú te reíste. Dean y él eran pareja, no importaba lo que ellos dijeran. Aunque Cas casi lo había admitido un par de veces. “¿Qué? ¡No!”
“Mn-mm,” insinuaste. “Estaba casi segura de haberle oído.”
“No se como puedes oír nada con el sonido de tus desagradables gruñidos.”
Si Dean pensaba que darle la vuelta a la conversación para hablar de Sam y de ti le iba a funcionar, estaba equivocado. Ningunos de los dos tenías vergüenza y por lo tanto no se os podía avergonzar. Conocías tu relación y eras dueña de ella. Dean y Cas por otro lado… era tan divertido burlarse.
Bueno, tú lo sabías todo de tu relación. Había una cosa que Sam no sabía, pero no importaba porque nunca lo iba a saber. No ibas a ser una rarita, y desde luego no ibas a darle a los Winchesters una razón para odiarte y cazarte.
“Mnn,” Sam fingió considerar la respuesta de Dean. “Nop. Definitivamente yo también escuché a más de dos personas la pasada noche.”
“Será mejor que te revises el oído, Sammy,” gruñó Dean. Parecía decidido a darlos la espalda, como si así no os dierais cuenta de que se estaba sonrojando un poco.
“Vale, Dean,” cediste por el momento. “Lo dejaremos estar. Ya nos lo dirás cuando estés preparado.”
Antes de que a Dean se le ocurriera una respuesta, Sam se movió de detrás de ti y te agarró de la mano. “Incluso nos vamos a ir a llevar la comida y la munición extra al coche, para que puedas disfrutar de tu café en paz.”
Dean miró al reloj de la pared. “Se supone que nos tenemos que ir en tres minutos, no tenéis tiempo para uno rapidito.”
“Me suena a reto, ¿eh Sammy?” levantaste las cejas mirando a tu novio que se rio y agarró un par de bolsas con la mano libre, empujándote fuera del bunker.
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“¿Demonios? ¿En serio?” preguntaste. “No es un poco…fácil?”
Sam se encogió de hombros y se echó hacia atrás en la silla. “No hemos cazado demonios desde que Crowley se convirtió en el Rey del Infierno. No hemos tenido que hacerlo.”
“¿Entonces qué? ¿estamos lidiando con demonios que han ido por libre a por la presa fácil y borracha? ¿No podemos decírselo a Crowley y dejar que él se ocupe de ellos?” sugirió Dean “Tenemos peces más gordos que pescar?”
“Pero ya estamos aquí,” apuntaste. “Hemos conducido durante horas, así que ya puestos podríamos matar algo.”
Sam sonrió orgulloso. “Esa es mi chica. Siempre a punto para un asesinato.”
Hubo un sonido de aleteo y Sam y tú alzasteis la mirada para ver a Cas parado detrás de Dean. Las mejillas de Dean comenzaron a enrojecer e intentaste con toda tu fuerza mantener el semblante serio. “Hola Castiel.”
“T/N. Sam.” Cas os hizo un gesto a los dos antes de centrarse en Dean. “Dean.”
“Cas,” Dean le saludó con brusquedad. “¿Qué estas haciendo aquí?”
“¿No es obvio, Dean?” preguntaste, muy muy inocentemente. “Estamos en tu habitación del hotel y son más de las diez.”
Cas arrugó la frente como siempre hacía cuando no entendía tus bromas, pero Dean lo entendió. Lo entendió demasiado bien, a juzgar por la mirada que te dedicó. “Le he preguntado a Cas.”
“No estáis cazando un demonio,” Cas abandonó el intento de darle sentido a tus insinuaciones. “Hay un Shōjō en la ciudad.”
“Ah, genial,” gruñó Dean. “Justo lo que nos hacía falta.”
“Espera. ¿Aquí?” Sam se inclinó hacia delante apoyando los codos en las rodillas y mirando a Cas. “Son japoneses. ¿No son dos de ellos en tan pocos años demasiados para América?”
“¿Qué demonios es un Shōjō?” le interrumpiste, sintiéndote fuera de onda.
“Un espíritu del alcohol. Te puedes unir a él y obligarle a hacer lo que quieras, que generalmente suele ser matar gente. Les gusta ir a por gente borracha, porque tienes que estar borracho para verles, y les gusta jugar con su comida.” Explicó Sam. “Nos cargamos a uno en Kansas hace algún tiempo.”
“Suena a fiesta animal.”
“De hecho, T/N, los Shōjō suelen tomar forma humana, así que no son animales en el sentido que estás pensando,” expuso Cas.
Incluso estando acostumbrada como lo estabas a las excentricidades de Cas, y a que lo tomara todo de forma literal, no pudiste dejar pasar la oportunidad de gastarle una broma. “Eh, Dean, explícale a tu novio que solo estaba haciendo una broma.”
Cas desvió rápidamente la mirada de ti a Dean. “Creí que no querías que lo supieran.”
Abriste la boca de golpe y apuntaste con el dedo a Dean, que se estaba poniendo mas rojo de lo que lo habías visto nunca. “¡Pillado! Lo sabía. Paga Sam. Te dije que iba a lograr que lo admitieran en menos de una semana.”
Sam ni siquiera fingió estar enfadado por perder la apuesta mientras rebuscaba en su cartera y te tendía unos billetes. “Dos días. No está mal, T/N. No está nada mal.”
“Gracias.” Fingiste una reverencia. Ahora que finalmente habías logrado de Dean y Cas admitieran sus sentimientos, podíais continuar. “Entonces, este Shōjō… ¿Cómo lo matamos?”
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Emborracharse siempre es una mala idea. Cuando estás borracha, las posibilidades de ocultar tu anormalidad son bastante mas reducidas de lo habitual. Y aún lo son menos si estás borracha durante una caza. Puesto tenías que estar borracha para ver a la condenada cosa esa, esperabas y rezabas para que no se te escapara accidentalmente.
“¿Veis algo?” preguntó Sam, moviéndose por la pared hacia donde tú estabas. Él estaba sobrio, ya que alguien tenía que estar alerta. Tú habías sacado la pajita más corta. Dean y Cas estaban a cargo de mantener a la futura victima a salvo, una chica que había engañado al idiota que había convocado a esa cosa. Por qué había venido a ese estúpido almacén y cómo se las había apañado para ocultarse tanto que ni siquiera Cas podía encontrarla era un misterio para ti.
“Solo tu precioso rostro. ¿Te he dicho ya cuanto me gusta tu nariz? Es tan perfecta y—”
Sam se rio y apartó tu dedo de su rostro. “El Shōjō, T/N. Tío, se me olvidaba como te pones cuando estás borracha.”
“¿Y cómo me pongo, Sam-u-el?” pasaste los ojos por el almacén abandonado, buscando a algo muy pálido con forma humana.
“Muy cariñosa,” susurró, inclinándose hacia delante para darte un beso en la mejilla. Emitiste un ruidillo de satisfacción y luchaste contra tu cuerpo que no quería hacer nada mas que empujarle contra la pared. La mente de Sam parecía tener la misma idea porque se alejó de ti un par de pasos, tratando de mantener una distancia de seguridad entre los dos.
Alejaste la mirada de él, tratando de concentrarte y de no dejar que el alcohol te nublara la mente y las habilidades para la caza demasiado. “¿Por qué los monstruos siempre están en sitios abandonados con poca luz? Ya son feos. Uno pensaría que al menos tratarían de encontrar la luz que les fuera mejor.”
“Tú limítate a buscar al Shōjō.”
“Vale. El Shōjō. Es un nombre muy raro—” viste un movimiento por el rabillo del ojo. “Pálido y que da miedo, ¿no?”
“¿Dónde?”
En lugar de responder, te dirigiste hacia allí, tambaleándote ligeramente. Hubo un fuerte grito, y Sam y tú os disteis la vuelta. La adrenalina te aclaró la mente y fue como si estuvieras sobria de nuevo, excepto que aun podías ver a esa cosa caminando hacia la pobre chica. Señalaste con el dedo, “¡Allí!”
Con la espada, Sam saltó hacia delante y atacó lo que para él solo era aire. El Shōjō saltó hacia atrás y se giró hacia Sam mirándolo.
“¡Tírate al suelo y rueda a la derecha!” ordenaste. El cuerpo de Sam reaccionó al instante al oír tu voz y se quitó de en medio justo cuando el espíritu se deslizaba en el lugar que había ocupado. La espada, sin embargo, salió disparada. Dean y Cas entraron en la habitación, pero no tuviste tiempo suficiente para advertirles antes de que el Shōjō les lanzara contra la pared y los dejara fuera de juego. Todo sucedió demasiado rápido. El Shōjō atrajo la espada, y te diste cuenta de que iba a atravesar a Sam. Ni siquiera lo pensaste.
Estiraste la mano y la detuviste a medio vuelo con la fuerza de tu mente.
Fue un instinto. Aquello que llevabas toda la vida reprimiendo y tratando de suprimir… sucedió.
La espada flotaba en el aire. Comenzó a sacudirse, atrapada entre tu fuerza telequinetica y la del Shōjō. Por el rabillo del ojo, viste a Sam abrir mucho los ojos mirando la escena y sacando la conclusión que habías temido siempre. Poderes como ese no eran normales. Pero Sam había estado en peligro y no habías podido quedarte quieta.
Con ese recuerdo, concentraste el resto de tu poder en la estantería llena de clavos oxidados que había detrás del Shōjō hasta que se le cayeron encima sorprendiéndola tanto soltó la espada. Con un simple pensamiento, la mandaste dando vueltas hacia ella, atravesándole el abdomen.
El mundo pareció haberse congelado cuando miró hacia abajo, a la herida y luego de vuelta hacia ti con una mirada de puro odio. El grito de agonía más desagradable que habías escuchado nunca salió de su boca mientras se caía hacia atrás, haciendose humo.
“¿Qué ha sido eso?” la chica preguntó, rompiendo el silencio.
“Sí, T/N,” dijo Sam con cautela. “Qué demonios ha sido eso?”
“¿Sorpresa?” hiciste una mueca y decidiste contarles la versión autorizada mejor que esperar a que te la sacaran mediante un interrogatorio. “No se cómo ni por qué, pero aparentemente soy telequinética. Lo he sido desde que nací. No soy ni un monstruo ni un demonio ni nada parecido, hasta dónde yo sé. ¿Un humano con un cerebro ligeramente más desarrollado?”
Dean se movió, mirándote indeciso durante un momento antes de que se le iluminara la cara. “Bueno, sea lo que sea, ¡ha sido increíble!”
“¿Qué?” esperabas ira y miedo. No un cumplido.
Sam miró a Dean antes de sonreír. “Nos has salvado la vida T/N. Bueno, no estoy contento con que nos lo hayas ocultado, pero entiendo el por qué.” Se levantó del suelo y camino hacia ti, atrayéndote entre sus brazos. Aún aturdida por la aceptación que los Winchesters te estaban dando, abrazaste a Sam lentamente.
“En serio. ¿Qué. Demonios. Ha. Pasado?” Prácticamente gritó la mujer, muy inquieta.
“Oh, sí,” murmuraste, separándote un poco de los brazos de Sam. En cuando fuiste capaz de mantenerte en pie por ti misma, trastabillaste. Sam estiró el brazo y te atrajo de nuevo hacia él para que te apoyaras mientras su adrenalina se disipaba y la embriaguez reaparecía.
“Vamos al hotel a comer algo y tomar una taza de café solo,” murmuró Sam. “Dean y Cas se ocupan de la chica, ¿verdad?”
Dean asintió y ondeó la mano para que os fuerais mientras Cas gateaba hasta donde estaba Dean y con ternura le curaba el corte que se había hecho Dean cuando le lanzaron contra la pared. Tras dar un par de pasos, Sam acabó levantándote en sus brazos y tú te acurrucaste contra él. “¿Te parece bien todo lo de la telequinesis?”
“Sí. Si tú dices que no sabes por qué la tienes, a mi con eso me basta. No eres un monstruo, y ya averiguaremos más adelante que está pasando, pero estoy perfectamente bien con ello.” Sam te dejó al lado del Impala y sujetase su rostro entre tus manos. El mundo aún daba vueltas, pero era difícil no concentrarse en los ojos de Sam. “Te quiero y voy a estar a tu lado sin importar la mierda que te pueda pasar. Mi vida tampoco ha sido exactamente normal.”
Le besaste, sujetándole del pelo para hacer que el beso durara más tiempo. “Yo también te quiero, Sam. Podemos ser anormales juntos.”
En el viaje de vuelta al hotel, Sam se rio, lo que hizo que le miraras curiosa. “Yo estoy saliendo con una telequinética y Dean esta saliendo con un ángel. Definitivamente lo normal no nos va. Para nada.”
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Pasó sus dedos lentamente por mi pecho desnudo, su piel suave bajo mis manos podría haberme vuelto loco.
“No hemos cerrado las persianas,” me susurró ella con una sonrisilla. “Tus vecinos probablemente hayan tenido asiento de primera fila.”
“Mnnn. Con suerte, puede que hayan aprendido una cosa o dos.”
“Probablemente estén celoso.” Se movió y yo gruñí cuando se apartó. Sin embargo, no paso mucho tiempo antes de que estuviera tumbada sobre mi, con los codos a los lados de mis hombros, pasándome los dedos por el pelo y los labios por el rostro. “Venga, es que mírate. Mi propio y personal Dios Griego. Y además sabes moverte. ¿Esa cosa que hiciste con las caderas anoche? Sam, me hiciste ver literalmente las estrellas.”
“Tengo que darle a mi chica todo lo que tengo.” ¿Cómo es que solo hacía un mes estábamos juntos? Parecía que nos habíamos conocido durante años.
Su teléfono sonó en la mesilla de noche. Tras un breve vistazo a la pantalla, ignoró el testo y volvió a su posición sobre mi pecho.
“¿Era Chantelle?”
“Sí. Aún cree que vamos demasiado rápido.”
Íbamos rápido, eso estaba claro. Pero ¿Demasiado? ¿Quién podía decidir algo así? “Bueno, pasas casi cada noche aquí. Has dejado aquí un cepillo de dientes. Te di un cajón en mi armario la pasada semana…”
“Me gusta nuestra línea temporal,” sentenció resuelta. “Chantelle sigue hablando sobre todas las reglas sociales de una relación y estupideces por el estilo, pero no me importa. Me gusta lo que tenemos.”
“Me gusta romper las reglas.” Sonreí, moviendo la mano por su pelo para atraerla hacia mi y besarla. Movió sus caderas sobre las mías, toda traza de la conversación previa desvaneciéndose mientras la ronda dos (o la tres) de la noche daba comienzo.
Puede que nos estuviéramos moviendo demasiado rápido para la mayoría de la gente, pero ¿para T/N y para mi? Yo ya estaba preparado para agarrarla y llevármela en medio de la noche a la capilla más cercana.
Reto de la Autora: Escribir un fic de cada capitulo de la temporada 12.
Recuento de palabras: 834
English Version
“Menudo imbécil,” gruñó Dean tras acabar de hablar por teléfono con Ketch.
“¿Y?” le interpeló Sam.
Dean se volvió a miraros a Sam y a ti. “Dice que no ha visto a mamá desde hace una semana.”
“Pero mamá llamó hace dos días y dijo que estaba trabajando con él en un caso.”
“Lo que significa que él está mintiendo,” añadiste tú.
“Pero por qué—” Sam se vio interrumpido por el sonido del teléfono. Le miraste mientras hablaba con Jody, notando como se le iba rompiendo el gesto. Le dio las gracias y colgó. Estabas demasiado asustada para preguntar quién había muerto. Parecía que todo el mundo se moría últimamente. No estabas segura de poder soportar una muerte más.
Dean no tenía tus reparos y preguntó. “¿Quién?”
“Eileen.”
Y se te rompió el corazón pensando en Sam. No habías conocido a Eileen. Por alguna razón, habías estado metida en otra caza cuando ella se pasaba por allí. Pero habías oído las historias que contaban los hermanos y visto como el gesto de Sam se iluminaba cuando alguien mencionaba su nombre. Maldita sea, pensabas que por fin podría tener un poco de felicidad en su vida. Alguien a quien llamar y contarle sus mierdas cuando necesitaba hablar con alguien que no fuerais tú misma o Dean. Alguien que le hacia sonreír de esa forma que ni tú ni Dean podíais. Finalmente tenía alguien además de Dean y tú. Y ahora también estaba muerta, joder.
“¿Cómo?”
No estabas segura de si querías oír la respuesta a esa pregunta, y especialmente no querías que fuera Sam quien contestara. Pero no podías moverte. “La, la atacó un animal salvaje en una zona boscosa que no tiene animales de ese tipo. En Carolina del Sur.”
“Pensé que estaba en Irlanda,” interrumpiste. Si estaba en los estados unidos, te hubiera gustado conocerla. Solo habrías tenido que conducir unas horas para conocer a la mujer que hacía que los ojos de Sam Winchester brillaran.
Y ahora nunca tendrías la oportunidad de darle las gracias por darle a Sam esa clase de felicidad que le faltaba.
Sam se encogió de hombros, luchando contra las lágrimas y se dio la vuelta para recomponerse sin que ni tú ni su hermano le vierais. Te sentiste absolutamente destrozada, viendo como Sam parecía encogerse, curvándose sobre si mismo. Se pasaba las manos por el pelo, sin saber muy bien que hacer.
Con los ojos húmedos por la muerte de una gran cazadora y por la pena de tu amigo, te volviste a mirar a Dean. Clavó los ojos en el suelo durante un momento antes de levantar la mirada hacia ti. Hiciste un gesto con la cabeza hacia Sam, indicándole que debía ocuparse de él. Cogió aliento y asintió.
“Sam.”
“Dean, esta es la segunda muerte de un cazador de la que tenemos noticias en menos de dos meses.”
“Lo sé.”
¿Dónde quería Sam ir a parar con esto? Entendías que no quería lidiar con la muerte de Eileen. Al menos, no con audiencia. Pero había pasado demasiado rápido de la emoción a la lógica. De vuelta al caso. Tratándolo como si fuera un caso más era probablemente su forma de mantener la cordura.
Y si eso era lo que necesitaba en ese momento, entonces tú estabas encantada de ayudarle.
“Pero dos no son un patrón,” señalaste, metiéndote de lleno en la conversación. Poniéndoos a todos en el modo investigar.
“Tres podrían.”
“¿Qué quieres decir?” apuntó Dean.
Sam hizo una pausa durante un segundo, como si tratara de reunir el coraje necesario para decir las siguientes palabras. “Mamá es una cazadora. Y nadie sabe dónde está.”
Si Mary estaba muerta, las posibilidades de Sam de sobrevivir a esto se acercaban a ninguna. ¿Perder a Eileen y a su madre en tan poco tiempo? Vale, era un Winchester y tenía la piel dura cuando se trataba de muertes. Pero Sam tenía que tener un punto de ruptura. Esperabas que no lo alcanzara nunca.
“Deberíamos movernos.”
“¿Para ir a donde?” te preguntó Dean.
Trátalo como si fuera un caso cualquiera. Hay una víctima. Tenéis que encontrar la causa de la muerte. “A Carolina del Sur. Tenemos que, eh, tenemos que—”
“Encontrar la causa de la muerte.” Sam dijo con voz ahogada, cogiendo un par de bocanadas de aire. “Y deberíamos quemar su cuerpo. Hacerlo de la forma adecuada.”
Dean fue el primero en irse de la habitación, haciendo un gesto con la cabeza hacia Sam. Aparentemente era tu turno de ver como lo estaba manejando Sam. En cuanto la puerta se cerró detrás de Dean, diste un par de pasos hacia Sam. “¿Sammy?”
Se le aceleró la respiración, haciendo que te acercaras a él y le rodearas entre tus brazos. “Eh, Sam. Vas a… lo superaremos.”
Curvó su largo cuerpo contra el tuyo y te permitió que le abrazaras. Te permitió que re reconfortaras. No había lágrimas, pero llegarían. Más tarde, por la noche, cuando estuviera a solas, sería cuando se rompería.
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Sírvete tú mismo un drabble basado en la canción Can´t Take Her Anywhere by Dylan Scott (377 palabras) Canción 10 del disco Deluxe Edition
¿Alguna vez habéis visto a alguien de quien no sabéis nada, excepto que la razón más importante de su existencia es traer un rayo de sol a un mundo que se oscurece cada vez más?
Esa es mi chica. T/N.
Nunca has visto a nadie tan preciosa y divertida y condenadamente perfecta como lo es ella.
Puede que pienses que no estoy siendo objetivo. Supongo que no lo soy. Estoy perdidamente enamorado de ella, después de todo. Así que eso me hace perder un poco de objetividad. Pero también es un hecho que no me lo estoy inventando. No soy la única persona que la ve así.
Allá donde vaya, ella es el centro de atención. No lo hace a propósito. Ella ni siquiera se da cuenta. Pero en cuanto vamos a algún sitio, la gente se siente atraída por ella. Quieren conocerla. Ven su sonrisa y se convierten en adictos al instante. Si alguna vez la dejo sola en un bar, aunque sea para ir a por otra bebida, cuando vuelvo hay algún tío probando suerte y esperando obtener su numero de teléfono.
Así que, ya veis, no me lo estoy inventando. Ella es especial. Todo el mundo se da cuenta.
Y yo soy el afortunado con el que se va a casa cada noche. Es en mi regazo en el que se sienta después de destrozarle el corazón a algún bastardo en el bar. Es mi mano la que encaja perfectamente en la suya cuando caminamos por el paseo marítimo. Y son mis labios los afortunados que conocen cada centímetro de su cuerpo.
Así que no puedo culpar a nadie que trate de colarse en su vida. Qué demonios, yo he sido uno de ellos. Yo he sido el alma atrapada en el bar, cegada por sus focos. Y ahora no puedo ir con ella a ningún sitio sin que todos nos miren. No me molesta. A lo mejor si ella me demostrara de alguna forma que no me quiere, me importarían los tíos que la miran el culo cuando se aleja. Pero ella es mía y no tengo ninguna duda de ello.
Así que deja que los tíos en el bar hinchen el pecho y hagan relucir sus caros relojes. Déjales flirtear y tratar de captar su atención. Déjales intentarlo.
Porque al final del día, es micama la que su brillante sonrisa calienta.
Sumario: Después de que Sam le hable a Rowena sobre su trauma con Lucifer, Rowena reaciona dirigiendo a la lectora hacia Sam para ver si puede ayudarle a pasar las noches de insomnio. (Coda al 13X12)
Recuento de palabras: 2.237
Advertencias: Canon del PTSD
English Version: What Keeps You Up
Vale, no es que sea realmente amiga de Rowena. Pero tampoco es que me disguste. Es buena en lo que hace. Se ha convertido en una buena aliada un par de veces. Los Winchesters la toleran, pero yo como que estoy deseando trabajar con ella cada pocos meses, cuando el viento sopla por su lado.
Cuando murió, estuve triste, pero no devastada. Y cuando volvió a la vida, estaba contenta, pero no extasiada. Es como ese compañero de trabajo con el que no odias trabajar, porque siempre saca adelante lo suyo, pero nunca llega a ser tu amigo, y un día uno de los dos se despide del trabajo y no os veis a menudo, hasta que una noche, un par de meses después, te encuentras con él en un bar. Os tomáis unas copas juntos, cotorreáis a cerca del trabajo, y cuando la conversación se acaba, cada uno se va por su camino porque no tenéis nada más en común.
Así es como somos Rowena y yo.
Por supuesto, cuando volvió a nuestras vidas justo después de que Dean supuestamente se enamorara y le entregara el Black Grimoire a su alma gemela, supe que ella nos iba a joder al menos un poco. Así que no fue una gran sorpresa. Lo que fue una sorpresa es que estuviera dispuesta a renunciar al Black Grimoire para dárselo a Sam y hacerlo sin fanfarrias.
Bueno, hasta que más tarde Dean descubriera la página que faltaba del libro.
¿Aun así, una sola página? No era demasiado malo, teniendo en cuenta que nos estaba jodiendo Rowena.
“Dean, no tenemos un plan. No sabemos qué hacer, así-así que… ¿cómo?” insistió Sam.
“No lo sé,” dijo Sam. “Pero lo conseguiremos. Los tres.”
Sam asintió, pero me daba cuenta de que era sólo un movimiento. No se lo creía. Su voz y su postura desesperanzada coincidían cuando se separó del mostrador y se alejó. “Sí.”
Me dolía el corazón sólo con escuchar lo desesperanzado que se sentía Sam. Esta caza había traído de vuelta algo muy oscuro dentro de él, y yo no sabía lo que era o cómo ayudarle, o si ni siquiera si era asunto mío.
Veras, Sam y yo… como que teníamos algo. Algo que iba y venía, pero nunca se hacía oficial. Cuando piensas en una relación errática, supongo que tu mente siempre piensa en Dean. Él es más del tipo de mantener algo casual. Eso es lo que yo pensaba cuando empecé a cazar con ellos. Asumí que Sam sería más bien directo en las relaciones. Pero supongo que no.
No me importaba. En absoluto.
Sin embargo, cuando se trataba de cosas como esta… no estaba segura de si preguntarle si necesitaba ayuda con lo que fuera por lo que estuviera pasando era algo que un amigo haría. ¿A lo mejor era más de territorio novia? Porque yo era su amiga, eso seguro. Pero no sabía si era su novia.
Y Dean no estaba pillando los pequeños detalles que yo estaba viendo, así que él no iba a empezar a indagar en la cabeza de Sam.
¿Pero que podía hacer yo? No sabía cómo empezar esa conversación con Sam. No tenía ni la más ligera idea de lo que estaba preocupándole. Sí, aquello con Jack y Mary que había contado, por supuesto que le estaba preocupando.
Pero tenía que haber algo más. Algo por lo que yo no podía simplemente acercarme y decirle, “Eh, Sammy. ¿Por qué estás tan decaído?”
Nadie responde bien a ser expuesto de esa forma.
Así que me dirigí a mi habitación para pasar la noche. Estaba casi preparada para meterme en la cama cuando mi teléfono sonó y un número desconocido asomó en mi pantalla. “¿Hola?”
“T/N,” la voz de Rowena me trajo a la mente un montón de preguntas. ¿Qué había ocurrido entre Sam y ella en el coche, cuando Dean y yo nos fuimos a interrogar a la cajera? ¿qué hechizo había necesitado del Black Grimoire? ¿Por qué Sam estaba de repente portándose tan bien con ella?
Pero no le hice ninguna de las preguntas.
“¿Esperas que te de las gracias por salvarnos la vida?”
“En absoluto. Pero he pensado que debería llamarte y hacerte saber que puede que quieras preguntarle a Sam que le mantiene despierto por la noche.”
“¿Por qué?”
Sonó un gran suspiro al otro lado de la línea. “Querida, confía en mí esta vez. Sam me ha ayudado, y esta es mi forma de devolverle el favor. Ahora estamos en paz.”
Colgó y yo me quedé mirando al teléfono. ¿Qué mantenía a Sam despierto por las noches? Éramos cazadores. Había millones de pesadillas encerradas en nuestras cabezas. ¿Y que sabía Rowena sobre lo que mantenía a Sam despierto por la noche?
Tal vez esto era todo lo que necesitaba para que comenzara a hablar sobre lo que fuera que estuviera revolviendo esos pensamientos oscuros en su mente. Era posible que Rowena me hubiera dado la información que necesitaba para hacer que se abriera a mí. O a lo mejor sólo estaba confundiéndome, pero estaba demasiado preocupada por Sam como para no aprovechar la oportunidad.
Así que agarré la manta grande y esponjosa que siempre me hacía sentir cálida y a salvo y me dirigí por el pasillo hacia la habitación de Sam. Tres golpecitos anunciaron mi presencia y la voz suave de Sam me dio permiso para entrar. Pero no entré hasta dentro. No aún. No estaba segura de esta conversación, así que me detuve cerca de la puerta.
“¿Qué pasa?” Sam pareció darse cuenta de mi aprensión, y esto despertó su curiosidad.
“Yo, eh…” No quería que Dean nos escuchara, así que eché un vistazo al pasillo para asegurarme de que no andaba por allí antes de cerrar la puerta y dar un paso hacia adentro. Ahora Sam definitivamente sentía curiosidad.
Ladeó la cabeza. “¿T/N?”
“Me ha llamado Rowena.” Asintió con cautela, pero no dijo nada más. Así que cogí aire y continué. “Me ha dicho que debería preguntarte que es lo que te mantiene despierto por las noches?”
Los preciosos ojos de Sam se hicieron más grandes antes de que soltara un bufido y apartara la mirada. “Por supuesto que te lo ha dicho.”
Era una mala idea. No era cosa mía. Si Sam quería hablar de esto, iría a hablar con Dean. No con su amiga con la que de vez en cuando se acostaba. Había cruzado una línea y era tiempo de volverme a mi lugar.
Di un paso atrás en dirección a la puerta. “De hecho, olvídalo. No es cosa mía. Lo que hayas hablado con ella es privado y no debería haber compartido nada conmigo. Lo siento, es solo que—“
“T/N, espera.” Se estaba pasando la mano por el pelo y evitando mirarme. Una señal segura de que estaba pensando en algo que le hacía sentir incómodo. “¿Por qué te ha llamado?”
“No lo sé. Me dijo que tú la habías ayudado, y que era el momento de que ella te devolviera el favor. Pero no es asunto suyo, y no es asunto mío y siento haberlo mencionado, y me voy a ir.”
Ya casi había girado el picaporte cuando Sam habló en voz baja. “Lucifer.”
“¿Qué?”
Me giré y miré a Sam a los ojos. “Rowena te dijo que me preguntaras que me mantenía despierto por la noche, ¿verdad? Lucifer.”
Habían pasado ocho años desde que había estado en la Jaula con Lucifer. Ocho años. Solté el picaporte y di un paso hacia la cama. Esto era algo muy fuerte. No estaba segura de cómo manejarlo, para ser honesta. Tenía una broma para aligerar la tensión en la punta de la lengua, pero sabía que no era el momento.
“¿Has hablado con Rowena de esto?” ni siquiera le gustaba Rowena.
Sam se echó hacia atrás en la cama, una invitación silenciosa para que me uniera a él. En cuanto me instalé, agarró mi manta y la colocó cubriendo nuestros hombros, rodeándome con un brazo. “Sí, cuando lucifer la mató, él… le mostro su rostro. Su verdadero rostro. Ella tenía miedo, T/N.”
“Y tú también lo tienes.” ¿Cómo había tardado tanto tiempo en darme cuenta? Cuando estábamos cazando a Lucifer, unos meses antes, ¿Cómo no había visto que Sam tenía miedo? “Pero no has dicho nada.”
Se encogió de hombros y sus labios se tensaron. “Sí, bueno. Simplemente seguimos adelante. Tenemos que hacerlo.”
Y cuando pienso en cuál de los Winchesters pasaría ocho años suprimiendo un miedo tan oscuro, mi mente salta a Dean. Pero Sam me estaba enseñando que en realidad no soy nada buena juzgando a las personas.
“No esta noche,” susurré. El me miró con gesto confundido, así que lo elaboré un poco más. “No vamos a seguir adelante esta noche. Nos vamos a parar. No vamos a pensar en el mañana. Y si quieres hablar de ello, estoy aquí. Y si no, aun así estoy aquí.”
Soltó un largo suspiro y parte de la tensión de su cuerpo escapó con él. “Gracias, T/N,”
Hubo un momento en el que ninguno de los dos hablamos, así que me imaginé que probablemente Sam no estaba aún preparado para abrirse y contármelo todo. Estaba bien. Me estiré lo justo para agarrar su portátil de la mesilla de noche antes de volver a descansar entre sus brazos. “Me estoy muriendo por saber si averiguamos quien mató a Lila.”
Mientras navegaba por su portátil, Sam permaneció callado. Entré en Netflix y pulsé en Como Defender A Un Asesino, la serie que estábamos actualmente viendo juntos. Había descubierto que era mucho más divertido ver Netflix con Sam que cualquier otra cosa a solas. Honestamente, hacer cosas con Sam era siempre mucho más divertido que hacerlo a solas. Cocinar, conducir, cazar, ver series, limpiar…
Tres episodios después, Sam finalmente habló. “Ha empeorado desde que salió de la Jaula.”
El ruido de fondo siempre me ha ayudado a abrirme y contar cosas, así que implemente bajé el volumen del portátil antes que pausar el episodio. Siempre podíamos volver a ver este episodio más tarde. No estaba segura de si podría lograr que Sam me hablara de su lucha con el Desorden Postraumático inducido por Lucifer más tarde.
“Supongo que es de esperar.” Imité su suspiro.
“Sí.” Y más silencio. Si ya había acabado de hablar por esa noche, podría el mismo subir de nuevo el volumen del portátil. Pero no yo iba a cerrar esa puerta. Le estaba dando a Sam todo el control esa noche. Dejando que el llevara el paso, el tono y toda la conversación.
“¿Tienes… tienes pesadillas de cosas que ocurrieron de verdad, o de otras cosas?” Vale, a lo mejor no iba a darle todo el control. Pero lo peor que podía pasar con mi insistencia es que se cerrara aún más. Lo mejor que podía hacer era darle una dirección desde la que empezara a hablar.
“Ambas. Eh, es, eh… ambas.” Sam se aclaró la garganta y bajó el volumen un poco más. “Es que… sé de lo que es capaz. Dean y tú y todos los demás… sólo os lo imagináis. Y ni siquiera ha alcanzado una fracción de todo lo que es capaz.
“¿Qué quieres decir?”
Tensó los brazos sobre mis hombros. Yo le pase el mío por la cintura, esperando poderle ofrecer algo de confort mientras decía en voz alta de las cosas que mantenía ocultas.
“Lucifer no ha, realmente… no ha dejado ver sus verdaderos colores. Podría fácilmente convertirse en el peor monstruo al que nos hemos enfrentado, pero se está conteniendo.”
Justo como Sam lo estaba haciendo ahora. Vale, estaba finalmente hablando, pero sabía que no me lo iba a contar todo. No ahora. No aún, al menos. “Y si trata de llegar a lo más profundo de su interior…”
Sam hablaba acortando las palabras. “No sabemos cómo matarle.”
Esa era la cruz de la cuestión. Sam no podía superar al monstruo al que no podía matar. ¿Cómo empiezas a recuperarte de la tortura infligida por alguien sabiendo que va a estar siempre allí? ¿Aivo? ¿Siempre ahí fuera, en un sitio u otro?
¿Y qué podía yo decir ante eso? No tenía ni idea de por lo que él estaba pasando.
Así que, en lugar de decir algo que probablemente sería erróneo, le abracé con más fuerza por la cintura y giré la cabeza para besarle el cuello, justo por encima de donde se notaba su pulso. “Lo siento mucho, Sam.”
Sus fuertes manos se cerraron en mi cintura y tiró de mi hasta que acabé sentada en su regazo, con las rodillas sobre el colchón a ambos lados de su cintura. Después me rodeó con los brazos con fuerza, clavándome los dedos y manteniéndome cerca. Su pelo era increíblemente suave entre mis dedos mientras le acariciaba la cabeza que tenía apoyada en mi hombro, esperando que la penumbra y mi olor ya familiar le calmaran, como constantemente él me calmaba a mí.
“Es más fácil contigo,” murmuró, su aliento rozando mi piel.
“Estoy aquí,” susurré. Dios, no tenía ni idea de lo que realmente quería decir con eso. Pero esperaba no estropearlo con mis siguientes palabras. “Siempre estoy aquí, Sam. Soy tuya. Toda tuya.”
Levantó la cabeza de donde la tenía apoyada en mi hombro. “¿Lo dices de verdad?”
Al menos no parecía decepcionado o algo. De hecho, parecía un poco… ¿esperanzado? Bajé las manos de su pelo a sus mejillas, la barbita que empezaba a crecerle rascándome la palma. “Por supuesto que lo digo en serio. Soy tuya. Al cien por cien. Cuando me necesites. No me voy a ir a ninguna parte.”
Puesto que ya le había entregado todo mi corazón, decidí que no me haría daño dar un paso más y sellar mi juramento con un beso.