Pedido por rhapsody-in-flannel: 1979 “¿Por qué vosotros dos no admitís que deberíamos haber seguido adelante con mi plan?” (Por cierto, es un concepto muy ingenioso.)
Recuento de palabras: 883
N/A: Durante mucho tiempo odiaba la música country. Pero en los últimos meses me esta empezando a gustar. Y, ya sabéis a lo que me refiero, ¿Cómo puedes odiar una canción que usa una rana como instrumento? ¡Es totalmente fantástico! Cuando me quedé con todas las canciones de mi hermano, también heredé toda su discografía de música country, y esta canción, de alguna manera, encontró un sitio en mi iPod. No conozco muchas canciones de Florida Georgia Line, pero creo que ya es hora de que busque alguna más :)
English Version: 1979: Smooth
Song 1979: Smooth by Florida Georgia Line
“¿Por qué vosotros dos no admitís que deberíamos haber seguido adelante con mi plan?” siseó Dean dirigiéndose a Sam y a ti cuando otra persona más se acercó a vosotros para presentarse.
Te reíste, y tu buen humor hizo eco en el viejo granero y en los árboles cargados de hojas. Sam, como siempre, se había contagiado de tu alegría y se encontraba relajado, a pesar de la tensa actitud de Dean. “Venga, Dean, esto no está tan mal. Además, ¿por qué ibas a querer ir a un viejo bar cuando nos han invitado a una barbacoa al buen y viejo estilo del sur?”
“Hola, ¿qué tal?” la mujer de mediana edad dijo arrastrando las palabras, avanzando hasta detenerse en frente de los tres. “Vosotros no parece que seáis de por aquí.”
“No lo son,” comentaste mientras hacías un gesto hacia los chicos, apoyándote en Sam. “Pero esto huele como mi infancia. Me siento como en casa.”
En los dos años que hacía que Sam te conocía, nunca te había visto tan a gusto como lo estabas en medio de esa multitud de extraños. Tu acento del sur que siempre se aparecía juguetón en tu voz, había aparecido con toda su fuerza durante esa caza. Hablabas más despacio, sonreías más y parecías más libre. El bochorno del aire no era tan sofocante como lo hubiera sido sin ti a su lado.
“Entonces vamos a por algo para comer. No podemos dejar que estos dos chicos tan guapos se vayan sin experimentar un poco de nuestra hospitalidad sureña.”
Te separaste de Sam y entrelazaste tu brazo con el de la mujer, dirigiéndolos más adentro entre la multitud. Encajabas allí. Mientras Sam tiraba de Dean para que os siguiera, te escuchó decirle a la mujer en tono confidencial, “Dean piensa que prefiere los bares a las fiestas. Está en nuestras manos hacer que deje de ser un pagano y se convierta.”
“¿Y ese muchachote que está a su lado?”
“Oh, no te preocupes por él. A ese le tengo comiendo de la palma de mi mano.” El guiño que le lanzaste por encima del hombro a Sam le hizo reír y olvidarse del sudor que le pegaba la ropa al cuerpo.
Cuanto más os metíais entre la multitud, mayor era la mueca de Dean. La música country sonando por los altavoces que habían colocado en el patio, la gente de todas las edades moviéndose libremente y había un zumbido bajo que provenía de las conversaciones que mantenían unos con otros. Sam hizo girar los ojos al contemplar el comportamiento de su hermano. Dean podía soportar una noche en compañía de inocentes y música que no fuera rock clásico.
Sin embargo, en cuanto Dean tuvo un plato de comida, su humor mejoró un poco. Tú te habías hecho un hueco bajo el brazo de Sam mientras los dos bromeabais y conversabais con la gente que os rodeaba, compensando así el silencio de Dean.
Ya bien entrada la noche, la gente comenzó a moverse hacia los lados, haciendo un hueco en el medio del patio para crear una pista de baile. Tus ojos se iluminaron, pero antes de que Sam decidiera si quería avergonzarse a si mismo en la pista de baile por ti, otro hombre vino y te pidió bailar. Sin pensarlo ni un segundo, te levantaste y agarraste su mano.
“T/N—“ Sam empezó a protestar, pero te inclinaste y le besaste rápidamente retirándote con una amplia sonrisa.
“Cielo, no te preocupes.”
Y en menos de un parpadeo, tú ya estabas en el medio de la pista de baile, siguiendo con facilidad los pasos de aquel extraño. Sam estaba dividido entre los celos al ver las manos de otro hombre sobre ti, y la pura felicidad que sentía viéndote tan libre y feliz como lo estabas en ese ambiente.
Más gente se deslizó en la pista de baile y las parejas iban turnándose. Nadie permanecía con la misma persona durante mucho tiempo. Sólo con ver tu sonrisa y oír tus carcajadas como si llevaras siendo amiga de toda esa gente desde hace años, el corazón de Sam se llenaba de ternura.
Entonces alguien agarró la mano de Sam y el se dejó arrastrar a la pista de baile. Le viste y eso te alegró un poco más, si es que eso era posible. Mientras caminabas hacia él, Sam se maravilló de lo bien que encajabas allí. La forma en la que movías tu cuerpo, cómo clavando tus ojos en los suyos le hacías enamorarse un poco más de ti, más de lo que él creía que era posible.
Finamente llegaste a él, y entrelazaste las manos en su nuca. Sam no pudo evitarlo y te abrazó con fuerza de la cintura, inclinándose hasta que sus labios quedaron a la altura de tu oído. En su mejor acento sureño dijo, “Dios bendito del cielo, querida. Tú si que sabes como hacer que un hombre se enamore de ti, y ni siquiera lo estás intentando.”
Tu perfecta carcajada resonó entre la multitud ante su falso acento y te elevaste para besarle. “Oh, cariño, no me cuesta ningún esfuerzo porque soy yo la que he escrito ese libro.”
“¿Crees que podrás leerme algunos capítulos esta noche?”
Con los ojos brillantes le sonreíste. “Creo que algo se nos ocurrirá.”
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Petición anónima: Hola, serías capaz de hacer un Sam x lectora en el que Sam está en un sanatorio mental por culpa de Lucifer y Dean llama a la lectora, la novia de Sam, y van a visitarle y ella esta embarazadísima de el hijo de Sam. ¡Me encanta tu blog!
Recuento de palabras: 2.523
Advertencias: Una sorprendente cantidad de romanticismo para ser una petición tan angustiosa
English Version
Tu teléfono sonó justo cuando por fin habías encontrado una posición cómoda en el sofá.
“Más vale que no sea para pedirme que me levante,” protestaste mientras cogías el teléfono. Sentiste pánico cuando viste el nombre de Dean en la pantalla. No te habría llamado si no fuera una emergencia. “Dean, ¿qué pasa?”
“Es Sam, T/N.”
“No,” se te paró el corazón. “Dime que está vivo al menos. Por favor, dímelo.”
“Está vivo, pero no está bien. Le ha atropellado un coche y ha estado teniendo alucinaciones en las que Lucifer está siempre con él, a su lado. No ha dormido desde hace días y ahora está encerrado en un hospital psiquiátrico.”
Cerraste los ojos digiriendo la información. Habían pasado meses desde que habías tenido noticias de los Winchester. Siete meses desde que le dejaste. Siete meses desde la última vez que viste a Sam.
“Mira,” continúo Dean. “Aún no sé por qué te fuiste o si Sam y tú tuvisteis una pelea y nos odias a muerte, pero Sam te necesita. Significaría mucho si pudieras venir.”
“No os odio a muerte.” Más bien lo contrario, de hecho.
“Vale, no voy a curiosear y hacer que me cuentes algo que no quieras contarme pero—”
“Dean,” le interrumpiste. Tenía que saber lo que te estaba pidiendo. Querías dejarlo todo y asegurarte de que Sam estaba bien. Pero entre los dos habíais tomado una decisión muy difícil siete meses atrás y tenías que atenerte a ella a no ser que las cosas estuvieran realmente, realmente muy mal.
“Sam te necesita, T/N.” Dean no te dio tiempo a decir lo que tenías que decir. “Y no puedo manejar esto yo sólo así que—“
“Dean. Estoy embarazada.”
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Acababas de dejar el coche en el parking cuando Dean apareció de repente, abriendo la puerta y tendiéndote una mano para ayudarte. Cogiste su mano y te levantaste usando la otra para sujetarte la espalda. “Hay buen servicio aquí.”
Dean te atrajo en un abrazo, teniendo cuidado con voluminosa barriga. “Vaya, T/N. Me alegro mucho de verte.”
“Te he echado de menos también, Dean.”
Te soltó y echó un vistazo desde tu rostro hasta donde el pequeño Winchester estaba creciendo. “¿Es éste mi sobrino?”
“Sí,” contestaste, sintiendo un brote inesperado de lágrimas. “Aún me falta un mes.”
Dean se enderezó para tocarte la barriga y pero se detuvo y te miró. “¿Puedo?”
Emocionada porque prefiriera preguntar antes que hacerlo como la mayor parte de la gente, asentiste. “Somos familia, después de todo.”
Dudando, se acercó los centímetros que le faltaban para poner sus manos callosas a ambos lados tu barriga. Casi inmediatamente, el niño dio una patada. Dean levantó la mirada hacia ti, con los ojos llenos de asombro. Le sonreíste y se te escapó una lágrima solitaria. Mierda con las malditas hormonas. “Le gustas.”
“Ya te digo que le gusto. Voy a ser tu tío favorito, ¿a que sí?” Dean dirigió la pregunta a tu barriga usando esa voz que se usa para dirigirse a los bebés. Después te miró, completamente serio. “¿Así que ni Sam ni tu ibais a contármelo?”
Caminaste hacia un banco y te apoyaste en él esperando a que Dean se sentara a tu lado. “Pensamos que cuanto menos gente supiera lo del bebe, más seguro estaría.”
Dean asintió, con la vista fija en sus manos.
“Pero imagino que esa ya no es una carta que pueda jugar dado que no soy capar de mantenerme alejado de él ni siquiera cuando su hijo aún no ha nacido. Supongo que va a ser un verdadero Winchester.”
“Gracias por venir,” dijo Dean. “Ahora entiendo por qué no querías, pero—”
“Sam me necesita.” acabaste por él. “Lo sé. Supongo que deberíamos ir yendo entonces.”
Dean te ayudó a levantarte y te condujo dentro del hospital. Cuanto más te acercabas a Sam, más rápido te latía el corazón. Habían pasado siete meses desde que descubriste que estabas embarazada. Siete meses desde que se lo dijiste a Sam. Siete meses desde que los dos decidisteis que separaros mantendría al niño sano. Siete meses desde la última vez que le habías visto.
“¿Estás bien?” te preguntó Dean, caminando más despacio hasta detenerse en frente de una puerta. Miraste por la ventana y viste a Sam sentado en una cama, con la espalda vuelta hacia ti. Tenía la cabeza entre las manos y parecía tan roto.
Respiraste hondo y asentiste antes de reunir valor para estirarte y abrir la puerta.
Sam se encogió, girando la cabeza hacía algo que parecía haber en la ventana durante un momento antes de recuperar el control de si mismo y girarse. Tan pronto como te vio se quedó como congelado.
“Hola Sam,” intentaste sonreír y diste un par de pasos por la habitación. Dean se quedó en la entrada, dándote un poco de privacidad.
“¿T/N?” Como en trance, Sam se puso de pie. Te diste cuentea de que pensaba que eras otra alucinación, así que seguiste acortando la distancia entre vosotros. Tenía que convencerse de que no estabas solamente en su cabeza.
Se te rompió el corazón al verle. Parecía tan vacío y destrozado. “Soy yo, Sam. Soy yo de verdad.”
“T/N, ¿Qué estás—“ sus mirada cayó sobre tu estomago. “Dios mío. ¿Eso es—?”
No había forma de pararlo. Tus lagrimas caían libremente ahora. “Sí. Es un niño, Sam. Vamos a tener un niño.”
Los ojos de Sam, preocupados, cayeron sobre algo que se encontraba a tu espalda y torció la boca. Recordaste lo que Dean te había dicho a cerca de las alucinaciones que Sam estaba teniendo con Lucifer. Aprovechando la oportunidad, sujetaste la cara de Sam entre tus manos y diste un paso para acercarte más. “Eh, mírame a mi. No a él. Él no importa. Él no es real. Yo lo soy.”
Sam te sujetó por las muñecas y se inclinó hasta que su frente reposó sobre la tuya. “No deberías haber venido.”
“Nunca debería haberme ido. Nuestro hijo va a ser un Winchester. ¿Realmente pensamos que aislarle iba a cambiar eso? La única manera de mantenerle a salvo es entrenarle y enseñarle. Tenemos que criarlo nosotros. Juntos. Quiero que conozca a su padre y quiero que tú conozcas a nuestro hijo. Quiero que tenga una familia.”
Una lagrima rodó por la mejilla de Sam y cayó en la tuya y te inclinaste hacia delante, besándole. El cuerpo de Sam reacciono al instante. Sus brazos se posaron en tu cintura y te tiró de ti atrayéndote hacia él todo lo que le permitía tu barriga. Sus labios quemaban sobre los tuyos, atrapándote hasta que nunca más quisieras alejarte. Siete meses sin Sam eran demasiados. Tu querías toda una vida con él.
De repente te echó hacia atrás con los ojos muy abiertos y asustados. “Estamos estrujando a nuestro hijo.”
Te acababa de hacer reír, aligerando el tenso ambiente. “Él está bien. Además, ser estrujado entre su madre y su padre es probablemente la mejor manera de ser estrujado.”
Sam miró hacia abajo, hacia el obstáculo que había en su camino. Por alguna razón parecía estar dudando, así que le cogiste por las muñecas y posarte una de sus manos en tu barriga. Sam tenía que conocer a su hijo. Y aparentemente, tu hijo estaba de acuerdo porque pateó la mano de Sam. Sam jadeó. “¿Lo has notado?”
“Sí, Sam.” Te reíste entre lágrimas. Habías soñado con ello durante meses y estaba finalmente ocurriendo. “Le gustas. Solamente le da patadas a la gente que le gusta. A esa mujer tan rara que vive calle abajo nunca le ha dado una patada. Pero a ti y a Dean—Bueno, sabe que sois familia.”
“¿Dean?” Sam miró hacia la puerta donde Dean os estaba mirando a los dos fingiendo que no estaba a punto de llorar. Se apartó de la pared y caminó hacia vosotros.
“Voy a ser su tío favorito” anunció con orgullo. Sam sólo pudo dejar salir una risa entrecortada mientras tiraba de su hermano para incluirle en el abrazo. Os quedasteis los tres de pie, en el medio de la habitación, en un largo abrazo de grupo. Los tres estabais necesitando ese abrazo.
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Después de que Dean se fuera para dejaros a Sam y a ti algún tiempo a solas, os tumbasteis en la estrecha cama mirándoos el uno al otro y simplemente hablasteis. Le contaste todo lo que había ocurrido durante tu embarazo y a cambio él te dio la versión corta de todo lo que le había sucedido durante los últimos meses. Al principio, los ojos de Sam se volvían para mirar como si hubiera alguien hablándole desde detrás, pero según iba pasando el tiempo acabó manteniéndolos fijos en los tuyos todo el rato, olvidándose de Lucifer por completo.
Después de unas cuantas horas, los párpados de Sam se fueron cerrando, aunque luchaba por mantenerse despierto.
Le pasaste la mano por el pelo y le besaste suavemente en la frente. “Está bien, Sam. Estaré aquí cuando despiertes. Ahora duérmete.”
“No quiero,” dijo arrastrando las palabras, deslizando un brazo alrededor de tu cintura y atrayéndote hacia él hasta que tu barriga presionó contra su firme estómago. El niño comenzó a moverse al sentir a su padre y Sam sonrió perezoso. “Puedo sentirle.”
“Duérmete, Sammy. Él estará aquí cuando te despiertes también. Pero tienes que cuidarte a ti mismo antes de poder cuidarle a él.”
Con una sonrisa en el rostro, Sam se curvó sobre ti y colocó su cabeza bajo tu barbilla. Mientras su cuerpo se relajaba, le abrazaste y prometiste que le mantendrías a salvo. Dean y tú encontraríais la forma de arreglar esto.
Durante casi dos horas, Sam durmió en tus brazos. Te estabas quedando dormida cuando una enfermera entró, seguida muy de cerca por Dean.
“La hora de visitas a acab—oh. Está de verdad dormido.” La enfermera parecía estar dudando entre hacer lo que las reglas del hospital ordenaban y lo que era mejor para el paciente.
“¿Puedo quedarme?” susurraste, con cuidado de no despertar a Sam. “¿Por lo menos hasta que se despierte? Se lo he prometido.”
Ella asintió lentamente. “No ha dormido nada desde que llegó.”
“Desde antes,” la corrigió Dean, mirándoos a ti y a Sam con una ligera sonrisa. “Sabía que llamarte a ti era lo mejor que podía hacer.”
“Gracias, Dean.” Si no te hubiera llamado no te hubieras dado cuenta de cuánto necesitabas a Sam. No podías criar a este niño tú sola. No podrías protegerle contra todas las cosas que odiaban a los Winchester.
Se acercó hacia ti y te besó en la coronilla. “Estaré en el hotel. Llámame cuando se despierte.”
“Lo haré.”
La enfermera salió de la habitación y Dean la siguió, echando un vistazo a su culo. Te reíste ante la familiaridad del momento antes de volver tu atención al hombre que dormía entre tus brazos. Sam murmuró algo en sueños y se acurrucó más cerca. Pensaste en posibles soluciones al problema con Lucifer hasta que tus ojos se fueron cerrando y te atrapó el sueño.
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“¿Bobby?”
“¿John?”
“¿Dean?”
“¿Sam?”
“Sam Junior,” Sam meditó. Los dos estabais sentados en la cama, tú entre sus piernas con la espalda contra su pecho. Sus brazos te rodeaban y entrelazando sus dedos con los tuyos los había posado sobre tu estómago, excitando a tu hijo. Cada vez que Sam te tocaba la barriga, el niño no paraba de moverse. “Dos Sam Winchester.”
“Da miedo pensarlo,” fingiste encogerte.
“Dos Dean Winchester sería aún más aterrador.” Sam señaló.
Tenía razón. “Quizás sería mejor dejar al margen los nombres de sus antecesores, entonces.”
Durante unos minutos, os quedasteis en silencio mientras pensabais en nuevos nombres de bebés. No te importaba en absoluto. Estabas de nuevo en brazos de Sam y hablando sobre el futuro con él. Era todo lo que habías deseado.
“Winchester…” Sam murmuró. “¿Por qué mi apellido? ¿Has pensado en tu apellido? Podría ser más seguro.”
De hecho, lo habías pensado. Al principio, cuando dejaste a Sam con la intención de criar a tu hijo por tu cuenta. Pero ahora que habías vuelto con él cualquier nombre que no fuera Winchester te sonaba mal. “Pero él es un Winchester. Tenéis sangre potente. Un fuerte linaje. Y,” añadiste girándote para besarle levemente, “Resulta que me gusta el nombre de Winchester.”
Sam te besó de nuevo, pero cuando se apartó le sentiste tenso, dudando. “Si te gusta tanto el apellido, ¿lo querrías para ti también?”
“¿Qué?” ¿Te estaba preguntando lo que creías que te estaba preguntando?
“Sigo pensando que mantener a nuestro hijo lejos sería más seguro, pero estos últimos siete meses sin ti han sido un infierno. Y si estas segura de que querer criarlo juntos, entonces deberíamos hacerlo juntos. Cásate conmigo, T/N. Podemos ser una familia de verdad. Pasar el resto de nuestras vidas juntos. Descubrir cómo ser padres juntos, de la forma correcta.”
“Lo dices… ¿lo dices en serio?” Sam asintió. “Te quieres casar.”
“Me quiero casar contigo. Quiero que lleves mi anillo y lleves mi apellido y despertarme contigo cada mañana. Por favor, di que sí.”
Ni siquiera tenías que pensártelo. “¡Sí! ¡Oh, Dios sí!”
Lanzándote a su cuello, le besaste una y otra vez. Vuestras sonrisas se encontraron en un lio de labios y dientes, pero no importaba.
Sam se echó hacia atrás y se inclinó para hablarle a tu barriga. “¿Has oído eso, Junior?, tus padres van a casarse.”
Sam y tú estabais metidos en vuestra propia burbuja de vértigo y amor. Ni siquiera el toque en la puerta rompió la burbuja. Dean entró y os echó un vistazo a los dos. La alegría era contagiosa y se encontró sonriendo antes de saber por qué se reía. “¿Qué está pasando?”
“Estamos, eh,” Sam te miró con las mejillas tensas de sonreír. “Nos vamos a casar.”
“¡Eso es genial!” Dean os abrazó a los dos. “Felicidades, hermanito. Y bienvenida a la familia, T/N. Oficialmente por supuesto. Has sido parte de esta familia desde hace mucho tiempo.”
Dean se fue y volvió trayendo golosinas y refrescos de la máquina para que los tres juntos tuvierais una pequeña celebración. Cuando acabasteis con todo, te sentaste hacia atrás y sencillamente disfrutaste de la compañía.
“Sam,” dijo Dean, y el ambiente se volvió mas serio inmediatamente. “¿Cómo te sientes? ¿Con todo lo de Lucifer?”
Sam arqueó las cejas y buscó por la habitación, en shock. “No está aquí. Ni siquiera me había dado cuenta. No ha estado aquí desde… ayer. Antes de que me durmiera.”
Dean y tu compartisteis una mirada. “¿Estás seguro? ¿Se ha ido? Como… ¿ido, ido?”
“Sí. Me siento… normal. Me siento bien.” Sam se sentó recto y parecía estar haciendo inventario de su cuerpo y sus sensaciones antes de afirmar con decisión. “Me siento muy bien, de hecho.”
“Oh gracias a Dios.” Respiró Dean.
“Supongo que necesitabas a Junior más de lo que él te necesitaba a ti.” Dijiste poniendo una mano sobre tu estómago. El bebé se estremeció, moviéndose más rápido cuando Sam cubrió su mano con la suya. Allí, en el ala psiquiátrica del hospital de Indiana, te sentiste más en paz de lo que te habías sentido nunca.
Resumen: Te faltaba un mes para salir de cuentas, pero todos sabemos que los Winchester nunca hacen lo que se espera de ellos.
Recuento de palabras: 2.437
Advertencias: Ninguna
Part 1: Sam Te Necesita Part 2: Sam Te Necesita Ahora – English Version
“Ahora ya puedes besar a la novia.”
“Ven aquí, Señora Winchester.” Sam curvó la mano sobre tu nuca y tiró de ti para darte tu primer beso como marido y mujer.
“Vale, vosotros dos, sonreíd” Dean interrumpió el momento señalando su cámara desechable. “Primera foto oficial de la familia.”
Sinceramente, no estabas segura de tener ninguna otra opción más que la de sonreír. Parecía que eso era lo único que sabías hacer. No te podías imaginar ni una sola razón para no sonreír en ese momento. Después de que Dean os sacara la foto, miraste a Sam sólo para verle sonriéndote tiernamente. Hubo otro click de la cámara, pero no te importaba. Estabas casada con Sam e ibas a tener un niño dentro de un mes. Quita a los monstruos y la caza de la ecuación y todo parecería absolutamente perfecto.
Al acabar, los tres caminasteis hacia fuera. Sam y tú estabais tan enfocados el uno en el otro que os habíais olvidado completamente de Dean hasta que os tiró un puñado de arroz.
“¿En serio, Dean?” Sam sacó algunos de entre tu pelo, con una sonrisa que no dejaba de brillar.
“Ya os dije, chicos, que iba a hacer todo como es debido” Dean se encogió de hombros. Os abrazó a los dos. “Ahora me voy a ir de aquí porque no creo que quiera ver la siguiente parte.”
Sam te llevó hasta tu coche y te abrió la puerta del pasajero, pero aún no estabas preparada para entrar dentro, así que te acercaste hacia el para darle un beso. Parpadeaste cerrando los ojos y alzaste la mano para acariciarle la mejilla, convirtiendo el beso en algo más profundo y con más significado. Estabais casados ahora, y ese beso lo decía bien alto. Estaba lleno de promesas no dichas y un futuro lleno de momentos como ese.
Sam deslizó las manos por tus costados y sentiste un dolor intenso en tu bajo abdomen y espalda, como si el bebé se estirara y pataleara al mismo tiempo, pero no del todo.
“¿Qué pasa? ¿Es el bebé?” El lado preocupado de Sam hizo aparición inmediatamente cuando cogiste aire y dejaste de besarle. “¿Tenemos que ir al hospital?”
Sacudiste la cabeza y respiraste profundamente hasta que el dolor se calmó. “Tienes que dejar de sacar esa conclusion. Aún nos falta un mes, Sam. Creo que sólo es que está un poco excitado.” El dolor en tu espalda continuaba, empeorando poco a poco. “Pero puede que debiera tumbarme un rato.”
“Vale, sí, de acuerdo.” Sam estaba allí, preparado para ayudarte con lo que fuera que necesitaras. Se aseguró de que entraras en el coche y con cuidado cerró la puerta después de asegurarse de que no quedaras apretujada mientras lo hacía.
Giraste los ojos mientras caminaba hacia el asiento del conductor. “Sabes, no estoy hecha de porcelana. Soy bastante dura. Una vez me cargué a cuatro vampiros que estaban apunto de darse una comilona con Dean y contigo, y todo yo solita.”
“Lo sé, es solo… es que no puedo evitarlo. Siempre he sido protector contigo, ya lo sabes. Y ahora estás embarazada de nuestro hijo y yo no sé que hacer o cómo ayudarte y sé que no necesitas mi ayuda porque lo has estado haciendo muy bien tú sola durante siete meses, pero quiero ayudar.” Te miró sonrisa traviesa. “Y ya que ahora eres mi mujer, es un poco mi tarea ayudarte. Atender todas tus necesidades, esa clase de cosas. Soy tu servidor hasta que la muerte nos separe.”
Su pequeño discurso había tocado tu tierna y hormonal fibra sensible y te inclinaste para besarle. “Deberíamos tener una charla sobre todo eso de hasta que la muerte nos separe. Algo como, ¿es la próxima vez que uno de nosotros muera? ¿Seguiríamos casados una vez que los ángeles o demonios nos trajeran de vuelta? ¿o tendríamos que seguir casándonos cada vez que volvamos a la vida?”
Sam se estiró en el asiento y agarró tu mano, poniendo ambas sobre tu estómago. Junior pateó inmediatamente al sentir el calor. “Realmente no creo que la muerte importe mucho en nuestras vidas. Incluso si lo hace, tienes que saber que en el Cielo o en el Infierno, yo siempre seré tuyo.”
Tu estómago burbujeó con esa sensación de mariposas de niña de instituto y apretaste la mano de tu marido. “Buena respuesta.”
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Te despertaste con un grito, doblándote sobre ti misma mientras un dolor rojo y ardiente se extendía por tu estómago y por tu espalda. “¡Oh, Dios no! Bebé, aún te queda un mes. Tienes que—AAGH!”
“¿T/N?” Sam se giró hacia ti, inmediatamente alerta.
Estiraste el brazo rápidamente y te agarraste a su brazo con tanta fuerza que era un milagro que no hicieras saltar tus uñas. El dolor parecía alcanzar un pico y remitir lentamente hasta que pudiste respirar. “Creo que estoy de parto, Sam.”
“¿En serio? Oh, Dios mío. ¿Qué tengo que hacer? ¡Ni siquiera hemos elegido un nombre! No sé que—“
“Hospital,” interrumpiste su excitado/aterrorizado charloteo antes de que fuera demasiado lejos. “Ahora.”
“Eso, hospital.” Sam saltó de la cama y agarró tus maletas, corriendo a dejarlas en el coche antes de volver a por ti. Te sentaste, haciendo una mueca ante la tensión en tu estómago. Sam estuvo a tu lado inmediatamente, pasándote un brazo para darte apoyo. Prácticamente te había llevado en brazos al coche, parando sólo un segundo para aporrear el la puerta de Dean. “¡Dean, trae tu culo para acá, vamos a tener un niño!”
Podías sentir tus músculos acalambrándose y te preparaste para otra contracción justo cuando la puerta se abrió y un Dean a medio vestir apareció, poniéndose su camiseta y sacando a una desconcertada mujer de la habitación.
Sam le tiró las llaves y fue al asiento de atrás contigo justo cuando la contracción se iba poniendo exponencialmente peor y tú gritabas. Sam masajeó tus puños para abrirlos deslizando sus dedos entre los tuyos. No era momento para caricias tiernas y se agarraste tan fuerte que estabas segura de que le estabas cortando la circulación. Tus ojos empezaron a desenfocarse y Sam gruñó cuando le apretaste más fuerte.
“Dime que quieres que haga, T/N. ¿Cómo puedo ayudarte?”
“¿Estáis bien ahí detrás?” Dean preguntó.
“¡Tú conduce!” gruñiste entre dientes. “Sam, te necesito.”
“Estoy aquí, cariño. ¿Qué quieres qu—¿” Otra ola de dolor te recorrió y gritaste interrumpiéndole. “Eh, tú sólo… eh… respira. Eso, tú respira. Dentro… fuera…”
La contracción cedió y pudiste concentrarte en Sam de nuevo. Te sujetó ambas manos con una de las suyas para poder poner la otra sobre tu cara y hacerte mirarle a los ojos. “Dentro… fuera… quédate conmigo.”
Dean hizo crujir los frenos hasta detenerse en la entrada de emergencias y Sam no perdió ni un segundo en abrir la puerta y gritar pidiendo ayuda. Las enfermeras y médicos se apresuraron en haceros entrar en el hospital. En el torbellino de actividad, perdiste de vista a Sam. Agarraste con dedos firmes a una enfermera y tiraste de ella hasta ponerla a tu nivel, clavándole los ojos. “¡Sam! Necesito a mi marido. ¿Dónde está Sam?”
“Estoy aquí, cariño,” Sam se abrió paso entre la gente mientras te llevaban en silla de ruedas a través de los pasillos. “No me voy a ir a ningún sitio.”
Te pusieron agujas y la epidural, lo que te dio el suficiente alivio para poder relajarte un poco. Sam estuvo a tu lado todo el tiempo, hablándote y alentándote.
“Todo parece estar bien, Señora Winchester.” Una de tus enfermeras dijo con una sonrisa. “Ya has dilatado ocho centímetros y medio, así que solo faltan unas pocas horas hasta que tengas a tu pequeñín en tus brazos.”
Una sonrisa cruzó tu rostro al pensar en cómo iba a acabar eso, pero Sam abrió mucho los ojos. “¿Horas?”
“Sí, Sam. ¿Realmente pensabas que los niños salían así cómo así? Se llama dar a luz por alguna razón.”
“T/N probablemente ha estado de parto durante al menos seis horas. Las primerizas generalmente empiezan el proceso de seis a doce horas antes de dar a luz,” explicó la enfermera. Respondió con paciencia a todas las preguntas de Sam durante unos minutos antes de tener que marcharse para continuar con su ronda.
En las horas que siguieron, Sam no se apartó de tu lado ni una sola vez. No podías imaginarte como hubiera sido pasar por esto tú sola. Habías estado loca al pensar que podías hacer esto sin Sam.
“Me gusta Alex.”
“¿Alex o Alexander?”
Pensaste en la pregunta de Sam durante un segundo. “Depende. ¿Queremos ponerle un segundo nombre? Tienen que pegar bien. Si no se lo ponemos, entonces me gusta simplemente Alex. Suena raro tener nombres acabados en Er uno detrás del otro.”
“¿Qué segundo nombre tienes pensado?”
Fuiste bajando por la lista de nombres de bebé de la página de internet en la que lo habías estado mirando hasta encontrar uno que te parecía perfecto. “Ya sé cuál es el nombre de nuestro hijo.”
Cuando se lo dijiste a Sam podrías jurar que viste una lágrima tratando de escapar de sus ojos. No creías que Sam hubiera derramado tantas lágrimas de felicidad en su vida como lo había hecho en la semana que llevabais juntos. “Es perfecto. Desde luego es un trabalenguas, pero es perfecto.”
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“Felicidades, Señora y Señor Winchester.” Dijo el doctor alzando la voz para hacerse escuchar a través del llanto del recién nacido. “Tienen un pequeñín muy sano.”
Una enfermera te tendió el pequeño fardo, envuelto en una manta azul. Estabas sudada y mucho más exhausta de lo que creías posible, pero en cuanto tuviste a tu pequeñín entre tus brazos te sentiste con fuerzas como para correr un maratón. Era tan perfecto.
Sam se inclinó sobre ti, estirando el brazo para con mucho cuidado apartar la manta de la cara del bebé. “Es tan pequeño.”
“Y perfecto,” le sonreíste a Sam, llorando sin una pizca de vergüenza. Pasó un brazo por tus hombros mientras los dos mirabais a vuestro hijo juntos. “Lo hemos logrado, Sam.”
“Bienvenido al mundo, pequeñín.”
Mientras estabais metidos en vuestra burbuja de familia feliz, las enfermeras se afanaban a vuestro alrededor controlando el latido del corazón del bebé y su temperatura. El doctor seguía hablando sobre los efectos que el nacimiento prematuro podrían tener pero ya te informarías de ello después cuando pudieras concentrarte en algo que no fueran tus dos chicos. Las horas que siguieron al nacimiento de tu hijo pasaron como borrosas, concentradas solamente en el rostro de tu pequeño.
Cuando todo se calmó, Sam llamó a Dean para que viniera a conocer a su sobrino.
“¿Habéis decidido ya el nombre?” preguntó.
Miraste a Sam con sonrisa cansada. “Dean, te presento a tu sobrino. Alexander Laurence Winchester.”
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“Eh, hola,” dijiste con voz áspera cuando abriste los ojos y viste a Sam sentado en una silla, con vuestro hijo en brazos. Las luces de la habitación estaban apagadas y la única luz que os iluminaba era la que entraba por la ventana.
“Buenos días, preciosa. ¿Cómo te encuentras?”
“Como si acabara de dar a luz,” replicaste secamente. “¿Qué tal está él?”
Sam le sonrió a su hijo con ternura. “Lleva dormido la última hora. Es perfecto, como su madre.”
“Eres un adulador. Ven aquí.” Te hiciste a un lado y diste unas palmaditas en la cama. Sam se cambió a Alex de brazo como un profesional entrenado y se deslizó en la cama junto a ti, poniendo con mucho cuidado a vuestro hijo en tus brazos. Alex dejó escapar un diminuto suspiro y se curvó hacia tu pecho, durmiéndose. “Hemos hecho un buen trabajo.”
“Tú has hecho todo el trabajo. Eres increíble, ¿lo sabes?”
“Lo sé.” Dijiste con tono engreído, besando a tu marido. “Pero de ahora en adelante, es mitad y mitad, amigo. No voy a cambiar yo los diez pañales diarios. Y desde luego no me voy a levantar cada vez que Alex llore en mitad de la noche. Esa parte te toca a ti.”
“Por lo menos durante un mes es lo que voy a hacer. Y tú te lo vas a tomar con calma.” Ordenó Sam.
“Mmmm. Me encanta como suena eso.” Murmuraste, acurrucándote en Sam. “Han sido ocho largos meses de embarazo”
“Sólo lo has sabido durante siete.” Señaló Sam.
“Eh, tú, no me corrijas. Acabo de dar a luz. Todo lo que diga durante la próxima semana es correcto, ¿entendido?” le echaste a Sam tu mejor mirada retadora y él lo retiró dándote un suave beso.
“Lo que tú digas, cariño.”
Le sonreíste. “Gracias, querido.”
Mirasteis en silencio a vuestro dormido hijo durante unos minutos. En ese momento todo era puro y tierno. Sentías que jamás te cansarías de mirar las diminutas facciones de tu hijo.
“Vaya día, ¿eh?” susurró Sam. “Salimos del hospital, nos casamos, de vuelta al hospital, tenemos un hijo. Hablando de lo cual, ya le he enseñado a Alex a un montón de enfermeras del ala de psiquiatría. Se enteraron de que estábamos aquí y han pasado a conocerle, ya que yo las tenia aburridas de tanto hablarles de él.”
“Y han dicho que era el niño más bonito en el que jamás se habían posado sus ojos, ¿verdad?”
Sam te abrazó con más fuerza, mirando sobre tu hombro al pequeño fardo que tenías en los brazos. “Sí, eso han dicho.”
Cuando os quedasteis en silencio, tu aprovechaste para memorizar ese momento de paz. Tenías a tu marido y a tu hijo. Los tres estabais sanos y juntos. Seguramente una vez que salierais de allí y continuarais con vuestra vida, sería una locura. Sam y tú ibais a tener que encontrar un equilibrio entre ser cazadores y ser padres, pero sabrías que podrías hacerlo porque no tendrías que hacerlo sola.
“Estoy tan contenta de que estés aquí, Sam.” Le susurraste, tragándote el repentino nudo que había en tu garganta. “No sé cómo pude pensar que podría criar un hijo por mi cuenta, o incluso dar a luz yo sola. No sabía lo mucho que te necesitaba, pero te necesito. Te necesito Sam. Alex te necesita. Y tú nos necesitas a nosotros.”
Sam te besó en la sien. “Bueno, ahora ya lo sabemos. Y vamos a estar juntos. Lo prometo.”
“Ya venga el Cielo o el Infierno.”
Alex se revolvió y arrugó la cara un momento antes que de un leve llanto escapara de sus perfectos y diminutos labios. Le acunaste un poco y abrió los ojitos clavándolos en los tuyos. Ya venga el Cielo o el Infierno tú protegerías a tu hijo y no tendrías que hacerlo sola.
Pedido por caitsymichelle13: ¿Podrías hacer una segunda parte de “Sam te necesita” en la que se casen y tengan al bebé?
Recuento de palabras: 2.356
Advertencias: Ninguna
Part 1: Sam Te Necesita -- English Version
“Y una firma más aquí,”l la enfermera señaló a la última línea y Sam firmó con una floritura. ”¡Y hemos acabado! Ya eres libre, Sam.”
“Gracias a Dios.” Sam respiró a tu lado. Había pasado una semana desde que llegaste, y qué semana más larga había sido. Lo único que tú habías querido hacer era pasar esa semana con Sam hasta que le dieran el alta, pero los Winchester y tú habíais decidido que sería mejor si pasabas unos días alejada de Sam sólo para estar seguros de que la desaparición de Lucifer no era una vana ilusión de felicidad. Sin embargo, en los siete días que habíais estados separados, Sam no había tenido el demonio a sus espaldas en ningún momento. Había sido sumamente aburrido, de hecho.
El único momento en el que no se había aburrido fue cuando descubrió que otra paciente estaba siendo perseguida por el fantasma de su hermano. Esa mini caza le había librado del aburrimiento pero nada hubiera podido quitarle de la cabeza a ti y a tu hijo.
En cuanto llegaste para recogerle él voló prácticamente hacia a tu lado y te atrapó entre sus brazos. Tenía una lista de nombre para el niño e ideas sobre cuándo y dónde podíais casaros. Se había estado preguntando cómo demonios ibais a ser capaces vosotros dos de criar un niño con esa vida que llevabais y tenía una lista de pros y contras sobre abandonarlo todo y criarlo en las afueras. Sam había usado todas sus dotes interrogando a las enfermeras hasta exprimir cada detalle sobre cómo cuidar a un niño.
Lo único que podías hacer según iba soltando palabras era reírte. Cada problema en el que había estado pensado ya había cruzado tu mente en los últimos siete meses, pero él se las había apañado para pensarlo todo en los últimos siete días. Tener a Lucifer como compañía no había dañado la mente de Sam en absoluto.
“—si no dejamos esta vida, uno de nosotros tendrá que quedarse con él cada vez que vayamos de caza. E incluso si no dejamos la caza, sigo pensando que deberíamos buscar un apartamento en algún sitio para que Junior tenga un hogar, o al menos algo parecido a un hogar. Pero eso nos haría más vulnerables a todo lo que hay por ahí fuera, así que no estoy convencido. Por otra parte—“
Le diste un beso sólo para que se callara y funciono de maravilla. Pasó de padre preocupado a novio excitado en tiempo record. Te besó con más fuerza, pasando la mano por tu estómago. Cuando el bebé dio una patada, Sam se rió contra tu boca. “Hemos creado un ser humano”
“Un pequeño ser humano,” le corregiste.
“Aún así es un humano.”
Se lo concediste y le agarraste la mano. “Vámonos de aquí.”
Según salíais del hospital, prácticamente todas las enfermeras os iban parando para daros la enhorabuena. Todas le aseguraban a Sam lo buen padre que iba a ser, y tú solo podías mirarlas con gesto divertido. Una vez fuera le sonreíste. “¿Así que puedo dar por supuesto que lo único que has hecho esta semana ha sido hablar de nuestro hijo?”
“Sólo quiero saber que hacer,” dijo Sam a la defensiva. “Intenté no darle vueltas a cómo iba a poder ser padre cuando pensaba que ni siquiera iba a poder conocer al niño. Pero ahora…”
“Ahora.” Asentiste feliz.
Sam se detuvo, como si acabara de tener una idea. “¡Ahora!”
“Ahora. Sí. Lo he entendido.” Le hiciste un gesto con la mano para que continuara.
“Casémonos ahora. Vamos a Ayuntamiento o a dónde sea que tengamos que ir para casarlos. Podemos llamar a Dean y decirle que se reúna con nosotros allí. Es todo lo que necesitamos, ¿no? ¿Por qué esperar?”
En el momento en que se lo escuchaste decir, te diste cuenta que era verdad. ¿Por qué esperar? El niño ya estaba en camino y Dean era la única persona viva que ambos querías en vuestra boda, ya que Cas había muerto. Sonreíste, mirando como la sonrisa de Sam se hacía mas grande. Asintiendo le agarraste de la mano y apretaste. “Ahora.”
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Sorprendentemente, fue Dean el que insistió en que los dos, Sam y tú, comprarais ropa nueva para la boda.
“Venga, Dean.” Dijiste haciendo rodar los ojos. “Los dos tenemos ropa en perfecto estado. Y no es como si estuviéramos tratando de impresionar a nadie.”
“Voy a sacar fotos para que se las podamos enseñar a Dean Jr. cuando nazca. Asi que más vale que vosotros dos estéis guapos y demás para que mi sobrino no piense que sus padres son unos lerdos.”
“¿De verdad? ¿Vas a hacer fotos?” preguntó Sam, con la mano aún rodeándote la cintura. No había dejado de tocarte desde que salisteis del hospital. En los siete meses que llevabas embarazada no habías soportado que la gente te tocara, pero con Sam era diferente.
Dean levantó la cejas. “Bueno, no es una boda en las vegas, pero es tu primera boda sin ninguna poción amorosa, así que…”
“¿Qué?” Te giraste hacia Sam expectante, esperando a que te lo contara. “Estoy casándome con un hombre ya casado?”
“¡No! Definitivamente no. Eso fue…eh. ¡Becky me hizo tomar una poción de amor cuando Dean y yo fuimos a las Vegas hace unos meses y nos casamos, pero conseguí la anulación! No significó nada, ¡lo juro!” Asombroso como había conseguido decir todo eso sin respirar.
Habías oído hablar de Becky y sus disparatadas ocurrencias, pero no la habías conocido aún. La imagen de Sam locamente enamorada de ella te pareció hilarante y no pudiste evitar una carcajada. “Cómo demonios no me has contado esto en la charla de qué has hecho estos últimos siete meses que tuvimos la semana pasada?”
Sam se aclaró la garganta. “Yo, eh. Lo he estado intentando olvidar.”
“Dean, necesito todos los detalles que Sam no me está contando. Es divertidísimo.”
“No lo era mientras estaba pasando,” gruñó Sam.
Aparentemente Dean se había cansado ya y te agarró del brazo. “Sammy, di adiós a Dean Jr. Me llevo a tu prometida de compras. Nos vemos en el juzgado. Asegúrate de comprarte ropa nueva para ti también.”
“¿Cuándo te has convertido el un organizador de bodas, Dean?” le preguntaste mirando de reojo. Estaba dándole más vueltas a todo y esforzándose más en esta boda de lo que lo estabais haciendo Sam y tú. “¿Y desde cuando vas de compras? ¿Especialmente con una mujer hormonal y embarazada?”
Dean levantó las manos, preparándose para soltar un discurso. “Como tu futuro cuñado, es mi deber asegurarme de que ninguno de los dos os arrepintáis de nada de lo que pase en esta boda. Y, ya que de hecho esta vez apruebo a la novia de mi hermano, quiero hacerlo bien.”
Miraste a Sam que se encogió de hombros como diciendo, lo que sea, vamos a darle ese capricho.
“Venga, vale.” Cediste. “Supongo que me voy de compras con Dean. Y si yo tengo que ir de compras, tú también. Pero intenta no eclipsarme demasiado, cariño.”
“No creo que eso sea posible,” Sam tiró de ti para darte un beso.
“Vale, vale,” os cortó Dean fingiendo estar exasperado, pero ni siquiera podía ocultar la sonrisa de su rostro. “Dejarlo ya los dos y pongamos esto en marcha a ver si os tenemos a los dos arreglados antes de la puesta de sol.”
Besaste a Sam te besó de nuevo. “Adiós, nos vemos luego.”
“No puedo esperar.” Si no hubieras estado en tu burbuja, locamente enamorada, habrías vomitado con la mirada tontona de Sam. Pero, ya que estabas convencida de que tu cara era igual a la suya, te parecía perfecto. Sam se agachó hasta estar a nivel con tu estómago. “Junior, mantén a tu tío a raya, ¿ok?”
De alguna forma, Dean se las apañó para sacarte de la habitación del hotel y alejarte de Sam. Te miró a los ojos mientras te ayudaba a subir al Impala. “Desde luego, os voy a enviar a ti y a Sam lejos al menos una semana. Lo que sea que tardéis en pasar esta etapa de recién casados.”
Con las manos en el estómago sonreíste. “¿Te hacemos sentir incómodo?”
El se rió y cerró la puerta, caminando hacia el asiento del conductor. “Entonces, ¿a dónde vamos? La verdad es que no sé donde ir de compras.”
“Asombroso. Ve hacia el centro comercial por el que hemos pasado al venir. Debería haber alguna tienda para embarazadas allí.”
Dean miró a tu estómago y una sonrisa cruzó su rostro automáticamente. “Esto es tan raro. Nunca pensé que Sam o yo tendríamos niños, mucho menos aún criarlos en esta vida y sin estar flipando con todo esto.”
“Oh, Sam está flipando con todo esto. Créeme. Es lo único que ha hecho esta semana. Estoy segura de que si vuelves con él a ese hospital y te encuentras a alguna enfermera, le lanzarían un panfleto de Que Esperar Cuando Estás Esperando y se alejarían corriendo. Apuesto a que va a comprarse la ropa nueva super rápido y va a volver a toda prisa al hotel para poder buscar más información.”
Mantuviste una conversación informal durante todo el tiempo que estuvisteis en el centro comercial. Seguías esperando que se aburriera, pero cada vez que te probabas algo nuevo le brillaban los ojos de la misma forma que lo habían hecho cuando te probaste la primera prenda. Media hora después, te decidiste finalmente por una prenda que no fuera ajustada, un vestido en color verde mar.
Dean se lo llevó al mostrador para pagarlo en lo que tú acababas de ponerte la ropa. Nada más ponerte frente a él, sentiste un dolor agudo en el abdomen que te hizo gruñir y doblarte ligeramente, posando la mano sobre la barriga en un intento por atenuarlo.
“Epa, Y/N” Dean se apresuró a tu lado y te tendió las manos incomodo, sin saber muy bien que hacer. “¿Te estas poniendo de parto? ¿Ahora? ¿Aquí?”
“No,” gruñiste cuando finalmente el dolor decayó un poco. “No salgo de cuentas hasta dentro de un mes. Supongo que el bebé ha decidido hacer yoga o algo.”
“¿Seguro? Porque si te vas a poner de parto nos vamos a un hospital. De ninguna manera vas a tener a tu bebé en el asiento de atrás de mi Bebé.”
Te reíste. “Qué imagen tan agradable. Estoy bien. Probablemente sólo necesite sentarme un minuto.”
Dean te sujetó por los hombros y te ayudó a sentarte en una silla, prácticamente empujándote. Se tambaleaba en el sitio, inseguro. “¿Hay algo… puedo hacer algo? Lo siento, no sé que hacer en esta situación.”
Hizo un gesto que os envolvía a ti al bebé y al centro comercial, haciéndote reír. Algún día, si se asentaba durante el tiempo suficiente y superara el aspecto peligroso de su vida, sería capaz de hacer a alguien muy feliz. Quizás verte con Sam y vuestro hijo ayudara a calmar un poco sus miedos. “Estoy bien, de verdad. Pero si quieres hacer algo por mi, hay un sitio donde venden limonada en frente del sitio de comi—“
“Voy a ello,” Antes de que terminaras de hablar Dean estaba fuera de la tienda. Le miraste irse con una sonrisa tierna en el rostro antes de rebuscar el teléfono por tu bolso y llamar a Sam.
“¿Sabías que tendremos que cambiar como diez pañales al día.” Dijo a modo de saludo.
“Me encanta que digas tendremos. ¿Entiendo que has cogido la primera camisa que has visto has vuelto de nuevo al hotel para seguir atacando los libros?”
“Son como, tres o cuatro mil pañales al año.” Dejó escapar un jadeo y prácticamente podías verle echándose hacia atrás en la silla, pasándose las manos por el pelo con frustración, y mirando la pantalla del ordenador con gesto de no poder creérselo. “Eso es un montón de caca. ¿Por qué me llamas? Pensé que Dean nos había cortado toda la comunicación hasta que estuviéramos en el juzgado.”
“Le he mandado a comprar limonada. Pensó que estaba empezando a dar a luz y ha flipado así que le estoy dejando sentirse útil.” Una empleada te miró como si estuviera preguntándote y tú hiciste un gesto con la mano para hacerle ver que te encontrabas bien.
“¿Y lo estás? ¿A punto de dar a luz? “podemos dejar lo de la boda si estás a punto de dar a luz.”
Te reíste. “Desde luego, si estuviera a punto de dar a luz, tendríamos que dejar lo de la boda. Tengo la sensación de que esto no es algo que pueda retener. Pero estoy bien. De verdad. Ya basta de hablar de mi. ¿Qué has comprado?”
“¿Con quién estás hablando?” Dean ordenó, acercándose con sigilo. Te quitó el teléfono de las manos y se lo puso en el oído. “En el juzgado en media hora. Da mala suerte hablar con la novia el día de tu boda.”
“Eh, ¿Dean? Estoy bastante segura de que lo que da mala suerte es ver a la novia con su vestido de boda antes de la ceremonia.” Le corregiste. Te ignoró por completo y colgó. Después de ponerte el vestido y beberte la limonada a petición de Dean para que no te desmayaras de un bajón de azúcar o algo, salisteis de centro comercial para dirigiros al juzgado.
Con cada minuto que pasaba te ponías más y más nerviosa. Pero, a la vez, no estabas nerviosa en absoluto. Amabas a Sam y Sam te ababa a ti. Claro que había monstruos ahí fuera que tenían los ojos puestos en vosotros, pero podías superarlo. Y con padres que se querían entre ellos y tenían tanto cariño por la gente que les rodeaba, tu hijo iba a estar muy bien.
Dean aparcó el Impala y caminó contigo hacia el impresionante edificio frente al cual Sam os estaba esperando con las manos en los bolsillos. Tan pronto como miró hacia delante y te sonrió, cualquier reserva que pudieras haber tenido se evaporó con el viento.
Ese era el momento. Ese era el día en el que te ibas a casar con Sam Winchester.