Dame el Gusto
Inglés autor: @imagining-supernatural Traducido por: @kclaire1
Petición anónima: ¡Hola! ¿Podrías escribirme un DeanxReader en el que ellos ya son pareja, pero la lectora casi muere cuando la secuestran unos demonios? Sobrevive, pero Dean comienza a mostrarse sobreprotector con ella porque está asustado. ¿Con Angst y Fluff?
Recuento de palabras: 1.616
Advertencias: Ninguna.
English Version: Humor Me
Habías sobrepasado ya el dolor. Era como si cada célula de tu cuerpo supiera que esto iba a ser el final de una forma o de otra, y que no tenía sentido enviar punzadas de agonía por tus nervios ya.
No, el tiempo para el dolor había pasado hacía rato.
“¿Qué crees que hará el molesto de tu novio cuando corra para salvarte sólo para ver cómo te atravieso con esto?” gruñó el demonio, blandiendo una tubería de metal.
Dejaste caer la cabeza hacia adelante, reposando sobre tu pecho. “Estás muerto.”
Riéndose, el demonio hizo girar la tubería en sus manos. “Nop. Pero tú lo vas a estar en unos minutos.”
“¿Crees de verdad que vas a ser capaz de engañar a Dean Winchester? ¿qué usarme para atraerle hasta aquí es buena idea?” Era tu ocasión para reírte. “¿Y matar a la mujer que ama en frente de sus ojos? No vas a durar ni cinco minutos cuando llegue.”
“Ya lo veremos.”
“¿T/N?” la voz de Sam hizo eco en el vacío almacén.
“A divertirse,” susurró el demonio.
Los dos Winchester aparecieron por la esquina a toda velocidad y a penas tuviste tiempo de coger aire para avisarles antes de que el frío metal de la tubería te atravesara el abdomen.
Dean soltó un aullido que hizo temblar la tierra, pero tú no podías concentrarte en nada que no fuera el agujero que te atravesaba.
Estaba caliente. Como el chocolate en un día de invierno. La calidez se extendía por tus huesos, bailando en tus venas.
Dean estaba a tu lado, moviendo las manos frenéticamente sobre la herida. “Cielo, te vamos a sacar de aquí. Quédate conmigo, ¿de acuerdo?”
Calidez como sorber un Martini en la playa a mitad del verano.
“Te quiero, Dean,” dijiste arrastrando las palabras. Eran las palabras más importantes que conocías. Esas palabras eran como colarse bajo las mantas cuando estabas con Dean viendo Netflix en una perezosa tarde de sábado.
“No, no, no. No te vas a morir, T/N. No así.”
Calidez como la de tu cama cuando se suponías que te tenías que estar levantando ya por la mañana.
Estabas tan cálida.
“Hala, eh, eh. ¿Qué estás haciendo fuera de la cama?” Dean casi tiró la silla en su prisa por llegar hacia ti.
“¿Tengo hambre?”
Con las manos en los hombros intentó girarte y empujarte de vuelta a tu habitación. “Entonces me llamas a mi o a Sammy y te traeremos algo de comer.”
“O…” hábilmente te giraste soltándote de donde te tenía sujeta y caminaste hacia la cocina, “podría ir a por algo ahora mismo.”
“Deberías estar en la cama.”
“¿Por qué? Estoy bien.”
Hizo un gesto de incredulidad, pero tu seguiste caminado hacia la cocina. “Casi te mueres hace dos días.”
“Sí. Casi. Además, Cas me arregló. Como nueva.” Finalmente llegase al frigorífico. “Bueno, no del todo como nueva aún. Sigo muerta de hambre.”
Dean se colocó detrás de ti y te agarró de los hombros de nuevo, alejándote de la nevera. “Siéntate. Te prepararé algo.”
“No soy una invalida, ya lo sabes.” Dijiste poniendo los ojos en blanco. A pesar de todo te sentaste al lado de Sam en la mesa de la cocina y miraste mientras tu novio deambulaba por la cocina para prepararte algo de comer.
“Déjale que lo haga, T/N,” dijo Sam, levantando la vista del portátil. “Necesita sentirse útil.”
“Cierra el pico, Sammy.” Murmuró Dean mientras sacaba los ingredientes.
Te reíste y te volviste para mirar al hermano pequeño. “¿Fanficion de Juego de Tronos o un caso nuevo?”
“Tengo que limpiar el historial,” murmuró Sam. “Es un caso nuevo. Tres cuerpos. Tres más desaparecidos. Tres rituales de vandalismo.”
“Suena intressante.” Giñaste el ojo, esperando el gruñido ante la malísima broma. No te decepcionó. “¿A dónde vamos esta vez?”
“Tú no vienes,” insistió Dean señalándote con la cuchara.
Te sentaste hacia atrás en la silla y giraste la cabeza en ese ángulo que siempre hacía que Dean se replanteara las cosas. “¿Cómo dices?”
En lugar de repensarse sus palabras como solía hacer, se enderezó. “Tú te quedas aquí. Casi mueres hace un par de días.”
“¿Puedes dejarlo ya? Eso fue hace un par de días. He cambiado. Soy una persona totalmente distinta ahora. He desarrollado mi personalidad y eso. Voy a ir y es definitivo.” Abrió la boca para discutir, pero tú golpeaste primero. “Me quedaré en la habitación del hotel, y me ocuparé de la investigación, ¿vale? ¿Buen compromiso? Bien. Ahora acaba de hacerme la cena, moza.”
“¿Una habitación?”
Dean asintió. Generalmente cogíais dos habitaciones cuando ibais de caza: una para Sam y otra para ti y para Dean. “Habrá más ojos puestos en ti de esta forma.”
“Dios mío, Dean.” Suspiraste poniendo de nuevo los ojos en blanco. “Estaré bien.”
“No lo dudo que lo vayas a estar.” Se colocó enfrente de ti y te pasó la mano por la espalda, tirando de tu cuerpo hacia el suyo. Cruzaste los brazos a pesar de que él te abrazaba y mantuviste el gesto de falso enfado. “Dame el gusto, ¿vale?”
“Ya que te quiero, te daré el gusto.”
Sonrió y te dio un rápido beso. “Bien. Ya que es porque te quiero, que me preocupo tanto.”
“Lo sé. Es la única razón por la que esto es tolerable. De otra forma sería angustioso.” Descruzaste los brazos y le agarraste la camisa para ponerte de puntillas y darle otro rápido beso. “Pero no te extralimites.”
Con gesto de burla, Dean te dirigió hacia la habitación. “¿Cuándo me he extralimitado en algo?”
“Cierto,” dijiste con cariño y sarcasmo. “¿Dean Winchester siendo demasiado protector? ¿En qué estaba yo pensando?”
“No seas dura contigo misma, cariño.” Dean se detuvo en la puerta y te sonrió. “Yo te distraigo. Debe ser duro pensar cuando estoy cerca.”
“Abre la puerta, Winchester,” te reíste, empujándole hacia la puerta.
La puerta del hotel se abrió y esperaste a que la escena que estabas viendo acabara antes de dirigirle una mirada. Ambos hombres estaban cubiertos de sangre, pero no parecía que les doliera nada.
“¿La sangre es vuestra?” preguntaste de forma casual.
“Suya,” contestó Dean quitándose capas de ropa.
“Mnn,” murmuraste, volviendo a mirar la tele. Si alguien te hubiera dicho que tu corazón ni siquiera temblaría cuando las dos personas de las que más cerca te sentías en el mundo, aparecieran en la puerta de tu habitación cubiertos de sangre, les hubieras dicho que estaban locos. Y sin embargo ahí estabas. Dean y Sam parecían un par de tampones usados y malhumorados y tú estabas más preocupada por el desarrollo de un drama de Netlix.
Sam y Dean corrieron hacia el baño, luchando hasta que finalmente Sam ganó y cerró la puerta en la cara de tu novio.
Dean le dio un puñetazo a la puerta. “¡Puta!”
“¡Gilipollas!” fue la respuesta que llegó del otro lado de la puerta. Curvaste los labios en una sonrisa durante un segundo y después cerraste el portátil y te bajaste de la cama.
“Venga, vamos a limpiarte un poco.” Agarraste a Dean del brazo y le llevaste hacia la cocina. Dejaste que cayera el agua del fregadero sobre una toalla y comenzaste a limpiar la sangre seca de la cara de Dean. “¿Tenía yo razón?”
“Por supuesto que la tenías. Un culto. Justo como pensabas.” Dean agarró otra toalla y comenzó a limpiarse los brazos. “Sacrificios extravagantes, disfraces raros, el paquete completo.”
Moviste la toalla desde la frente y la línea del nacimiento del pelo hacia sus mejillas y sus labios. Esa debía haber sido la primera parte que limpiaras, ya que en cuanto lo hiciste le pasaste la toalla por el cuello y tirarse de él para besarle. Se derritió en ese beso, todas sus aristas se suavizaron como siempre hacía cuando le tocabas. El poder que tenías sobre Dean era intoxicante, como el que él tenía sobre ti.
Te separaste y le sonreíste. “Voy a ir a la siguiente caza.”
“No, no vienes.” Discutió de inmediato.
“Te he concedido esta, Dean. No puedes detenerme.”
“Pero casi mu—“
“Casi muero hace una semana. Lo sé. Eres como un disco rayado. Además, ¿no te parece que la mejor forma de mantenerme a salvo es volver a ello? Después de todo, si me quedo demasiado tiempo parada acabaré oxidada, lo que también es peligroso. Y además, así podrás vigilarme de cerca cuando estemos en el campo de batalla si estoy a tu lado.”
Estrechó los ojos mientras te miraba. Consideraba tu lógica sin falta y tú comenzaste a desabrocharle la camisa para libarte de la sangre que había comenzado a empapar las capas de ropa que parecían ser el Uniforme de los Winchesters.
“Le has estado dando vueltas a esto, ¿verdad?”
“Durante toda la semana,” murmuraste, rascando en una zona de sangre particularmente seca en el costado de Dean. “Me estoy empezando a aburrir, y ya sabes que cuando me aburro, me vuelvo impulsiva. Puedes o bien estar a mi lado cuando hago algo estúpido o impulsivo, o puedes preocuparte por mi desde la distancia. Tu elijes, Winchester.”
Sam salió del baño justo entonces, pasándose una toalla por el pelo mojado. “Todo tuyo, Dean.”
Empujaste a Dean en dirección al baño. “Piensa cuidadosamente tu respuesta. Y piensa rápido. Puede que para cuando salgas del baño esté ya a medio camino de encontrar mi propio culto al que hacer desaparecer.”
Guiñándole un ojo para hacerle saber que estabas mayormente bromeando, lograste empujar a Dean dentro del baño. Sam ya estaba tumbado en la cama con la pantalla del portátil iluminando su rostro recién lavado. Te dejaste caer a su lado y miraste la pantalla. “¿Qué fanfic estamos leyendo esta noche?”
“Tenía que haber limpiado mi historial.”
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