Roky
Es un rufián de primera, un bandido que me salva sin saberlo, mi abrigo en las noches más frÃas y la peor de las compañÃas en mis bailes casuales de soledad.
Su ronroneo es fuerte, parece un marrano cuando le grito mis verdades. Se descontrola en mi llegada y se desborda de tristeza en mi partida. Él está, él sabe, él ve y él escucha mi soledad.
A veces parece que me compadece; soy una vergüenza hecha huesos para él.
Duerme, siempre duerme. A veces sobre mis pies, a veces sobre mi rostro, a veces sobre el umbral de mi ventana, a veces sobre mi alma. Me muerde de vez en cuando, se retuerce y se estira sobre mis piernas.
Sus ojos son indescriptibles, a veces llenos de odio, de arrogancia, de amor, de sueño. Anda en cuatro patas y, con su cola ondeante de elegancia, cuida a su hermano marino, aunque a veces creo que lo envidia por no ser el único dueño de mi vida.
Sus bigotes parecen de mentira, algunos achicharrados por su curiosidad imprudente hacia los tradicionales canguros de energÃa de mi padre.
Me besa, me cura y me ataja.
Mi rufián peludo de cuatro almas, ese es Roky.
(17/08/2024)















