Fuiste noches enteras aquel que provocó mis insomnios, por mucho tiempo mis ojeras fueron maquillaje permanente de mi rostro y en ellas estabas clavado como hierro ardiente.
Mis desvelos los definías tu, la madrugada se hacía larga por que tú fantasma se acostaba a mi lado y no podía conciliar el sueño de tanto añorarte y llorar.
Siempre me atrapaba el alba recordándote y empezaba mi día con la tristeza muy dentro de mi.
No hay mal que dure cien años, hoy solo soy la que sueña y escribe de lo que fue nuestra historia y aquellas, mis noches de insomnio quedaron atrás.
Leregi Renga















