En la membrana ocular, un fuego ardiente,
la quemosis se despliega, lóbrega y doliente,
la conjuntiva, en su desvelo,
llora lágrimas de un sufrir eterno.
Expuestos están los ojos al polvo y al rocío,
que atraviesan la cornea, en un sombrío desvarío,
y la córnea, en su fragilidad, queda herida.
Reacciones alérgicas, lesiones y desequilibrios,
son los causantes de estos crueles martirios,
que en el teatro ocular, representan su tragedia,
donde la quemosis reina, sin tregua ni sosiego.
Acude al médico sabio, en su bata de linaje,
que en sus manos, hallarás el alivio, el mensaje.
Los bifosfonatos, con su influjo sombrío,
desatan la uveítis, en un acto impío.
Interleuquina-6 y TNF-α,
componen notas de dolor en las partituras.
Uveítis anterior, espejismo de la vista,
tras el velo de los bifosfonatos, la agonía camina.
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