¿Quién dice Google que soy yo?
Como seres humanos es muy probable que siempre hayamos caído en ese juego de tensión entre las apariencias y la identidad: lo que somos y lo que proyectamos (o nos gustaría proyectar). Está en nuestro ADN.
Ya desde una perspectiva filosófica el ser “personas” nos define como seres en relación con otros; desde la psicología hemos descubierto la importancia de la alimentación afectiva en el desarrollo humano -especialmente en los primeros años de vida-; o podríamos considerar el simple hecho que desde que somos en esta tierra, vivimos en comunidad.
Por eso, es muy difícil que escapemos de preguntarnos quiénes somos y cómo nos ven los demás. Quizá nunca la formulamos en palabras, pero ahí está, pronta para salir en los momentos en que no podemos dormir, en los que entramos en crisis por algo, o estamos ante nuevos cambios en la vida.
Como humanidad tenemos relatos heroicos de personajes que realizan el conocido “viaje” para descubrirse: mitos, historias, fábulas, consultas a los oráculos y un gran etcétera en las que como humanidad buscamos respuesta a una de las preguntas esenciales: ¿Quién soy?
El antiguo oráculo de Delfos nos anunciaba: “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los dioses”. Pero, ¿qué nos dice el “nuevo” oráculo de Delfos: Google? ¿Qué dice el buscador universal de respuestas sobre mí?
En una búsqueda rápida, más o menos, podría identificar aquellos resultados que hablan de “este” Matías que soy yo, pero, ¿qué pasa cuando el que busca no lo sabe? Por eso, me propuse buscar como si no supiera y tratar de armar unas pinceladas sobre quién dice Google que soy yo.
Lo primero es que no soy el único: al parecer hay 17 personas más con mi mismo nombre y apellido en Facebook. Eso sí, parece que estamos todos concentrados en Latinoamérica -o eso nos quieren hacer creer los filtros de Facebook y Google-. Somos de Chacabuco, Buenos Aires, Saavedra, Córdoba, Punta del Este y Montevideo. Por las fotos, estimo que tengo entre 15 y 35 años; podríamos decir que los Cerviño dispersos por la cuenca de Río de la Plata tuvieron 20 años de estancamiento creativo compartido para elegir nombres.
Después Google nos presenta un Matías bastante activo en Twitter, aunque con altibajos, que lo último que tiene posteado es un reclamo al vicepresidente de Uruguay que lo tiene bloqueado. Seguido de un resultado de LinkedIn, que por la foto parece ser el mismo Matías que el de Twitter, y dice trabajar en tres lugares (seguramente sea humo, como todo lo que la gente pone en LinkedIn).
Pienso seguir abriendo pestañas y entender a los distintos Matías que voy encontrando, pero a medida que las voy abriendo links, descubro que, al parecer, compartimos algo más que nombre y apellido entre los Matías. Entonces, la pregunta se vuelve cada vez más existencial y la sensación es cada vez más parecida a la de estar metida en un sistema parecido a “la Matrix”.
Primera “coincidencia”: Uno de los Matías, de Uruguay, está registrado como dueño de un Fiat 600 en la página www.fitito.com.uy, y otro Matías corre en el mismo tipo de auto en el circuito de Categorías Asociadas de Pistas Cordobesas. ¿Es joda?
El auto no es la única pasión en común que encuentro entre los homónimos. Hay un Matías dedicado a la producción audiovisual, con alguno que otro video en Youtube, con un perfil de LinkedIn en el que dice trabajar en un par de productoras audiovisuales y aparece inscrito como participante en DocMontevideo 2017. Y además, hay un Matías es compositor y diseñador de sonidos. Segunda “coincidencia”: dos Matías Cerviño metidos en el sistema de producción audiovisual.
Pero como suele decirse en la creación de historias, dos pueden ser coincidencia y tres significa repetición hasta el infinito, tenemos otros dos Matías dedicados al desarrollo social. Uno en Córdoba, dedicado a la “economía de comunión” y otro en Montevideo, que trabaja en un centro educativo como responsable de comunicación. Tercera “coincidencia”: el interés y compromiso por el desarrollo social.
Reconozco que me asustan un poco las coincidencias, ¿hay alguien repitiéndonos con ciertas variaciones?, ¿cómo pasó esto?, ¿somos diferentes versiones de un mismo “original”? Más allá de la exageración, no deja de sorprenderme el hecho de encontrarme a mí mismo en otros yo, como si existiera un “determinismo nomenclator”, o por lo menos ciertas tendencias o intereses entre quienes llevamos el mismo nombre.
Por esto, vuelvo al pensamiento inicial: ser persona es ser en relación con otros y en esa interacción descubrir quién soy, diferente a otros. También recuerdo que en realidad, en esas historias míticas de héroes que superaban miles de obstáculos para poder hacerle una pregunta al oráculo, todos terminaban con más preguntas, acertijos e incógnitas que respuestas.
Quizá es lo mismo que nuestro moderno oráculo de Google quiso enseñarme: no hay respuestas definitivas, sino preguntas y decisiones ante las que voy definiendo quien soy.