Noches de verano.
Noches de verano.
Calor que no se va. Insomnio lento que se instala en la piel como un castigo de verdad…
Treinta grados no son un número, son condena, suplicio que se pega al cuerpo y se niega a soltar.
Noche tropical. Sin trópico. Sin playa. Sin mar.
Sin el consuelo de un mojito. Sin brisa. Sin viento. Sin más Sólo calor, calor, calor…
Abro la ventana. entra más calor. Exterior e interior confabulados. Misma temperatura. Misma asfixia, ¡no hay compasión!
Enciendo el ventilador. Empuja el aire. Lo remueve. Lo pasea. Pero sigue siendo aire caliente. ¡Trasto inútil!
Me levanto. Sudo. Me acuesto. Sudo. Cambio de postura. Sudo.
La almohada quema. Las sábanas atrapan. El colchón devuelve cada grado que mi cuerpo intenta perder.
Miro el reloj. Han pasado cinco minutos. No puede ser. Vuelvo a mirar. ¡Sólo han pasado tres más!
La noche más corta, dicen. Ja. ¡Mentira!
Esta noche no avanza. Se estira. Se burla. Se arrastra. El aire pesa. La habitación pesa. Los párpados pesan. Todo pesa. Noches de verano… Las odio. Sí. Como se odia aquello de lo que no se puede huir. Aquello que entra por la ventana, se tumba a tu lado y no te deja dormir….
Poema de @ladecisiondeeva Adaptación de texto de @aureliobt
📷 Fuego en el cuerpo. 1981 Warner Bros



















